Evolución de la narrativa y el teatro españoles (1950–1975): realismo, renovación y tendencias

La década de los cincuenta: el realismo social

Aparece una nueva generación de narradores jóvenes (la llamada Generación del medio siglo). El primer impulso lo proporciona Camilo José Cela con La colmena (1951), su obra más sobresaliente. Situada en el Madrid de la posguerra y con escaso argumento, la intención de esta novela es presentar la degradación de la España de esos años a través de fragmentos —presentados sin respetar el orden cronológico— de la vida cotidiana (unos trescientos), cuyas existencias tienen en común la miseria y la penuria.

También influye Miguel Delibes, quien publica en 1950 El camino, novela en la que retrata el mundo rural castellano. Delibes parte de la realidad, tanto de los personajes del campo castellano (Las ratas) como de las clases medias urbanas (El príncipe destronado), utilizando un estilo sencillo.

Los narradores parten de la idea de que la literatura debe reflejar la realidad española y servir como instrumento de denuncia de la situación social. El objetivo es conseguir que la gente tome conciencia de las injusticias y de las desigualdades y contribuya a ponerles fin. El escritor es una persona comprometida con su sociedad: debe ser solidario con el sufrimiento humano y luchar por la transformación del mundo. Como consecuencia, la estética dominante es la del realismo.

Temas predominantes: problemas sociales, el vacío y el egoísmo de la burguesía, la pobreza que obliga a emigrar del campo a la ciudad, el hambre o la explotación del proletariado urbano.

Técnica narrativa

  • Predomina el objetivismo: pretende la desaparición del narrador, intentando registrar el comportamiento de los personajes y reproducir sus conversaciones como lo haría una cámara cinematográfica.
  • Abundancia del diálogo: recoge las características del habla coloquial.
  • El protagonista es colectivo: generalmente un grupo social.
  • Gran concentración del tiempo y del espacio.
  • Linealidad narrativa.

Narradores sobresalientes

Entre los narradores más destacados de esta época se encuentran:

  • Luis Romero (La noria).
  • Rafael Sánchez Ferlosio (El jarama).
  • Juan García Hortelano (Tormenta de verano).
  • Ignacio Aldecoa, considerado uno de los mejores narradores de cuentos de habla hispana.
  • Jesús Fernández Santos (Los bravos, Extramuros).
  • Carmen Martín Gaite (Premio Nadal con Entre visillos).
  • López Salinas (La mina).
  • López Pacheco (Central eléctrica).
  • José Manuel Caballero Bonald (Dos días de septiembre).
  • Alfonso Grosso (La zanja).
  • Daniel Sueiro (La criba).

La década de los sesenta: experimentación y renovación

En la década de los sesenta, Tiempo de silencio de Luis Martín-Santos marca un considerable avance en la evolución de la narrativa de la posguerra. Su mérito radica en el tratamiento distanciado de la crítica social mediante un alarde lingüístico y técnico que orienta la creación novelesca hacia un horizonte formal más rico y novedoso.

Las nuevas circunstancias económicas, sociológicas y culturales —mínima relajación de la censura, el llamado boom de la novela hispanoamericana, el reencuentro con algunos novelistas del exilio— propician una mayor libertad de ejecución entre los cultivadores del género. Esta mayor libertad da pie a una experimentación narrativa que no abandona la crítica sobre la sociedad española, pero que otorga ahora mayor importancia a los aspectos formales e incluye novedades como:

  • Cambio de perspectivas narrativas: en una misma novela puede pasarse de la narración en tercera persona a la narración en primera.
  • Utilización del monólogo interior: técnica mediante la cual se accede al subconsciente del personaje.
  • Ruptura del orden cronológico: con frecuentes saltos en el tiempo.

El argumento deja de tener la importancia central y se atiende especialmente a la forma de contar. En este sentido, se recurre a la imitación de géneros considerados menores, como la novela policíaca, o a la novela folletinesca con un tono paródico. También se introduce la inserción de collages: en medio de la narración pueden aparecer fragmentos de guías turísticas, de informes policiales, etc.

Todas estas novedades hacen que las novelas adquieran una complejidad que exige del lector una participación mucho más activa y un esfuerzo intelectual al que en ocasiones no está acostumbrado. Tiempo de silencio, decisiva para el cambio de orientación y para la renovación narrativa, abre paso a otros autores significativos:

  • Miguel Delibes, que sorprende con Cinco horas con Mario, un largo monólogo interior que imita el lenguaje coloquial.
  • Gonzalo Torrente Ballester con La saga/fuga de J. B., mezcla de realidad y fantasía.
  • Juan Goytisolo con Señas de identidad.
  • Camilo José Cela con San Camilo, 1936, largo monólogo interior escrito en segunda persona, sobre el Madrid anterior al inicio de la Guerra Civil.
  • Juan Marsé (Últimas tardes con Teresa).
  • Juan Benet (Volverás a Región).
  • José María Guelbenzu (El mercurio).

Contexto teatral: posguerra y censura

El teatro se vio afectado por las consecuencias de la Guerra Civil (1936–1939). Una vez acabada la contienda, comenzaron a representarse obras de muy baja calidad que eran aplaudidas por un público entusiasta. Además de la representación de nuevas obras teatrales —condicionadas por la censura y basadas en la exaltación ideológica— se retomaron las obras clásicas de la literatura española, fundamentalmente las pertenecientes al Siglo de Oro, y se adaptaron obras traducidas de autores extranjeros.

El teatro que siguió a la Guerra Civil fue, en general, de calidad ínfima y se encontró condicionado por las duras condiciones socioeconómicas en que se desarrolló. Dos grandes autores teatrales, Federico García Lorca y Miguel Hernández, habían fallecido a consecuencia de la guerra, y otros tres —Rafael Alberti (autor de El Adefesio), Alejandro Casona (La dama del alba) y Max Aub (San Juan)— se encontraban exiliados.

Años 50: teatro de protesta y denuncia

En los años 50 se desarrolla en España un tipo de teatro que trata de reflejar la realidad social tal como se presenta cotidianamente, con una clara finalidad de denuncia. Se trata de un teatro comprometido que prescinde de fantasías e idealizaciones y que denuncia las duras condiciones de trabajo, la deshumanización de la burocracia, la situación de los obreros y las injusticias sociales. Es, en definitiva, el altavoz de las clases humildes y un defensor de la dignidad vital. Este teatro tiene problemas con la censura.

Además, el público conservador, habituado a autores como Jardiel Poncela, Miguel Mihura o José María Pemán, no admite novedades, por lo que el teatro de denuncia se desarrolla en clara inferioridad de condiciones frente al teatro comercial de carácter cómico.

Esta corriente se inicia en 1949 con el estreno de Historia de una escalera, de Antonio Buero Vallejo, y continúa con autores como Alfonso Sastre (Escuadra hacia la muerte) y Lauro Olmo (La camisa).

Etapas en la obra de Buero Vallejo

  • Etapa existencial: reflexión sobre la condición humana. En Historia de una escalera (1949), los protagonistas son cuatro jóvenes, vecinos en el último piso de una vieja casa: Urbano (obrero de una fábrica), Fernando (dependiente de una papelería), Carmina y Elvira. La obra refleja un mundo gris en el que las frustraciones se repiten de generación en generación, tanto por el peso de la sociedad como por la debilidad personal. En 1950 escribe En la ardiente oscuridad, obra que plantea la lucha por la verdad y la libertad.

En la evolución del teatro de Buero puede distinguirse además:

  • Teatro social: denuncia de injusticias que atañen a la sociedad; para evitar la censura, Buero escribe dramas históricos a través de los cuales analiza el presente: Un soñador para un pueblo (1958), dedicada a Antonio Machado; El concierto de San Ovidio, donde denuncia la explotación de un grupo de ciegos en el París de los años previos a la Revolución francesa; y El tragaluz (1967), obra en la que utiliza recursos escénicos novedosos (escenarios múltiples, saltos en el tiempo y efectos de luminotecnia).
  • Etapa de innovaciones: aumento de experimentos escénicos y de contenidos políticos (por ejemplo, La fundación).

A partir de 1975: fin de la dictadura y apertura cultural

El fin de la dictadura, la restauración monárquica y la llegada de la democracia abren un nuevo periodo. El ambiente de libertad, la desaparición de la censura y el acercamiento a Europa son hechos relevantes de esta etapa.

El fin de la censura sirvió para clarificar el panorama de la novela española: se publicaron en España obras prohibidas y editadas en el extranjero (Goytisolo, Marsé); textos inéditos o mutilados aparecieron ahora en su integridad (Martín-Santos; Vaz de Soto); se recuperó la narrativa de los exiliados (algunos recibieron importantes premios literarios: Rafael Sánchez Mazas?, Ramón Sender, Francisco Ayala, Rosa Chacel); y se tradujeron obras extranjeras antes prohibidas.

A este panorama tan variado contribuye la coexistencia de distintas promociones: la del 36 (Cela, Delibes, Torrente), la del 50 (Goytisolo, Marsé), la del 68 (Vaz de Soto, José M. Guelbenzu, Vázquez Montalbán, Enrique Vila-Matas, Eduardo Mendoza…) y los novelistas de los 80, entre los que destacamos a Rosa Montero, Jesús Ferrero, Justo Navarro (1953), Julio Llamazares, Antonio Muñoz Molina, etc. Estos autores del 80 siguen, por lo general, la tendencia de los autores del 68: en sus obras se produce una búsqueda de la universalidad (cosmopolitismo en hechos, escenarios y referentes), a veces a costa de ignorar lo propio en favor de lo ajeno.

En algunas de las últimas obras de estos autores (por ejemplo, Muñoz Molina con El jinete polaco, Premio Planeta 1991) se produce un retorno a lo español, a la búsqueda de nuestras raíces inmediatas (olvidadas por la historia oficial anterior) y a la profundización en la esencia y los orígenes del ser español actual.

Tendencias

  1. La metanovela

    Consiste en incluir la narración misma como centro de atención del relato (la llamada «novela especular»). La novela se vuelve sobre sí misma: el texto narrativo ofrece el resultado final y, a la vez, el camino que ha llevado a él; se cuenta una novela y también los problemas planteados en su creación. Es un claro ejemplo de literatura dentro de la literatura.

    Obras representativas:

    • Fragmentos de apocalipsis, de Gonzalo Torrente Ballester.
    • Novela de Andrés Choz, de José María Merino.
    • Fabián, de Vaz de Soto.
    • Papel mojado y El desorden de tu nombre, de Juan José Millás.
    • Larva y Poundemonium, de Julián Ríos.
  2. Novelas poemáticas o líricas

    La novela poemática aspira a ser un texto creativo autónomo, acercándose al poema lírico: tendencia a la concentración máxima, rechazo de la imitación de la realidad, personajes insondables, mitos, símbolos y un lenguaje más sugerente que referencial.

    Obras representativas:

    • La isla de los jacintos cortados (1980), de Torrente Ballester.
    • Mazurca para dos muertos (1983), de Cela.
    • Los santos inocentes (1981), de Delibes.
    • Makbara (1980) y Las virtudes del pájaro solitario (1988), de Juan Goytisolo.
    • La lluvia amarilla (1988), de Julio Llamazares. También Escenas de cine mudo (1994).
  3. Novela histórica

    Se aborda desde distintos puntos de vista: fabulación imaginaria del pasado, proyección del pasado sobre el presente, aprovechamiento de la Historia para indagaciones intelectuales y ejercicios de estilo.

    Obras representativas por época:

    • Edad Media: En busca del unicornio (1987), de Juan Eslava Galán.
    • Siglo de Oro: Extramuros (1978), de Jesús Fernández Santos; El manuscrito carmesí (1990), de Antonio Gala.
    • Siglo XX: Octubre, Octubre (1981), de José Luis Sampedro; La verdad sobre el caso Savolta (1975) y La ciudad de los prodigios (1986), de Eduardo Mendoza.
    • Guerra Civil: Beatus ille, de Antonio Muñoz Molina; Herrumbrosas lanzas (1983–86), de Juan Benet; Jinetes del alba, de Jesús Fernández Santos.
  4. Novela de intriga

    Se potencia la intriga por medio de esquemas policíacos y otros procedimientos de la novela negra. A este auge contribuyó el éxito de El nombre de la rosa (1980), de Umberto Eco, donde se combinan lo intelectual, lo histórico y lo policíaco.

    Obras y series representativas:

    • La verdad sobre el caso Savolta, de Eduardo Mendoza.
    • La serie Carvalho, de Manuel Vázquez Montalbán, en la que destaca La soledad del mánager (1977).

Nota final: Este recorrido recoge las principales líneas evolutivas de la narrativa y del teatro españoles desde los años cincuenta hasta la apertura democrática, destacando tanto las preocupaciones sociales del realismo como las innovaciones formales que renovaron la novela y el teatro en nuestro país. Los autores y obras citados ilustran esas tensiones entre compromiso social, experimentación formal y búsqueda de nuevas formas de expresión literaria.

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