Poesía española (1939–1970) y novela contemporánea (1975–actualidad): tendencias, autores y obras representativos

La poesía desde 1939 a los años 70: tendencias, autores y obras representativos

En España, con el final de la Guerra Civil (1936–1939), comienza una durísima posguerra en la que el desarrollo de la literatura se ve obstaculizado por factores como la miseria, el aislamiento internacional del nuevo régimen, la censura, la promoción desde el poder de un arte impregnado de la ideología nacional‑católica y el exilio o la muerte de buena parte de los maestros.

Poetas del exilio

Hay que mencionar, primero, los poetas del exilio, pertenecientes a diversas generaciones: del 98 (Antonio Machado, que fallece en 1939), del novecentismo (Juan Ramón Jiménez, León Felipe), del 27 (Salinas, Rafael Alberti, Vicente Aleixandre, Luis Cernuda, Gerardo Diego, etc.). Su tema central fue la patria perdida: al principio con actitud de testimonio y rechazo (por ejemplo, Español del éxodo y del llanto, de León Felipe); después prevaleció una serena nostalgia (por ejemplo, Retornos de lo vivo lejano, de Rafael Alberti); y, más adelante, se fue recuperando el mundo interior del poeta.

Años cuarenta: poesía testimonial

La nota dominante en los poetas de los cuarenta será la preocupación por los problemas del hombre. Estos poetas se ven marcados en su formación por la Guerra Civil y constituyen la llamada Generación del 36. Uno de sus máximos representantes es Miguel Hernández. Se trata de una generación (según Dámaso Alonso) en la que podrían diferenciarse dos tendencias: la poesía arraigada y la poesía desarraigada.

Poesía arraigada

La poesía arraigada es la de quienes, próximos ideológicamente al régimen, se muestran firmemente instalados en el mundo y practican una poesía formalmente armónica, de resonancias clásicas, con métrica tradicional y temas intimistas, religiosos, paisajísticos, etc.

Poesía desarraigada

La poesía desarraigada demuestra, con lenguaje directo y a veces desgarrado, un malestar de raíz existencial, aunque derivado también de las terribles circunstancias históricas (aunque no pudieran expresarlo abiertamente). Estos poetas transmiten su angustia ante la muerte, la destrucción, el vacío existencial y el silencio de Dios ante el sufrimiento humano.

En cuanto a su estilo, practican una mayor libertad métrica, utilizan una lengua literaria cercana al habla coloquial y recurren a la sintaxis corta y el verso desgarrado. Tendencia iniciada con Hijos de la ira, de Dámaso Alonso, un gran grito de protesta que sorprende por su lenguaje crudo y malsonante. Otros autores son Blas de Otero (Ángel fieramente humano), Victoriano Crémer y Eugenio de Nora.

Años cincuenta: poesía social

A finales de los cuarenta surge en España una poesía en la que asistimos a una evolución del yo al nosotros. Esta tendencia se inicia con Historia del corazón, de Vicente Aleixandre.

Sus características principales son: el deseo de llegar a la “inmensa mayoría” para denunciar las injusticias y transformar la sociedad (por tanto, la poesía debe ser un reflejo fiel de la sociedad); ya no interesan los problemas íntimos y existenciales, sino que la poesía debe reflejar los problemas colectivos (la solidaridad con obreros y campesinos, la represión política, la lucha por la libertad…); el lenguaje poético es claro, directo, sencillo y accesible a todos.

Los principales autores son, entre otros, Blas de Otero (Pido la paz y la palabra), Gabriel Celaya (Cantos iberos) y José Hierro.

Finalmente, la poesía social empieza a dar síntomas de agotamiento a principios de los años sesenta. Sus autores no consiguen llegar a la “inmensa mayoría” y comienzan a ser cuestionados por nuevas promociones de poetas.

Años sesenta: poesía del conocimiento

La promoción de los sesenta es un grupo de poetas nacidos entre 1925 y 1938 que renuevan la poesía española en esa década. Algunos críticos los llaman poetas “del medio siglo”; otros hablan de “Generación del 50”. Son poetas que no están tan marcados por la Guerra Civil, pues la vivieron en su infancia.

La poesía deja de ser ante todo comunicación (como en los poetas de la poesía social) para ser conocimiento. Entre sus características están un mayor énfasis en lo personal que en lo colectivo (se basan muchas veces en experiencias propias, aunque no quieren caer en patéticas confesiones); a su vez, se distancian de los propios sentimientos mediante el humor y la ironía; adoptan una actitud inconformista y escéptica (dudan de la capacidad de la poesía para transformar el mundo); tratan temas como la infancia y la adolescencia como un paraíso perdido; el paso del tiempo y la nostalgia por la brevedad de la vida; el amor; la amistad; la crítica de la situación española desde posiciones autobiográficas; la reflexión sobre la poesía.

Para ello, consideran que es necesario enriquecer el lenguaje, partir del discurso conversacional para someterlo a elaboración artística. En métrica, tienden al verso libre y a algunas formas tradicionales (endecasílabo, heptasílabo, pentasílabo).

Poetas: Ángel González, Jaime Gil de Biedma, José Agustín Goytisolo, José Ángel Valente, Claudio Rodríguez, José Manuel Caballero Bonald.

La novela desde 1975 hasta nuestros días: tendencias, autores y obras representativos

Varios son los aspectos que influyen en la narrativa española a partir de 1975. Por una parte, se produce el cansancio de la novela experimental previa, que lleva a los narradores a querer recuperar el placer de contar historias. En esta línea surge con fuerza la novela de intriga o novela negra.

Por otro lado, con la llegada de la democracia a España se abren posibilidades prohibidas hasta entonces, como la novela política o la novela histórica que revisa la versión oficial de la Guerra Civil y sus consecuencias.

Por último, la narrativa española contemporánea se caracteriza por su enorme variedad. De hecho, conviven en el panorama literario novelistas importantes de toda la posguerra (Miguel Delibes, Camilo José Cela…) con otros procedentes de la novela experimental (Juan Marsé, Luis Martín‑Santos…) y otros que se empiezan a conocer ya después del franquismo (Eduardo Mendoza, Juan José Millás, Soledad Puértolas, Manuel Vicent, Julio Llamazares, Javier Marías, Rosa Montero, Antonio Muñoz Molina, Luis Landero…).

La renovación de la narrativa en los 70 se inicia con Gonzalo Torrente Ballester (La saga/fuga de J.B.), autor que marca la recuperación del arte de contar historias como base de la novela. Destaca otra novela en la configuración de la nueva fórmula narrativa: La verdad sobre el caso Savolta, de Eduardo Mendoza.

Los escritores jóvenes vuelven a considerar la trama y el argumento como el eje de la novela y abandonan paulatinamente la complejidad experimental. Comienza, pues, una nueva época para la novela española, en la que se observan muy diversas tendencias. Destacaremos las principales:

Principales tendencias

Novela poemática

  • Aspira a difuminar las fronteras con el género lírico.
  • Este tipo de narrativa se centra en la búsqueda personal y la reflexión sobre la propia existencia; no hay imitación de la realidad; sus personajes son insondables, mitos, símbolos; el lenguaje es más sugerente que referencial.
  • Obras representativas: Mazurca para dos muertos, de Camilo José Cela; La lluvia amarilla, de Julio Llamazares; La sonrisa etrusca, de José Luis Sampedro.

Novela histórica

Plantea la recuperación de hechos históricos desde distintos puntos de vista.

Se pueden citar como ejemplos: El hereje (1998), de Miguel Delibes; la trilogía Martín Ojo de Plata, de Matilde Asensi; El tiempo entre costuras, de María Dueñas; así como la saga protagonizada por el capitán Alatriste, de Arturo Pérez‑Reverte, ambientada en el Siglo de Oro. También en los últimos años son frecuentes las novelas históricas contextualizadas en épocas cercanas, especialmente en la Guerra Civil, como La voz dormida (2002), de Dulce Chacón; El corazón helado o la serie de novelas sobre la guerra civil de Almudena Grandes (Episodios de una guerra interminable); o los relatos breves que componen Los girasoles ciegos, de Alberto Méndez.

Novela de memorias y autoficción

Caracterizada por utilizar la vida real del escritor como materia novelable. En estos relatos autobiográficos se difumina la frontera entre realidad y ficción. Obras representativas son Soldados de Salamina, de Javier Cercas; La negra espalda del tiempo, de Javier Marías; y París no se acaba nunca, de Enrique Vila‑Matas.

Novela policíaca y de intriga

Eduardo Mendoza, con La verdad sobre el caso Savolta, inaugura esta prolífica línea. Le siguen otros títulos del mismo autor como El misterio de la cripta embrujada o La aventura del tocador de señoras, entre otras. En la misma tendencia podemos situar a Manuel Vázquez Montalbán, autor de una serie protagonizada por el detective privado Pepe Carvalho; a Antonio Muñoz Molina (Plenilunio); a Carlos Ruiz Zafón con La sombra del viento; o las recientes novelas de Dolores Redondo (El guardián invisible).

Afterpop o generación “Nocilla”

Una nueva generación de narradores nacidos en torno a los setenta parece encabezar un giro novelístico. Se trata de un grupo de escritores agrupados por la crítica y en los que se percibe el influjo de la estética híbrida y fragmentaria de las nuevas tecnologías (blogs, YouTube, Facebook, chats…). Entre estos narradores podemos incluir a Agustín Fernández Mallo (a los títulos de sus novelas se debe el nombre de esta generación: Nocilla Experience, Nocilla Dream), o Javier Calvo.

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