La Fundación y Los cachorros: contexto histórico, recursos narrativos y símbolos literarios

La Fundación (Buero Vallejo) — Estreno y contexto histórico

La Fundación fue estrenada por primera vez el 15 de enero de 1974 en el Teatro Fígaro de Madrid. Eran los últimos años del franquismo. Acababa de ser asesinado por ETA el presidente del Gobierno, Carrero Blanco, el “sucesor de Franco”. A pesar de luchar contra el régimen, la oposición que trabajaba en la clandestinidad (PCE, PSOE, los monárquicos, etc.) no compartía el uso de la violencia y, ante este atentado, frente a lo que esperaba ETA, todos se desvincularon.

Durante la posguerra todos los medios de comunicación y publicaciones estaban censurados por el ejército franquista, vencedor en aquella guerra. Así pues, no se podía publicar ni retransmitir cualquier cosa y menos hacer una crítica contra el régimen franquista bajo pena de cárcel y/o de muerte. Por consiguiente, era un momento difícil para la literatura española, ya que los autores no podían expresar libremente sus ideales ni su posición política, sino que estaban sujetos a una dictadura, al igual que el resto del país.

Mecanismos frente a la censura y posición estética

Buero Vallejo escribe en una línea posibilista: ajusta el mensaje a las imposiciones de la censura para que la obra pueda llegar a estrenarse, aunque no en plenas condiciones de libertad. El autor utiliza mecanismos para eludir la censura: elevar los conflictos de los personajes a esferas existenciales, recurrir a la presentación alegórica de temas y emplear un marco histórico alejado para atemperar la referencia a problemas actuales. Buero afirmaba que lo primero que necesitaba una obra para transformar al público o a la sociedad era ser vista, y para ello debía pasar la censura.

Así, la relación que parece existir en la obra entre la Fundación y la dictadura —la falta de libertad, la cárcel y los presos políticos— se transforma en un alegato contra la injusticia y la opresión de los poderosos.

Puesta en escena y universalización del conflicto

Sin duda, gracias a una eficaz puesta en escena con nuevas técnicas, nuevos efectos escénicos y, sobre todo, una nueva representación de la injusticia, se consiguió universalizar el conflicto planteado por Buero en su drama original. Podemos aventurar posibles relaciones con la vida de Buero, sabiendo que él mismo estuvo condenado a muerte tras la guerra civil. El dramaturgo, aunque no negó en ningún momento el evidente parentesco de la situación con aquel episodio de su propia vida, prefirió destacar la dimensión más trascendente del problema.

Buero utiliza el encarcelamiento político como símbolo de todas las cadenas que impiden al hombre su realización completa, extrapolando así el tema desde el ámbito sociopolítico al existencial. El autor critica formas de esclavitud de la sociedad de consumo que se camuflan bajo falsas apariencias de libertad a través del autoengaño. En este sentido, la “Fundación” que da título a la tragedia representa, entre otras cosas, todas aquellas ataduras de las que apenas somos conscientes y que, no obstante, están ahí, alienándonos.

La Fundación: género y matices

Buero la subtitula “Fábula en dos partes”. Según la RAE, fábula es una “composición literaria, generalmente en verso, en que por medio de una ficción alegórica y de la representación de personas humanas y la personificación de seres irracionales, o bien inanimados o abstractos, se da una enseñanza útil o moral”. No hay duda de que La Fundación supera el sentido literal: es una fábula en cuanto a su representación simbólica, que va más allá de lo que aparentemente dice.

Pero también puede considerarse una tragedia. La RAE define tragedia como “obra dramática cuya acción presenta conflictos de apariencia fatal que mueven a compasión y espanto, con el fin de purificar estas pasiones en el espectador y llevarle a considerar el enigma del destino humano, y en la cual la pugna entre libertad y necesidad termina en un desenlace funesto”.

Advertimos lo próximo que está Buero Vallejo a este género. Ciertamente es una fábula en dos partes, pero siempre ha sido considerada como una tragedia, pues los conflictos que plantea afectan al destino trágico de los seres humanos, mueven a la compasión y el espanto, hacen que el espectador reflexione sobre el destino humano y terminan con un final funesto. Buero la considera más bien “tragedia esperanzada”: aunque presenta conflictos de carácter trágico, se abre a la esperanza e invita al espectador a actuar, en un futuro incierto, contra los enemigos que provocan esa situación trágica. Los actos que el hombre elija provocarán los hechos consiguientes; por tanto, el futuro depende de sus actos y no de un destino impuesto.

Buero considera la obra una tragedia, pero no a la manera clásica: es una denuncia de comportamientos éticos o sociopolíticos censurables. El enfrentamiento realidad-ficción y la búsqueda de la autenticidad marcan esta nueva cosmovisión trágica.

Los cachorros (Mario Vargas Llosa) — Voces, tiempo y espacio

En Los cachorros, el primer y el último párrafo determinan el límite temporal de la historia (25 años), que parece ubicarse en torno a los años 50 del siglo XX. Así pues, el tiempo cronológico no es simétrico; el hilo conductor es Cuéllar. La novela empieza con una generación y acaba con otra, dando una estructura circular. El pasado y el presente se intercalan en la memoria de los personajes y hay una serie de procedimientos que el autor utiliza para intensificar el tiempo: la ausencia de verbos introductorios (lo cual sirve de “acelerador” del tiempo), la condensación narrativa y la alusión al curso académico.

En cuanto al espacio, los personajes viven en Miraflores. Cuando crecen, salen, pero al final del relato vuelven al mismo barrio. Se combinan los espacios reales (Miraflores) y los espacios imaginarios a los que se evade el protagonista.

Voces narrativas

Hay dos voces narrativas o dos narradores: una colectiva que pertenece al grupo de los cuatro amigos de Cuéllar. Esta voz está en primera persona del plural, pero no involucra a Cuéllar; habla de él desde la perspectiva del grupo. Esta voz, como lectores, nos incluye en el relato. La otra voz es anónima: habla de todo el grupo en tercera persona del plural, aunque tampoco llega a incluir a Cuéllar del todo en el grupo.

Las dos voces se funden, siendo dos expresiones del mismo punto de vista. Se yuxtaponen, creando un ritmo acelerado en el relato que da sensación de movimiento. La ironía es uno de los efectos creados por el empleo alternado de “nosotros” y “ellos”. Se combinan lo subjetivo (la voz del nosotros) y lo objetivo (la voz con ellos). El narrador es el grupo como colectividad; en ningún momento se destaca ningún muchacho del grupo individualmente. El narrador está oculto tras el colectivo y se funde con los personajes. Esto favorece un lenguaje relajado y con abundantes coloquialismos.

Temas centrales en Los cachorros

1. La castración

La castración física es determinante en la castración individual, social y existencial de Cuéllar. El grupo de amigos está castrado también porque está sujeto a los valores de su clase social, que le imponen la rutina, la monotonía: hacer lo mismo que hicieron sus padres y que harán después sus hijos.

La condición de castrado de Cuéllar le lleva a recorrer otros ambientes, otros barrios. Ve así otra cara del mundo, la que no conocen sus amigos. La castración colectiva condiciona la mirada sobre la realidad y la relación del individuo con su medio, que lo dirige hacia hábitos ya preestablecidos y consolidados.

También puede interpretarse la castración simbólicamente como una parábola de la integración social, del tránsito de la adolescencia a la madurez. Apunta que toda la etapa formativa del hombre es una castración: para que el individuo se adapte a la sociedad, debe sacrificar una parte de sí mismo.

2. El machismo y el sexo

La sociedad miraflorina es una sociedad machista. El miedo y la timidez del hombre están muy mal vistos. Cuando Cuéllar intenta ligar con Teresita, intenta imitar el arquetipo de macho: hace carreras de coches, se arriesga, tiene accidentes, surfea en el mar, se emborracha, etc. Pero él no puede porque carece del órgano sexual, emblema de esta sociedad machista: está inseguro, es tímido, teme la marginación y su única salida es la muerte.

El comportamiento de Teresita ejemplifica la conducta de un tipo de mujer que se sabe atractiva, coqueta y emplea sus atributos para conseguir lo que quiere de los hombres. El fútbol es un deporte absolutamente masculino y era símbolo de hombría.

El sexo: hablar de sexo da hombría y poder. Entre muchachos, la actitud que adoptan es una forma de definirse, de demostrar su virilidad y de considerarse dignos. La hazaña sexual sirve para aumentar la autoestima y ser más respetado por los demás. La emasculación de Cuéllar lo convierte en un ser digno de lástima a los ojos del grupo.

3. La hipocresía y la marginación

Existe una gran hipocresía en la sociedad. Los amigos de Cuéllar conocen su carencia y se divierten provocándolo. La sociedad le hizo ver a Cuéllar que tenía que ser hipócrita por el resto de su vida; de otra manera sería marginado y expulsado de su entorno por aquellos que antes habían sido sus amigos.

El grupo es falso e hipócrita; no tiene valores. Vive en la mentira; Cuéllar cuestiona su mundo de falsas apariencias. Es empujado a asumir su condición de marginado adoptando una actitud de desafío contra el grupo.

4. El fracaso, la frustración y la muerte

A medida que avanzamos en la lectura, apreciamos que el fracaso se va apoderando de la vida de Cuéllar. Fracasa socialmente porque no acaba de ser aceptado en el grupo y su condición de castrado lo aleja de una sociedad machista; al perder sus órganos sexuales, perdió también toda oportunidad de vivir en ese entorno. Fracasa personalmente con Teresita; fracasa como hombre y vuelve a ser un marginado, un exiliado social porque la sociedad en la que se crio está basada en las apariencias. Se va frustrando poco a poco hasta acabar con su vida.

La muerte de Cuéllar se anticipa simbólicamente en el pasaje de la mariposa que matan. La novela acaba con el inicio de un nuevo ciclo de frustración y degradación física con el grupo de amigos que va envejeciendo.

5. La sociedad burguesa

La ideología de clase se manifiesta en la necesidad de poseer objetos, de crear unidades familiares cerradas a las relaciones sociales con otras clases. Están sujetos a normas, a una monotonía, a una rutina, y viven en un mundo cerrado e hipócrita donde la falsa moral y las apariencias son emblemas.

Los cachorros es una metáfora de la realidad porque ilustra el paso de la infancia a la madurez, la incorporación al grupo y la frustración que experimenta el adolescente burgués al no poder integrarse en su sociedad.

6. La violencia

La violencia no es sólo de índole física; el rechazo también es violencia (insultos, apodos, la marginación que sufre…). La necesidad de estar dentro del grupo, de sentirse parte de él, y no poder encontrarse ni encontrar un sitio en esa comunidad arrastra una fuerte carga de violencia gratuita.

Contexto y personajes

Los personajes de Los cachorros aparecen en su contexto: la escuela, la familia y el barrio. Estos elementos tienen algo en común: mecanismos frustrantes que conducen al individuo al fracaso, porque la inserción en el sistema anula los valores humanos particulares.

Todos los personajes de la novela nunca aparecen solos; esto es muy significativo porque todo se produce en relación con los demás. El único personaje que posee individualidad es Cuéllar.

Cuéllar

Al principio, Cuéllar es aplicado en los estudios, deportista, destaca en todo lo que hace. Pero es emasculado por Judas porque es el único que se enfrenta a él. Llora cuando le ponen el mote, se pone violento pero acaba resignándose. En la adolescencia se siente diferente y quiere llamar la atención haciendo locuras. Comienzan las envidias, frustraciones y cambios bruscos de carácter. Se va alejando de sus amigos cuando estos se van echando novia.

Con la aparición de Teresita se ilusiona, se enamora, pero su castración y su frustración le hacen fracasar y lo hunden. Definitivamente, emprende el camino a su propia destrucción. Su condición de castrado lo hace ser consciente de sus carencias y de las de los demás, pero sus amigos no lo comprenden porque no comparten esos valores (cuando visitan el prostíbulo Nanette). Todo lo anterior provoca el distanciamiento entre él y el grupo.

Es capaz de ir por su propio camino y de ser diferente; por eso debe ser sacrificado para que la sociedad burguesa pueda sobrevivir: en este tipo de sistema no hay sitio para la individualidad. Hay normas y no puede haber alternativa: o se adapta uno a las circunstancias o sucumbe en una lucha frustrada. Para que el individuo forme parte de la sociedad debe sacrificar algo de sí mismo.

Grupo de amigos

Son cuatro: Lalo, Chingolo, Mañuco y Cholo. Conforman esas voces del relato no individualizadas. Están tipificados porque representan a la burguesía perusina. Tienen las mismas motivaciones y la misma actitud ante las circunstancias; se adaptan perfectamente al medio social. Apenas hay rasgos diferenciadores entre ellos. Muestran indiferencia hacia Cuéllar y una falsa compasión. Tienen un comportamiento típico: el grupo es hipócrita, hablan mal de él pero no lo rechazan (seguramente para divertirse con sus locuras y reírse de él). El grupo carece de valores individuales; está castrado porque está sujeto a las formas de su clase social. Sobresale Lalo, que podría considerarse la antítesis de Cuéllar: representa el ideal de joven miraflorino, el líder del barrio, todo lo que Cuéllar sueña y que nunca va a poder ser (capitán del equipo, el primero con novia…).

Grupo de las chicas

Chabuca Molina, Fina Salas, Pusy Lañas, China Saldívar y Teresita Arrarte forman el grupo de voces femeninas de la novela. También carecen de individualidad y actúan según lo esperado, sin salirse de los cánones establecidos por una sociedad machista en la que las mujeres son valoradas por su físico, por su coquetería y por su posición. Para los muchachos son un objeto más, una posesión. También se divierten a costa de las insensateces de Cuéllar.

Destaca Teresita: es coqueta y presumida y le gusta jugar con Cuéllar. Utiliza un lenguaje con muchos diminutivos y es zalamera. Aparentar fragilidad y delicadeza le brinda poder sobre los chicos; es manipuladora. No se sale de lo establecido y de lo previsible; el raro, el que no está a la altura, es Cuéllar. A pesar de haberse comportado frívolamente con Cuéllar, el grupo no la culpa.

Otros personajes

Los hermanos del colegio aparecen al principio y actúan sin salirse del esquema establecido. Representan la autoridad, una institución religiosa y un sistema educativo. También son hipócritas, como el resto de la sociedad.

Los padres no desempeñan un papel relevante; son transmisores de una ideología machista y, al final, la inculcarán a sus hijos, como vemos al final de la novela.

Símbolos y significados

El apodo Pichulita es un eufemismo para designar el pene de los niños. Llamar así a un personaje que ha sido castrado es una burla cruel. Judas es el discípulo que traicionó a Jesús con un beso; así se simbolizan las dentelladas del perro Judas que marcarán a Cuéllar como diferente hasta su muerte.

Los cachorros representan a los hijos que están integrándose en la sociedad para llegar a formar parte de ella. Son inmaduros y todavía incompletos. Por otra parte, los conejos son un mecanismo de sustitución que permite camuflar a la bestia bajo la inofensiva apariencia de estos animalitos. Otro de los símbolos es la mariposa, pues lo que le pasa a la mariposa coincide simbólicamente con lo que le pasa a Cuéllar.

El buitre representa la muerte y quizás sea un elemento premonitorio y anticipador del final, mientras que el mar puede representar todo lo que Cuéllar tiene guardado en su interior: el dolor, la rabia, la impotencia y la frustración. Otros elementos, como la tabla de surf, los coches, la escopeta, la pistola o el revólver, pueden verse como símbolos de potencia sexual.

Por último, Cachito, diminutivo de Cacho, que significa “cuerno”, es con quien se va Teresita; y la calle Capón hace referencia a la castración de Cuéllar.

Estilo y recursos lingüísticos

Los cachorros puede considerarse un experimento estilístico y estructural. Los elementos más destacados en cuanto a lenguaje y estilo son:

  • El uso de onomatopeyas, diminutivos, americanismos y voces inglesas.
  • Los registros de los chicos, que desvelan los cambios que experimentan al crecer.
  • En cuanto a la sintaxis, predominan la yuxtaposición y la coordinación, destacando también el asíndeton (ausencia de nexos), lo cual intensifica y acelera la expresión.

Se mezcla constantemente el estilo directo y el indirecto, y se suprime cualquier guion que marque el diálogo. De este modo, el autor recurre al llamado “estilo indirecto libre”, donde se mezclan las voces de los personajes en una única voz de grupo. Aparece en muchas ocasiones un estilo lírico, más propio de la poesía, mientras que el léxico pertenece a la variedad lingüística del español de Hispanoamérica, concretamente al de Perú y su capital, Lima, de donde procede el autor.

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