La novela española desde la posguerra hasta la Transición: evolución, corrientes y obras clave (1939-1978)

Situación social y económica tras la Guerra Civil

La situación social y económica tras la Guerra Civil es desoladora: muerte, exilio y represión marcan la novela; supone un corte profundo con la tradición anterior. Se abandonan las tendencias renovadoras y experimentales. Entre los factores que explican la escasa renovación novelística destacan:

  1. Aislamiento político internacional.
  2. Exilio de escritores.
  3. Existencia de una rígida censura que conduce a una conciencia de autocensura; estaban prohibidas las novelas sociales de preguerra y las obras de exiliados.
  4. Ausencia de traducciones de las grandes novelas europeas.

La novela en los años cuarenta

Los años cuarenta en la novela son una época de búsquedas y tanteos; el referente más claro es Baroja. Los autores del bando vencedor plasman los ideales del régimen: Sánchez Mazas, Rafael García Serrano, Gironella, entre otros. El realismo tradicional da lugar a las llamadas novelas-río, muy extensas; ejemplo de ello son autores como Zunzunegui e Ignacio Agustí (Mariona Rebull).

Una corriente característica de los años cuarenta, en la posguerra, recoge un tono existencialista. La renovación llega con dos obras decisivas: La familia de Pascual Duarte (Camilo José Cela, 1942), que inaugura el tremendismo, y Nada (Carmen Laforet, 1945).

En estas novelas se desarrollan dos temas principales: la incertidumbre de la existencia y la dificultad de comunicación entre las personas. Los personajes muestran conductas violentas, están angustiados e indecisos; cuentan con una memoria atormentada y reconstruyen el pasado en forma autobiográfica, con un lenguaje coloquial y, en muchos casos, una estructura tradicional. Las vidas se sitúan tanto en ambientes urbanos, como en Nada, como rurales, donde la violencia aparece como un modo natural de actuar (por ejemplo, Pascual Duarte).

Incluimos también a Miguel Delibes, autor de La sombra del ciprés es alargada. En los años cincuenta la admisión de España en la ONU supone una cierta aceptación del régimen en el exterior, menor aislamiento y mejores condiciones de vida.

Realismo social

La tendencia principal a partir de la posguerra es el realismo social, cuyo propósito es dar testimonio de las condiciones de vida de los españoles. La colmena de Cela es una novela pionera: presenta un protagonista colectivo —unos trescientos personajes— que viven en un mundo inhabitable, marcado por el aburrimiento y el hambre. La estructura es caleidoscópica: breves secuencias reflejan la realidad madrileña en dos días del invierno de 1942, con desorden cronológico. La técnica narrativa predominante es el diálogo, con una mínima intervención del narrador, que narra sólo aquello que enfoca.

Los autores muestran un talante antiburgués, crítico e inconformista. Se distinguen dos corrientes estéticas principales:

  1. Objetivismo: el narrador objetivista refleja el comportamiento externo y las palabras de los personajes sin valoración.
  2. Realismo crítico-subjetivo: incorpora la ideología y la denuncia social desde una perspectiva más comprometida.

Los temas recurrentes son la soledad, el fracaso y la alienación individual y colectiva; los personajes mantienen un conflicto permanente con su entorno. La técnica narrativa dominante es el diálogo coloquial.

Entre los narradores objetivistas destacan: R. Sánchez Ferlosio (El Jarama), I. Aldecoa (El fulgor y la sangre) y Carmen Martín Gaite (Entre visillos). Los autores del realismo crítico son, entre otros, Juan Goytisolo (El mañana efímero), J. M. Caballero Bonald (Dos días de septiembre) y A. Grosso (La zanja).

Renovación en los años sesenta

En los años sesenta se producen cambios significativos en la sociedad española como consecuencia de la mejora de las condiciones económicas (turismo y emigración) y de la subida al poder de los «tecnócratas». Se suprime la censura previa y la renovación del Concilio Vaticano II incide en el cambio social.

A principios de década hay una importante renovación de la novela, a la que contribuyen obras como La ciudad y los perros de Vargas Llosa, el mayor conocimiento de la narrativa extranjera y la voluntad de renovar el lenguaje narrativo.

Tres obras muestran el cambio en la narrativa: aunque mantienen historias sociales, la preocupación por la forma se hace más relevante. Se trata de Tiempo de silencio (Luis Martín-Santos), Señas de identidad (Juan Goytisolo) y Cinco horas con Mario (Miguel Delibes). Los críticos señalan el año 1962 como un punto esencial en la evolución de la narrativa española con la publicación de Tiempo de silencio, obra fundamental y rupturista que deja atrás definitivamente el realismo social. Se destaca la originalidad en el tratamiento temático, la asimilación de técnicas y recursos vanguardistas y la renovación del lenguaje.

A partir de 1962, la experimentación estructural y lingüística se compagina con el compromiso cívico y social.

Características de la novela experimental

  • El argumento se relega a un segundo plano y hay cabida para lo fantástico y lo onírico.
  • Los personajes buscan su identidad y suelen fracasar.
  • Riqueza lingüística y renovación de las técnicas narrativas: organización en secuencias, saltos temporales, fragmentarismo, finales abiertos, perspectivismo y uso del estilo indirecto libre y del monólogo interior.

En esta renovación participan también autores como Cela (San Camilo, 1936), Delibes (Cinco horas con Mario) y Gonzalo Torrente Ballester (La saga/fuga de J. B.).

La Transición y la narrativa de los años setenta

Los años setenta traen una gran transformación de la sociedad española con la muerte de Franco en 1975 y la actuación del rey Juan Carlos I: fin de la censura, libertad de prensa, vuelta de los exiliados, Constitución de 1978, elecciones y democracia.

La narrativa comienza a moderar el ímpetu experimental —que exige un lector minoritario— y tiende a tender puentes con la novela realista tradicional y con otros géneros considerados menores, como la novela negra o la ciencia ficción. Vuelve el interés por contar una historia; los temas se vuelven más intimistas y cosmopolitas y se recupera el gusto por el relato lineal, lo que acerca esta novela al gran público.

La obra emblemática de este momento es La verdad sobre el caso Savolta, publicada en 1975 por Eduardo Mendoza.

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