El teatro español desde 1936 hasta 1975
Contexto histórico
Al terminar la Guerra Civil, muchos dramaturgos españoles tuvieron que abandonar el país o continuar escribiendo fuera de España, debido en parte a la censura instaurada con la dictadura de Franco. El panorama teatral cambió profundamente en función de la represión política, la precariedad económica y las necesidades de entretenimiento del público.
Autores en el exilio y teatro testimonial
De esta época destacan figuras como Max Aub, que produjo un teatro de carácter testimonial, reflejo de la dura realidad de posguerra; entre sus principales obras están De algún tiempo a esta parte, y en su teatro breve sobresale el ciclo dedicado a los desterrados: A la deriva. También sobresale Alejandro Casona, cuya producción se caracteriza por la mezcla de realidad y fantasía; fue muy representado en los escenarios españoles con piezas como Prohibido suicidarse en primavera y La dama del alba.
Tendencias del teatro de posguerra
El panorama teatral de posguerra dio lugar a varias tendencias diferenciadas:
Teatro comercial
En la primera tendencia se sitúa un teatro comercial, continuador de la tradición benaventina. Destacan autores y obras como:
- El divino impaciente
- Cuando las Cortes de Cádiz — José María Pemán
- Obras de Joaquín Calvo Sotelo: Plaza de Oriente, La muralla
- La otra orilla, Celos del aire — López Rubio
- Obras de Alfonso Paso: La boda de la chica, Una bomba llamada Abelardo, Usted puede ser un asesino
Estas obras se caracterizan por su finalidad de entretenimiento moralizador, con una ligera crítica de costumbres que no llega a molestar ni al espectador ni a la censura. Los personajes suelen tener escasa profundidad psicológica y representan a la burguesía acomodada; el lenguaje y el estilo son cuidados, pues aspiran a crear un teatro de calidad.
Teatro del humor
Otra corriente es el teatro del humor, innovadora ya antes de la contienda. Enrique Jardiel Poncela escribió, entre otras, Cuatro corazones con freno y marcha atrás y Eloísa está debajo de un almendro, iniciando una línea de teatro inverosímil, lleno de situaciones absurdas. Aunque inicialmente no fue bien admitido por el público, esta línea continúa con Miguel Mihura, cuya principal obra es Tres sombreros de copa (escrita en 1932 y estrenada veinte años después). Tras su comicidad original, la obra esconde una aguda crítica a las convenciones sociales; la originalidad reside en la presentación de situaciones insólitas, la presencia de personajes extravagantes y el empleo de la comicidad verbal.
Realismo social
Los estrenos de En la ardiente oscuridad y Historia de una escalera — de Antonio Buero Vallejo — y Escuadra hacia la muerte (1953) de Alfonso Sastre marcan el inicio del realismo social en el teatro. Estos dramaturgos pretenden llevar a los escenarios los problemas existenciales y sociales del individuo contemporáneo para provocar en el espectador una toma de conciencia y una reflexión crítica. Sus obras poseen verosimilitud y un lenguaje sencillo y directo.
Grupo realista y continuadores
A finales de los años cincuenta surge el llamado grupo realista, continuador de la línea de Buero Vallejo y Sastre. Los autores de este grupo parten de una concepción teatral realista que se aproxima al sainete trágico de Arniches (ambientación popular) e incorpora recursos del esperpento y de la farsa (distorsión de la realidad y degradación de los personajes). Se proponen despertar el espíritu solidario del espectador.
Obras representativas del grupo realista (además de las ya mencionadas) son:
- El concierto de San Ovidio — Buero Vallejo
- La taberna fantástica — Alfonso Sastre
- Los inocentes de la Moncloa — Rodríguez Méndez
- El tintero — Carlos Muñiz
- La camisa — Laura Olmo
- El grillo, El precio de los sueños — Carlos Muñiz
- El teatrito de don Ramón — Martín Recuerda
Antonio Gala, aunque comparte el espíritu crítico del grupo realista, se aparta de él por el tono poético de sus obras; entre sus títulos más conocidos se encuentra Anillos para una dama.
Teatro vanguardista y experimental (finales de los sesenta)
A finales de los sesenta se desarrolla en España una nueva corriente dramática que, por sus dificultades para llegar al público, se ha conocido como teatro soterrado o subterráneo. Es un teatro vanguardista y experimental que continúa la crítica al sistema franquista y busca nuevas formas de expresión dramática.
Los principales autores de esta corriente son:
- José Ruibal — El hombre y la mosca
- Martínez Mediero — El convidado
- Fernando Arrabal — El arquitecto y el emperador de Asiria (diálogo surrealista). Arrabal calificó su propuesta como el “teatro pánico”, que pretende sacudir la conciencia del espectador mediante la alternancia del humor y del horror; presenta estructuras complejas que producen confusión y plasma el mundo de los sueños y del inconsciente. Otra obra suya es El cementerio de automóviles.
- Francisco Nieva — su concepción dramática se sitúa en la línea antirrealista: en Pelo de tormenta se combinan expresionismo, esperpento y surrealismo; en La señora Tártara introduce el mundo onírico, lo irreal y lo fantástico; como teatro de crónica y estampa escribió Sombra y quimera de Larra.
A esta etapa pertenecen también El tragaluz y, sobre todo, La Fundación de Buero Vallejo.
Teatro independiente y espectáculo total
Dentro del teatro vanguardista y experimental se desarrolla también un teatro independiente que concibe la representación como un espectáculo total, donde intervienen el texto literario, elementos plásticos, coreográficos, musicales y mímicos. Sus características principales son: carácter popular, talante crítico, afán innovador, creación colectiva y autofinanciación. Entre los grupos más conocidos de este tipo destacan: Els Joglars, Els Comediants y el Teatro Universitario de Murcia.
Transición y apertura (a partir de 1975)
A partir de 1975, tras la muerte del dictador, se abrió una etapa de progresiva apertura, consolidación de las libertades civiles y supresión de la censura, lo que repercutió profundamente en la vida teatral española. Obras importantes de esta etapa son:
- Esta noche, gran velada — Fermín Cabal
- Ederra — Ignacio Amestoy
- ¡Ay, Carmela! — (obra emblemática de la época)
- El lector por horas — José Sanchís Sinisterra
- Bajarse al moro — J. A. Alonso de Santos
- La estanquera de Vallecas — Alfonso Paso / (versiones y montajes diversos)
- Yo me bajo en la próxima, ¿y usted? — Adolfo Marsillach
- Las bicicletas son para el verano — Fernando Fernán Gómez
Conclusión
Entre 1936 y 1975 el teatro español transitó por múltiples formas: desde el teatro comercial y moralizador hasta el realismo social comprometido, pasando por la comicidad innovadora y los experimentos vanguardistas. A pesar de la censura y las dificultades, surgieron corrientes y autores que renovaron el lenguaje teatral y ampliaron las posibilidades expresivas del escenario español. La recuperación de las libertades en 1975 permitió que muchas de estas corrientes encontraran una mayor visibilidad y consolidación.
