Personajes y Estructura en La Casa de Bernarda Alba: Un Estudio Detallado

Personajes Principales

Angustias

La hija mayor de Bernarda, tiene 39 años. No es muy agraciada, posee un carácter desabrido y egoísta, y no goza de muy buena salud. A pesar de ello, y debido a su envidiable fortuna heredada por su padre, le ha salido un pretendiente: Pepe el Romano. Es la única que va a casarse en contra de todas las leyes de la naturaleza. Ella sabe que su matrimonio solo le supone salir de la casa de su madre, ya que no existe ninguna pasión amorosa entre Pepe y ella. A sus 39 años no ha salido nunca sola con un hombre; Angustias es consciente de que es mejor ser rica que hermosa. Ella es la única que se muestra tranquila, porque sabe que tiene un futuro por delante y no le importa que las demás hermanas se pudran en su encierro.

Magdalena

Era la hija preferida de su padre y la que más sintió su muerte. Es hacendosa, la que mejor borda y corta los vestidos y, aunque tiene esos rasgos tan femeninos, es la única que reniega de su condición de mujer. Parece la más inteligente de las hermanas o, al menos, la que mejor entiende la situación; es la única que expresa en voz alta una de las verdades que pesan sobre la casa de Bernarda: «Nos pudrimos por el qué dirán». Es la primera que se atreve a decir que Pepe se casará con Angustias por dinero, aunque no le falta la mala intención y su lengua se desata en alguna ocasión.

Amelia

Es la hija mediana y tiene 27 años. Mantiene una relación estrecha con Martirio, se preocupa por su salud, está pendiente de sus dolores y hablan entre sí con mayor armonía y cariño que las otras hermanas. Parece triste e insegura. Ella misma exclama: «Nacer mujer es el mayor castigo».

Martirio

Enferma, deforme y atormentada, es la única que tuvo en otro tiempo un pretendiente, Enrique Humanes, al que su madre rechazó por no pertenecer a su clase social. Desde la primera vez que vio a Pepe se sintió atraída por él. Es precisamente esta pasión la que desata sus celos contra Adela y rige su comportamiento. Sus palabras se cargan de mala intención y sus acciones son ruines: espía a sus hermanas y le roba el retrato de Pepe a Angustias. Su alma va llenándose de odio y acaba convirtiéndose en fiel colaboradora de Bernarda. Ese veneno es vertido al final contra su hermana Adela; es ella quien le avisa a su madre cuando Adela va a encontrarse con Pepe. Aun sabiendo que Pepe ha huido, dice a Adela que ha muerto, lo que provoca el trágico final de su hermana. Solo al verla muerta reacciona con sinceridad: «Dichosa ella mil veces que lo pudo tener».

Adela

Es la única hija de Bernarda que no se resigna a la voluntad de la madre. Tiene 20 años. En su primera intervención, Adela entrega a su madre un abanico verde de flores tras despedir el duelo. También estrena un vestido verde solo para que las gallinas la vean. No se resigna a envejecer como sus hermanas y pudrirse en la casa, por lo que se insinúa a Pepe constantemente. El impulso sexual es el motor y acicate para la rebeldía de Adela; ella no habla nunca de sus sentimientos ni del sufrimiento de su alma, sino de su pasión carnal. Esta sexualidad desenfrenada es la fuerza de Adela, que alcanza tal magnitud que la lleva a desear ser la amante de Pepe cuando este se case con Angustias antes que perderlo. En el momento culminante, la rebelión total de la hija contra la madre se produce al final cuando rompe el bastón de Bernarda, símbolo de poder; sin embargo, la rebelión fracasa y acaba en suicidio.

Poncia

Es la criada principal de Bernarda, tiene su misma edad (60 años), su misma fortaleza y mentalidad similar respecto a los hombres. Lleva 30 años en la casa, por lo que puede considerarse de la familia. Pero ello no impide odiar a Bernarda de una forma contenida. Le sirve por egoísmo y necesidad. Poncia es agresiva, de lengua afilada y cargada de rencor. Asume perfectamente su condición de criada, de clase inferior, que Bernarda no duda en recordarle, pero quizás esta diferencia de clase es causa de su rencor. Poncia da consejos tanto a Bernarda como a las hijas y hace advertencias acerca de conflictos. Vigila a Adela y la reprende en el asunto de Pepe el Romano, pero no por cariño, sino porque tiene la misma mentalidad de decencia y de las apariencias que Bernarda. No soporta que Bernarda le recuerde que su madre había estado en un burdel y es tremendamente descarada al hablar de cuestiones sexuales. Le gusta hablar de sexo con las hijas de Bernarda mientras cosen y le pregunta a Angustias sobre su primera entrevista con su novio, cuenta el primer encuentro con su marido y azuza la tensión erótica de las hermanas cuando oyen los cantos de los gañanes. Su lenguaje desgarrado y cargado de sabiduría popular es el rasgo más sobresaliente de este personaje.

María Josefa

Tiene 80 años y es la madre de Bernarda. Tiene una gran vitalidad, pero sufre de demencia senil, por lo que es encerrada por Bernarda, aunque ella tiene deseos de libertad y de casarse. Aparece en escena por primera vez al final del primer acto y va ataviada con flores, en clara simbolización erótica. Su locura le permite rebelarse contra la tiranía de Bernarda. María Josefa se expresa con un lenguaje incoherente como el del niño y, a la vez, lleno de lirismo. Su voz adquiere tintes proféticos cuando se dirige a Martirio diciéndole: «Pepe el Romano es un gigante. Todas lo queréis, pero él os va a devorar, porque vosotras sois granos de trigo, no, granos de trigo no, ranas sin lengua».

Pepe el Romano

Es un joven de 25 años, novio de Angustias, a quien pretende por interés económico, pero en realidad se siente atraído por Adela, con quien mantiene relaciones sexuales, y es además objeto de la oscura pasión de Martirio. Es un personaje omnipresente y actúa como desencadenante del conflicto dramático. Su caracterización en palabras de los personajes es de gigante, león, incide en la fuerza de su masculinidad. También es interesado, cobarde y ruin, como lo demuestra con sus actos.

Análisis Estructural y Temático

  • Relaciones entre los personajes: Señora y criadas (odio y clasismo); entre madre e hijas (autoritarismo, rigidez y temor); entre hermanas (odio, envidia y afecto); entre Bernarda y las vecinas (miedo y odio).
  • Espacio: Toda la obra está representada en el interior de la casa de Bernarda, pero cada acto presenta un espacio físico independiente:
    • Acto I: Habitación blanquísima.
    • Acto II: Otra habitación blanca.
    • Acto III: Cuatro paredes blancas ligeramente azuladas del patio interior.
    La casa se convierte en un infierno, convento o presidio. Las ventanas y el patio son los únicos lugares de encuentro con el exterior.
  • Tiempo: Existe un tiempo escénico y un tiempo no representado. La acción transcurre durante un verano de calor sofocante, reflejando la monotonía de la vida de las mujeres que carecen de esperanza.
  • Estructura: Cíclica y repetitiva. La obra comienza y termina con la palabra «silencio» y con el doblar de campanas.
  • Oposición de contrarios: Libertad-opresión, impulsos eróticos-amor decente, día-noche, casa-calle, blanco-negro, luz-oscuridad.

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