Poesía española posterior a 1936: movimientos, autores y obras clave

Poesía posterior a 1936

Tras la Guerra Civil española aparecen diversas trayectorias poéticas. A grandes rasgos pueden señalarse:

  • Poetas de la Generación del 14: Juan Ramón Jiménez, León Felipe, Moreno Villa, entre otros.
  • Poetas del Grupo del 27: tras la guerra Lorca había muerto; los demás se exiliaron (excepto tres: Vicente Aleixandre, Gerardo Diego y Dámaso Alonso).
  • Poetas que apenas habían iniciado su obra antes de la guerra o que la compondrán íntegramente en el exilio.

Temas recurrentes: la patria perdida. Al principio se evocan la lucha, las ilusiones y la derrota en un tono amargo; luego predominan la nostalgia, los recuerdos y la evocación de las lejanas tierras españolas. Desaparecen los experimentalismos vanguardistas y los rigores formales: la poesía tiende a formas más ligeras y, en ocasiones, se acerca a recursos populares.

Miguel Hernández

Miguel Hernández (1910–1942). La vida y la obra de Miguel Hernández, trágicamente truncadas por las secuelas de la guerra, sirven de puente entre dos etapas de la poesía española: por su precocidad y sus contactos con el 27 se le acerca a este grupo; por edad, se le incluye en la llamada Generación del 36. Es un poeta excepcional que sabe conjugar la fuerza de la inspiración con el arte más riguroso, lo popular y las técnicas cultas. De tono arrebatado y humano, su palabra parece expresión directa del sentimiento, pero ese impulso se envasa en formas rigurosas (por ejemplo, el soneto o los tercetos encadenados). Ese equilibrio entre emoción y contención, unido a sus novedosas metáforas, lo convierten en una de las voces más originales de nuestra poesía.

Etapas

  • 1) Inicios y plenitud: Tras sus poemas adolescentes siente la necesidad de una disciplina poética rigurosa, coincidiendo con la moda gongorina. Surge así Perito en lunas (1934), cuarenta y dos octavas reales que describen objetos humildes y usuales mediante atrevidas metáforas, y El rayo que no cesa (1936), libro que contiene su tríptico temático: la vida, el amor y la muerte en forma de sonetos; la hermosa Elegía a Ramón Sijé, otros poemas de sentido trágico y dos odas a Aleixandre y Neruda.
  • 2) Guerra y cárcel: Con la guerra pone su poesía al servicio de la causa republicana. Inicia una etapa de poesía comprometida con Viento del pueblo (1937) y El hombre acecha (1938). Finalmente, en la cárcel compone el Cancionero y romancero de ausencias (1939–1942), con formas escuetas cercanas a la lírica popular.

Años 40 y principios de los 50: la Generación de 36

Nacidos en torno a 1910, estos autores suelen agruparse bajo el rótulo Generación de 36. Dámaso Alonso reduce la corriente a dos grandes tendencias:

a) Poesía arraigada o neoclásica

Se expresan con una luminosa y reglada creencia en la organización de la realidad. Se autodenominan «Juventud creadora» y se agrupan en torno a la revista Garcilaso. Buscan la perfección, la claridad y el orden; en puras formas clásicas encierran una visión del mundo coherente, ordenada y serena. Cultivan temas como el sentimiento religioso, el amor (casi siempre familiar), el paisaje y las cosas bellas. Destacan: Luis Rosales, Leopoldo Panero, Luis Felipe Vivanco, Dionisio Ridruejo y José García Nieto.

b) Poesía desarraigada o existencialista

Es una poesía que expresa una frenética búsqueda de ordenación. Lejos de la armonía y la serenidad, a esta visión responde el libro Hijos de la ira de Dámaso Alonso (1944). La revista Espadaña, fundada por Victoriano Crémer y Eugenio de Nora en 1944, acoge a poetas de esta tendencia. Se trata de una poesía en tono trágico, sobre un mundo deshecho y caótico, lleno de sufrimiento y angustia. La religiosidad es desesperanzada y abundan las imprecaciones a Dios sobre el misterio del dolor humano. Se trata de un humanismo trágico y existencialista de estilo directo y sencillo. Destacan: Dámaso Alonso, Victoriano Crémer, Eugenio de Nora, Carlos Bousoño, Vicente Gaos, Gabriel Celaya y Blas de Otero.

d) El Postismo

Fundado por Carlos Edmundo de Ory y Eduardo Chicharro, enlaza con la poesía de vanguardia. Pretende ser, tras los «ismos», un «surrealismo ibérico» que reivindica la libertad expresiva, la imaginación, los juegos poéticos, el humor y la fantasía. Por ellos sintieron interés los novísimos. También se cita a Miguel Labordeta dentro de estas inquietudes.

e) El grupo Cántico de Córdoba

Grupo de poetas que mantuvo en la posguerra el enfoque del 27 y cultivó una poesía intimista y de gran rigor estético. Destaca Pablo García Baena, influido por Góngora.

g) La poesía social

Hacia 1955 se consolida en todos los géneros el realismo social. De esta fecha son Pido la paz y la palabra, de Blas de Otero, y Cantos iberos, de Gabriel Celaya. Ambos poetas superan su etapa existencial para situar los problemas personales en un marco social. Vicente Aleixandre, en 1954, da un giro en su trayectoria con Historias del corazón.

Partiendo de la poesía desarraigada se llega a la poesía social: el poeta se hace solidario con los demás hombres. La poesía se considera un instrumento para cambiar el mundo y con vistas al futuro. Temas: la reflexión sobre España y su cultura (que se vuelve más obsesiva que en 1898 y se realiza desde un enfoque más político), la injusticia social, la alienación, el anhelo de libertad y de un mundo mejor. Libros fundamentales son: Que trata de España (Blas de Otero), Tierras de España (Ramón de Garciasol) y España y pasión de vida (Eugenio de Nora). El estilo es sencillo porque los poetas intentan dirigirse a la «mayoría»; por ello la lengua empleada es clara, en ocasiones cercana a la prosa, con un empleo casi sistemático del tono coloquial.

El grupo poético de los 50

Aunque la poesía social se prolonga hasta los años 60, en la década de los 50 comienzan a aparecer nuevos poetas que acabarán sustituyéndola como referencia dominante. Destacan Ángel González, Jaime Gil de Biedma, José Ángel Valente, Francisco Brines y Claudio Rodríguez. Aunque empiezan a escribir en los años 50, su poesía alcanza plena madurez creadora en los años 60.

Características comunes

  1. Preocupación fundamental por el hombre; en ocasiones son irónicos o humoristas.
  2. Inconformismo frente al mundo en que viven.
  3. La poesía refleja la experiencia personal.
  4. Retorno a lo íntimo y cotidiano: fluir del tiempo, evocación nostálgica de la infancia, lo familiar, el amor, el erotismo, la amistad.
  5. Un dolor que crea conciencia de aislamiento y soledad.
  6. Rechazo de la poesía desarraigada y del prosaismo de los poetas sociales; labor de depuración, rigor y búsqueda de un lenguaje personal.
  7. Contrarios a la vanguardia, usan un tono cálido y cordial con una triste ironía.

Los Novísimos (Generación del 68)

En 1970 se publica Nueve novísimos poetas españoles, donde aparecen: Manuel Vázquez Montalbán, Antonio Martínez Sarrión, Pere Gimferrer, Guillermo Carnero, Leopoldo María Panero, José María Álvarez, Félix de Azúa, Vicente Molina-Foix y Ana María Moix. Nacidos después de la guerra, con una «nueva educación sentimental», unen una formación tradicional con la influencia del cine, los discos, la televisión, los cómics, etc., y están familiarizados con las corrientes culturales del momento.

Temática y rasgos

  • La unión de lo personal con lo público.
  • La mezcla de tonos graves con una provocadora frivolidad.
  • Sarcasmo y corrosión frente a la sociedad de consumo; escepticismo sobre la posibilidad de que la poesía cambie el mundo.
  • En lo personal, inconformismo y disidencia; como poetas, persiguen metas estéticas.

Los novísimos constituyen un nuevo vanguardismo, paralelo a las corrientes experimentales que se dieron en otros géneros.

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