Antonio Buero Vallejo y el teatro español en la segunda mitad del siglo XX
ABV: Teatro español en la segunda mitad del s. XX. En 1939 termina la Guerra Civil y comienza una nueva época literaria; durante ese periodo se da la dictadura de Franco hasta su muerte en 1975 y, posteriormente, la proclamación de Adolfo Suárez como presidente del Gobierno. En la segunda mitad de los años cincuenta surgieron diversos dramaturgos de la llamada generación realista con la intención de exponer las injusticias y contradicciones de la sociedad española de la época. Sin una ideología concreta, sentían inclinación por un teatro crítico, comprometido y testimonial. Predominaron las angustias existenciales al principio y, después, las inquietudes sociales que también adquirieron importancia en la poesía, el cine y la narrativa de la época.
Entre estas obras y autores destacan Antonio Buero Vallejo y Alfonso Sastre, que funda en 1950 el TAS (Teatro de Agitación Social) y en 1960 el GTR (Grupo de Teatro Realista).
Antonio Buero Vallejo (1916-2000)
Antonio Buero Vallejo nace en Guadalajara en 1916. Se aficionó a la biblioteca paterna y mostró interés por la música y la pintura (desde los cuatro años pintaba). Su padre lo llevaba al teatro y, con nueve años, dirigía representaciones en un teatrillo de juguete. En 1932 recibe un premio literario para alumnos de enseñanzas medias y magisterio por una narración. Una obra permaneció inédita hasta 2011. Escribe unas Confesiones que luego destruye.
En 1934 la familia se traslada a Madrid; él ingresa en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, alternando con asistencias al teatro y la lectura. Fue detenido en mayo/junio de 1939 y condenado a muerte junto con compañeros por «adhesión a la rebelión»; tras ocho meses la pena se conmuta a treinta años. Pasa por diversas cárceles y sale en libertad condicional desde el penal de Ocaña, quedando desterrado en Madrid.
A principios de marzo de 1946 se hace socio del Ateneo y publica dibujos en revistas, aunque la escritura narrativa y dramática le atrae más. Sobre la ceguera escribe su primer drama, En la ardiente oscuridad, en agosto de 1946; Historia despiadada y Otro juicio de Salomón en 1948 (algunas de estas obras las destruye). Entre 1947 y 1948 escribe Historia de una escalera, inicialmente titulada La escalera. Gana el premio Lope de Vega y se estrena en octubre de 1949.
En los años setenta logra estrenar piezas a pesar de la censura. En 1964 la censura prohíbe La doble historia del doctor Valmy, un alegato contra la tortura, que no se representa hasta 1976, después de la dictadura. Es nombrado miembro de número de la Real Academia Española en 1971, ocupando el sillón «X». Fue galardonado con el Premio Cervantes en 1986 y con el Premio Nacional de las Letras Españolas en 1996. Fallece en el Hospital Ramón y Cajal de Madrid por un paro cardiorrespiratorio el 29 de abril de 2000, a los 83 años.
Características de las obras dramáticas de Buero Vallejo
Las obras de Buero Vallejo presentan rasgos diversos que podemos sintetizar en los siguientes apartados:
A. Teatro simbolista
En la ardiente oscuridad representa un crudo enfrentamiento con una realidad que no puede disfrazarse. A través de la tara física de la ceguera, simboliza las limitaciones humanas: la imperfección y la carencia de libertad para comprender el misterio de nuestro ser y nuestro destino en el mundo. El hombre no es libre porque no puede conocer los misterios que le rodean.
B. Criticismo social
Las obras analizan la sociedad española con sus injusticias, mentiras y violencias. Ejemplos destacados son Historia de una escalera, El tragaluz y Las cartas boca abajo. En la ardiente oscuridad y otras piezas son consideradas entre las obras más importantes del teatro de la época por su carácter trágico y su denuncia de las condiciones sociales de vida. Estas obras causaron gran impacto por su realismo y contenido social: plantean la imposibilidad de los individuos de mejorar materialmente debido a la situación social y a la falta de voluntad colectiva.
C. Dramas históricos
Buero toma materiales del pasado histórico como trampolín, espejo o mina de significaciones para el presente, y como modelos en el sentido que la sociología da al vocablo. Ejemplos: Un soñador para el pueblo, Las meninas, El concierto de San Ovidio y El sueño de la razón.
Características de los personajes de Buero
Los personajes presentan alguna tara física o psíquica, pero no se reducen a simples esquemas o símbolos: son caracteres complejos que experimentan procesos de transformación a lo largo de la obra. La crítica los distingue entre personajes activos y contemplativos.
Historia de una escalera
Gracias al premio Lope de Vega pudo estrenarse una obra que tuvo gran éxito y que inauguró la larga y fecunda carrera teatral de Buero Vallejo. Por primera vez después de la guerra se llevó a escena un fragmento de realidad que no tenía nada que ver con el teatro burgués y se enmarca dentro de la corriente literaria del realismo social, que dominaría la década posterior.
El realismo social pretendía presentar los conflictos de una sociedad aplastada por la pobreza, las diferencias sociales y la falta de expectativas. Aunque con la limitación de la censura franquista, canalizó la literatura de aquellos escritores que se oponían al régimen. Sus principios estéticos son la verosimilitud, el acercamiento a lo cotidiano y el espíritu crítico frente a una realidad insatisfactoria.
Espacio y tiempo
El espacio es único y permite la multiplicidad de personajes: la escalera de vecinos con cuatro puertas en cuatro pisos, donde conviven, a lo largo de la obra, tres generaciones de personajes entrecruzados. La acción se articula en tres momentos concretos de la vida de la escalera, separados por dos grandes elipsis temporales: en el segundo acto transcurren diez años y en el tercero, veinte años más. Los personajes han cambiado —algunos mueren y nacen nuevos miembros— pero la escalera sigue intacta. La escalera, inmóvil en su pobreza, es símbolo de la imposibilidad de escape; los personajes están sujetos física y moralmente al espacio del que desean huir.
Acotaciones
Historia de una escalera es una obra clásica donde las acotaciones tienen un papel importante. Además de su carácter narrativo, describen a los personajes y marcan su evolución a lo largo del tiempo. Van más allá de la simple indicación para el director: son descripciones físicas y etopéyicas que señalan el carácter y el sentido profundo del personaje.
Resumen
Es una obra de carácter colectivo que se articula argumentalmente en torno a cuatro personajes: Fernando, Urbano, Elvira y Carmina. Su relación (y la prolongación de la misma en los hijos más tarde) forma el esqueleto argumental de la obra; los demás personajes son secundarios. El desvío del primer acto (la relación amorosa entre Fernando y Carmina) determina el fracaso futuro: la frustración y el rencor que invaden a los personajes.
En el tercer acto se produce la repetición de la historia de los padres en los hijos: el final de la obra presenta un diálogo idéntico al de los padres —entre el hijo de Fernando y la hija de Carmina— que apunta al eterno retorno y a la reiteración de ilusiones y fracasos. La debilidad de Fernando y su acomodamiento a un matrimonio de conveniencia con Elvira condicionan la trama, provocando un emparejamiento equivocado; además del aspecto social, Fernando y Urbano son incapaces de cumplir sus sueños de mejora. Las historias de otros personajes envuelven la historia central de forma similar. Son peripecias vitales marcadas por la pobreza y el fracaso, pero no exentas de humanidad y ternura; aparecen personajes como Rosa y Trini que no han sido envilecidos por el desastre de sus vidas.
Temas
El tema central parece ser la historia de un fracaso sentimental, pero la obra tiene una mayor profundidad temática: presenta la frustración y el fracaso de vidas determinadas socialmente por la pobreza y la imposibilidad del cambio. Plantea el conflicto entre el idealismo y la realidad, con la idea de que la realidad siempre impone aspectos negativos. Tiene, en líneas generales, un mensaje profundamente pesimista.
Contexto histórico (Josefina): consolidación y muerte del franquismo
Desde mediados de los años cincuenta, España fue superando las dificultades económicas de la posguerra. En ello fue fundamental el contexto internacional dominado por la lógica bipolar de la Guerra Fría, que permitió a la dictadura integrarse entre los países de la órbita estadounidense. Llegaron acuerdos con Estados Unidos cuyas aportaciones económicas fueron importantes en el inicio de la recuperación.
La década de 1960 fue un período de desarrollo económico, reforzado por la llegada masiva de turistas y por las divisas enviadas por los españoles emigrados a otros países europeos. Este despegue económico coincidió con una mayor represión contra las fuerzas opositoras. La mejora económica vino acompañada de una crisis política y social de la dictadura, acentuada por una creciente oposición al régimen. Con la muerte de Franco en 1975, los intentos de perpetuar la dictadura tuvieron que enfrentar las demandas sociales a favor de la democracia.
Democratización de España
El franquismo intentó perpetuarse en el poder, pero el rey Juan Carlos I como jefe de Estado y Adolfo Suárez como presidente abrieron el camino a la Transición, simbolizada por la Constitución de 1978. Su aprobación no supuso la culminación total del proceso, sino que la democracia tuvo que afrontar las consecuencias de la crisis económica y la intensificación de la violencia tanto de extrema derecha como del terrorismo separatista de ETA. Aun así, la democracia logró estabilizarse; a ello contribuyó la integración del país en la OTAN y la entrada en la Comunidad Europea.
Las victorias electorales del PSOE y del PP evidenciaron la madurez del régimen democrático español, capaz de asumir la alternancia política de forma pacífica. España experimentó transformaciones sociales y económicas similares a las de otros países occidentales: incremento del consumo, liberalización de costumbres y aumento de la diversidad cultural. Sin embargo, las dificultades económicas y sociales no desaparecieron. El desempleo y la desigualdad social fueron dominantes en las últimas décadas, especialmente durante la crisis económica de 2008, momento en el que se hicieron evidentes problemas estructurales de la economía española y las cifras de paro y pobreza se dispararon.
