Poesía española (1936-1975): movimientos, autores y evolución literaria

T-5: La poesía española a partir de 1936 (hasta 1975)

1. Introducción

La Guerra Civil española (1936–1939), el establecimiento de la dictadura franquista (1939) y el largo exilio de muchos intelectuales cortan la evolución natural de la cultura, el arte y la literatura, y los sumen en un aislamiento vigilado por una férrea censura política e ideológica. Tras los primeros años de posguerra, años de poesía arraigada y desarraigada (década de 1940), solo una tendencia anterior a la guerra —la literatura social— se manifiesta hacia 1950; sin embargo, hasta 1968 no se recuperó la vanguardia y el experimentalismo —salvo el mínimo ensayo del Postismo—. Una vez desaparecida la dictadura en 1975, los escritores optan por evitar la literatura social y olvidan el experimentalismo, recuperando la tradición sin desaprovechar los recursos técnicos recientes.

2. Poesía arraigada y poesía desarraigada (1936-1944 / 1944-1956)

En los años 40, entre los poetas que no marchan al exilio, encontramos dos posturas calificadas por Dámaso Alonso como poesía arraigada y poesía desarraigada. Por otra parte, destaca la creación de tres revistas: Escorial, Garcilaso y Espadaña, vinculadas a esas tendencias.

Poesía arraigada

  • Características: Poesía más preocupada por la perfección del verso y la expresión de la belleza que por la situación de España tras el fin de la Guerra Civil. Temas religiosos, paisajísticos o sentimentales. Actitud fría. La métrica tiende a ser regular y predomina el soneto. Poetas en torno a las revistas Escorial y Garcilaso.
  • Poetas y obras más importantes:
    • Luis Rosales: Abril, Retablo de Navidad (1940), La casa encendida (1949), una de sus obras cumbre.
    • Leopoldo Panero: Escrito a cada instante (1942), Canto personal (1953).
    • Dionisio Ridruejo: Primer libro de amor (1939), Sonetos a la piedra (1943).
    • Luis Felipe Vivanco: Cantos de primavera (1936), Continuación de la vida (1949).
    • José María Valverde: Versos del domingo (1954) y la antología personal Poesías reunidas.

Poesía desarraigada

  • Características: Tonos más humanos, refleja las inquietudes y preocupaciones de la dura posguerra. Poetas agrupados en torno a la revista Espadaña.
  • Poetas y obras:
    • Dámaso Alonso: Hijos de la ira (1944), visión amarga y cruel de la vida, metaforizada por un “horrible viaje” o “una pesadilla sin retorno”. Destacar también la obra Oscura noticia, selección de poemas publicados desde 1925 en varias revistas.
    • Eugenio García de Nora: Cantos al destino (1945), Siempre (1953).
    • José Hierro: Con las piedras, con el viento (1950), Quinta del 42 (1952), Libro de las alucinaciones (1962) y Cuaderno de Nueva York.
    • Blas de Otero: dentro de sus obras poéticas destacan Pido la paz y la palabra (1955) y Que trata de España (1964).
    • Gabriel Celaya: Las cartas boca arriba (1951), Paz y concierto (1953).
    • Victoriano Crémer: Nuevos cantos de vida y esperanza (1952).

3. Generación del 50 (1956-1964)

Compuesta por poetas nacidos entre 1925 y la Guerra Civil, los llamados “niños de la guerra”. Son poetas con actitudes estilísticas muy diferentes que comparten ciertos rasgos:

  • Frente a la poesía como instrumento de transformación del mundo o de comunicación con los demás, prefieren la poesía como una forma de conocimiento, en primer lugar para el propio poeta.
  • Su temática se caracteriza por un retorno a lo íntimo: el paso del tiempo, la evocación de la infancia y la juventud, lo familiar, la amistad, la naturaleza, la situación política y social, y los eternos temas: amor, dolor, tiempo, muerte.
  • En el estilo, bajo una apariencia a veces coloquial, los poemas muestran un trabajo riguroso de elaboración tanto en los conceptos (mayor complejidad de ideas) como en la forma, donde se prefiere un estilo intimista, claro y poco recargado.
  • Métrica: Predomina el uso del verso libre, no exento del uso esporádico de estrofas clásicas.

Poetas más destacados: Ángel González: Tratado de urbanismo (1967); Claudio Rodríguez: Conjuros (1958), Alianza y condena (1965); Jaime Gil de Biedma: Compañeros de viaje (1959), Moralidades (1952); José Agustín Goytisolo: El retorno (1955), Claridad (1960), Algo sucede (1968).

4. Experimentación. Novísimos (1964-1975)

El término Novísimos procede de una antología publicada en 1970 por el crítico José María Castellet, con el título Nueve novísimos poetas españoles, que incluía a: Pere Gimferrer, la principal figura, con títulos como Arde al mar (1966); Guillermo Carnero, Libro de horas (1967); Leopoldo María Panero, Canto personal (1953) —epístola perdida dirigida a Pablo Neruda—; Luis Alberto de Cuenca, Poesía.

Son rasgos fundamentales de su poesía: la preocupación por la forma y el lenguaje; la ruptura con la cultura tradicional y la inspiración en el mundo del cine, del deporte, de la televisión, del cómic, de las canciones de moda; la incorporación de referencias muy cultas (se les llama los “culturalistas”), de obras y autores extranjeros (también se les llama “los venecianos” por su gusto por ciudades como Venecia). En la métrica prefieren el verso libre y utilizan recursos propios de la literatura de vanguardia como la supresión de la puntuación, imágenes irracionales surrealistas, las enumeraciones caóticas, los juegos tipográficos, la mezcla de fragmentos heterogéneos, collages… Se trata de una poesía centrada en experimentar con la forma del poema.

Poesía actual (1975…)

A finales de los años setenta se abandona la estética “novísima” y los poetas más jóvenes buscan una poesía más sencilla y clara, más íntima y menos culturalista o formalista. Hay varias tendencias, entre ellas:

  • Neosurrealismo: recupera la influencia de la poesía irracional de poetas de la generación del 27. A esta línea pertenecen, por ejemplo, Blanca Andreu: De una niña de provincias que se vino a vivir en un Chagall (1980) y Ana Rossetti: Los devaneos de Erato (1980).
  • Neoexistencialismo (poesía de la experiencia): poesía de la preocupación humana, que trata temas cotidianos y urbanos con una visión desencantada de la vida. Luis García Montero: El jardín extranjero (1982), Completamente viernes (1998); Amalia Iglesias: Un lugar para el fuego (1984).
  • Clasicismo: se recupera la poesía clásica, el soneto y el estilo barroco. Francisco Castaño: El libro de las maldades (1992); Juan Borja: El fuego y la ceniza; Luis Antonio de Villena: 10 menos 30 (1997); Basilio Rodríguez: Ultimísima Antología, 2000 (1994).

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