Introducción al Teatro Español del Siglo XX
El principio del siglo XX se caracterizó en Europa por una revolución teatral, tanto en los argumentos de las obras como en su tratamiento y expresión. En todos los países aparecen autores que dan lugar a nuevas corrientes, como el noruego Henrik Ibsen, el ruso Antón Chéjov o el irlandés Oscar Wilde. Sin embargo, esto no se corresponde con lo que ocurre en España, donde sigue triunfando el teatro decimonónico. Las causas de esta situación son diversas:
- Por una parte, estaban los empresarios, poco dispuestos a invertir su dinero en obras que no tuvieran un éxito asegurado.
- Por otra, los actores de gran prestigio exigían obras escritas para su lucimiento, con lo que prolongan el estilo del drama postromántico y de la alta comedia del siglo XIX.
- Además, el público que asistía al teatro no demandaba cambios espectaculares; más bien aspiraba a ver reflejados sus problemas y aspiraciones. De hecho, las obras más innovadoras de esta época no se pusieron en escena hasta décadas más tarde.
1. El Teatro Comercial anterior a 1939
La Comedia Burguesa o Benaventina
La comedia burguesa, también llamada «benaventina» por su creador Jacinto Benavente (Premio Nobel de Literatura en 1922), superó los dramas de Echegaray y configuró un nuevo modelo dramático a medida de la burguesía de la época. La comedia burguesa está representada por personajes que pertenecen a una clase social alta y lleva a escena los conflictos propios de una sociedad bien acomodada, tratados con cierta ironía, pero sin cuestionarse el orden social. Destaca como obra más importante: Los intereses creados de Jacinto Benavente.
El Teatro Poético, Histórico-Modernista o en Verso
El Modernismo, que supuso una gran renovación en la lírica a comienzos del siglo XX, no aportó la misma energía en el teatro que en otros géneros. En cuanto a los temas, intentó revitalizar los grandes ideales que aparecían en el teatro clásico. Pero a pesar de que el público de la época ansiaba encontrarlos, al estar sumido en la grave crisis que había traído el Desastre del 98, el tratamiento no fue el adecuado y no se consiguió la fuerza dramática de aquellas grandes obras. El lenguaje modernista del teatro no consiguió el esplendor de la poesía, sino que más bien recogió el de un Romanticismo decadente. Entre los autores que cultivaron el teatro modernista destacan: Francisco Villaespesa, Eduardo Marquina y los hermanos Machado.
El Teatro Cómico
A principios del siglo XX está ya asentada, en la literatura, la presencia de las clases populares, aunque evidentemente tratada por autores que pertenecían a la burguesía y con poco o nulo conocimiento real de su situación. Se crean personajes estereotipados: la obrera ingenua, el señorito sin escrúpulos o el pobre honrado, que en el teatro darán lugar a obras en las que la comicidad es el eje de los argumentos.
Estas obras tuvieron una gran aceptación por parte del público, que ya había aplaudido con anterioridad el género chico y el sainete, con los que mantenía ciertos elementos comunes: chistes, situaciones ridículas, costumbres locales o tópicos de diferentes puntos de España. Se trataba de un público sin exigencias artísticas que deseaba solo evadirse.
Asimismo, existían entonces los llamados teatros por horas, que representaban este tipo de obras y necesitaban una gran producción para cubrir la demanda. Era un motivo más para impulsar a los autores a escribir sin preocuparse excesivamente por la calidad de sus obras. En esta tendencia destacan: los hermanos Álvarez Quintero, que crearon una imagen idealizada de Andalucía, y Carlos Arniches, creador de la tragedia grotesca.
2. El Teatro Innovador anterior a 1939
A lo largo de esta etapa hubo muchos intentos de renovación teatral, aunque solo dos dramaturgos consiguieron que su obra fuera reconocida universalmente: Valle-Inclán y García Lorca. No obstante, conviene hacer referencia a otros intentos importantes:
- Dentro de la Generación del 98 destacan Unamuno y Azorín. El primero sobresale por llevar al teatro sus ideas plasmadas en sus novelas y por proyectar en sus personajes sus inquietudes existenciales. El segundo destaca por la incorporación de elementos simbólicos para abordar temas como el paso del tiempo, la llegada de la muerte o la búsqueda de la felicidad.
- En el Novecentismo cabe destacar la obra de Ramón Gómez de la Serna, quien escribió obras teatrales entre las que destaca Los medios seres, cuyo tema es el vacío en la búsqueda de la propia identidad.
- Finalmente, dentro de la Generación del 27, hay que destacar la producción teatral de Rafael Alberti, que escribió un teatro político y combativo (Noche de guerra en el Museo del Prado).
- Además, hay que citar a Alejandro Casona (La sirena varada), Enrique Jardiel Poncela y Miguel Mihura, quienes iniciaron su labor antes de la guerra, aunque su teatro triunfó después de 1939.
Valle-Inclán y la Creación del Esperpento
La obra teatral de Valle-Inclán tiene unas características peculiares, pues, siendo uno de los más importantes dramaturgos españoles desde el Siglo de Oro, ni siquiera vio representada la parte más genial de su producción. Hasta bien avanzado el siglo XX, no se ha comprendido totalmente la modernidad de una obra que se adelantó a su tiempo.
Las obras dramáticas de Valle se distribuyen en varios grupos según su temática y expresión:
- Obras de carácter modernista: El estilo modernista aparece transformado en obras como La enamorada del rey (1920) o Farsa y licencia de la reina castiza (1920). La ironía, el distanciamiento del teatro aceptado por sus contemporáneos y la creación de personajes insólitos convierten a estas piezas teatrales en obras alejadas de convencionalismos y con una fuerte carga crítica.
- Obras de contenido rural: También escribió obras en las que el arraigo rural de una Galicia mítica se mezcla con las pasiones humanas. De ello resultan unos personajes caricaturescos e intemporales. Destacan en este grupo las Comedias bárbaras (1907-1922) y Divinas palabras (1920), drama rural en el que todo es cruel.
- Obras de carácter expresionista: Siguiendo técnicas del arte expresionista que dan lugar al esperpento, podemos situar las siguientes obras: la trilogía escrita entre 1921 y 1927 Martes de carnaval (Los cuernos de don Friolera, Las galas del difunto y La hija del capitán), y sobre todo Luces de bohemia (1920), obra con la que se inaugura el esperpento, modalidad dramática en la que el autor manifiesta su visión de la realidad y de España a través de la deformación y la caricaturización. Con el esperpento, Valle eleva al máximo la expresión de la burla o la parodia.
Federico García Lorca y el Teatro de la Generación del 27
Escribió teatro desde muy joven, aunque fue en los últimos años de su vida cuando se dedicó de forma más intensa. Tiene distintas épocas, acordes con su momento creativo y con las vicisitudes históricas de España y de su compromiso con ellas:
- Época juvenil: En este momento de su vida escribe dos obras que son muy bien recibidas por el público: El maleficio de la mariposa, estrenada en 1920, de espíritu simbolista y en la que expresa la frustración amorosa; y Mariana Pineda, escrita en 1925 y estrenada dos años después.
- Obras de carácter popular e infantil: Lorca se acercó varias veces al teatro infantil y popular, por el que sentía gran fascinación. Escribe varias piezas breves de guiñol, como El retablillo de Don Cristóbal (1931), que son representaciones para amigos más que para el público en general.
- Obras en prosa y en verso: También escribe obras en prosa y en verso, como La zapatera prodigiosa, que retocó varias veces entre los años 1926 y 1933. De la misma época es Doña Rosita la soltera o El lenguaje de las flores (1935); en ellas late el tema de la frustración amorosa.
- Comedias imposibles: Se trata de un grupo de obras teatrales de Lorca que se relacionan con su profunda crisis personal y su encuentro con el Surrealismo, que le hace cambiar de orientación en el teatro. Dos fueron las «comedias imposibles» que el dramaturgo compuso en 1930: El público y Así que pasen cinco años.
- Obras de fuerte contenido trágico: Aquí se incluyen sus obras más conocidas, las tragedias, escritas entre 1933 y 1936. Son obras que parecen ligadas al entorno del autor por el argumento, el ambiente popular y el diseño de los personajes. Estas obras trascienden con su aliento trágico las fronteras del espacio y del tiempo, porque hablan de realidades humanas permanentes:
- Bodas de sangre (1932) se basa en un suceso real: la novia que se escapó con su amante el día de su boda. Pero el tratamiento de la anécdota la convierte en una tragedia clásica donde se oponen con fuerza amor/muerte, opresión/libertad e individuo/sociedad.
- Yerma (1934) es la tragedia de la mujer que no puede tener hijos.
- La casa de Bernarda Alba (1936), subtitulada «drama de mujeres en los pueblos de España». La identificación de la mujer con el drama y la frustración están muy presentes en esta obra. Bernarda Alba impone a sus cinco hijas un aislamiento absoluto por la muerte de su marido. Este exceso da lugar a la tragedia, al enfrentamiento entre autoridad y libertad.
