Archivo de la etiqueta: La casa de la cascada

Autorizo a mi hijo a trabajar

CAPITULO 1


El libro comienza con Lázaro González Pérez nacido en el río Tormes Salamanca, proveniente de una familia humilde. El relata en primera persona, como su padre, acusado de hurto va a prisión y posteriormente es enviado a una cruzada, donde muere. Su madre, tiempo después, comienza a vivir con un hombre llamado Zaide el cual fue azotado por ser hallado culpable de robo.Sin sustento económico un ciego se ofrece a cuidar a Lázaro. Este, es violento con el niño, según sus propias Seguir leyendo “Autorizo a mi hijo a trabajar” »

Autorizo a mi hijo a trabajar

EL INDULTO
Antonia, una mujer la cual está casada con un carnicero. Este mata a su cuñada, lo que le
lleva a juicio. Allí ella declara en su contra, y después de ser declarado culpable él le jura
venganza cuando salga de su condena de veinte años. Poco después tiene a un niño con
su padre ya en la cárcel, el cual no puede cuidar ya que se quedó muy afectada por lo que
su marido le dijo en el juzgado, y las vecinas le ayudan a criar y se turnan para darle el
pecho, ya que está tiene un problema Seguir leyendo “Autorizo a mi hijo a trabajar” »

La casa de acacias

Día cero

En el mundo hay un hueco para cada persona. Cuando dos personas se enamoran, se vuelven una, el lugar que ocupan pasa a ser sólo uno, y en él cabe el universo. Por el contrario, cuando alguien falta su espacio se vuelve un agujero inmenso y aterrador para quien lo contempla. Lo llaman ausencia. A veces son ausencias elegidas y, otras veces, involuntarias. Pero nada da más miedo que ese vacío. Intentamos pasar de puntillas sobre él, disimularlo con otros cuerpos que no consiguen llenarlo, Seguir leyendo “La casa de acacias” »

La casa de acacias

El infierno Artificial


Las noches en que hay luna, el sepulturero avanza por entre las tumbas con paso singularmente rígido. Va desnudo hasta la cintura y lleva un gran sombrero de paja. Su sonrisa, fija, da la sensación de estar pegada con cola a la cara. Si fuera descalzo, se notaría que camina con los pulgares del pie doblados hacia abajo. 
No tiene esto nada de extraño, porque el sepulturero abusa del cloroformo.
Incidencias del oficio lo han llevado a probar el anestésico, y cuando el cloroformo Seguir leyendo “La casa de acacias” »