El Cantar de Mio Cid
El Cantar de Mio Cid narra las hazañas de Rodrigo Díaz de Vivar, nacido en torno a 1043. Tanto la fecha de composición como la autoría han sido objeto de polémica. Ramón Menéndez Pidal, uno de los principales estudiosos de la obra, defendió que el original había sido compuesto hacia 1140 por dos juglares. El poema consta de unos 3.700 versos agrupados en series de versos monorrimos, llamados tiradas. Los versos son irregulares en cuanto al número de sílabas (14 y 16) y están divididos en dos hemistiquios por una fuerte pausa o cesura. La rima de los versos es asonante.
Asunto y estructura
El Cantar de Mio Cid está formado por tres partes:
- Cantar del destierro: Por razones que no se explican en el poema, el Cid es desterrado por el rey Alfonso VI de Castilla. Tras atravesar la ciudad de Burgos, deja a su mujer Jimena y a sus hijas en el monasterio de San Pedro de Cardeña y marcha hacia tierra de moros. Allí emprende diversas correrías que le proporcionan a él y a sus mesnadas pingües beneficios, que empleará en recuperar el favor del rey.
- Cantar de bodas: El Cid conquista Valencia y logra el perdón del rey. La toma de esta ciudad, en poder de los musulmanes, marca el clímax bélico del poema. El rey concierta las bodas de doña Elvira y doña Sol, las hijas del Cid, con los infantes de Carrión; a pesar de que el héroe recela de este matrimonio, lo acepta por lealtad al monarca.
- Cantar de la afrenta de Corpes: Los infantes de Carrión dan diversas muestras de cobardía, por lo que sufren el escarnio de los hombres del Cid. Ofendidos, los infantes deciden partir de Valencia con sus esposas. Por el camino se detienen en un robledal, donde azotan a las dos mujeres y las abandonan como venganza. El Cid pide justicia al rey y éste convoca Cortes en Toledo; allí se juzga y se condena a los infantes, que son derrotados en duelo. El cantar concluye con el anuncio de nuevas bodas de doña Elvira y doña Sol con los hijos de los reyes de Aragón y Navarra.
El tema básico del cantar es la recuperación del honor del protagonista. El destierro supone la pérdida del honor público, que Rodrigo recobra mediante la conquista de Valencia, merced a la cual consigue el perdón real. Una vez en la cima de su poder político, la humillación y abandono de sus hijas le lleva a perder su honor privado, que restaura con creces gracias al anuncio de la boda de sus hijas con hijos de reyes. El Cantar de Mio Cid destaca por el realismo en la descripción de la vida guerrera, la mesura con la que se dibujan personajes y acciones, y el tono optimista que domina en el argumento.
Estilo y lenguaje literario
El Cantar de Mio Cid se caracteriza por la verosimilitud: el texto presenta una historia creíble sin la abundancia de elementos fantásticos de los cantares de gesta franceses. Aunque la figura del héroe se engrandece y se exageran sus cualidades, el protagonista se presenta como un ser humano. Con respecto al lenguaje, en el poema se emplean numerosas fórmulas fijas, propias de los cantares de gesta; son expresiones que se repiten de manera regular, apelando al oyente o introduciendo determinadas acciones. Entre esas fórmulas fijas destacan los epítetos épicos, que permiten renombrar e identificar a los personajes mediante una cualidad. Así, al Cid se le llama “el que en buena hora nació” o “el que en buena hora ciñó espada”.
Jorge Manrique: Las Coplas
Jorge Manrique (1440-1479) nació en Paredes de Nava. Fue el prototipo del caballero castellano, dedicado a la milicia y a las letras. Perteneció al bando de Isabel la Católica en la lucha sucesoria que siguió a la muerte de Enrique IV y halló la muerte combatiendo por esa causa. Autor de varias composiciones de asunto amoroso que siguen con fidelidad los patrones del género cancioneril, sin embargo, debe su fama a la obra: Las coplas, escritas a la muerte de su padre, don Rodrigo Manrique, maestre de Santiago.
Temas y estructura de las coplas
Las coplas constituyen una elegía en la que se combinan diversos elementos tradicionales de una manera original. El poema suele dividirse en tres partes:
- En la primera se habla en abstracto sobre la muerte.
- A continuación, el poeta se detiene en la evocación de personajes históricos.
- Por último, se aborda el fallecimiento del maestre Rodrigo, escena que se presenta como un diálogo entre la muerte y el padre del poeta.
Jorge Manrique expresa con lucidez la fugacidad de la vida y el poder irremisible de la muerte, que acecha a todos por igual. Pero lo hace sutilmente, sin convocar ante la vista el horror y la podredumbre de la destrucción. La pérdida de los bienes temporales que conlleva la muerte provoca en el poeta una evocación nostálgica, en la que se aprovecha el tópico del “Ubi sunt?” (¿dónde están?) para pasar revista a los bienes perdidos. La atención al detalle sensorial sugiere más el gozo vital que la actitud cristiana de desprecio ante los bienes terrenos.
Aspectos formales
La composición entera está presidida por una gran sobriedad: la sencillez predomina tanto en el lenguaje como en la forma métrica. La elegía está formada por cuarenta estrofas denominadas coplas de pie quebrado o manriqueñas; cada estrofa se compone de dos sextillas que siguen este esquema: (8a 8b 4c – 8a 8b 4c / 8d 8e 4f – 8d 8e 4f). Esta austeridad formal se corresponde con una sencillez expositiva que va de lo general a lo particular, y en la que no tienen cabida los adornos retóricos ni las complicadas visiones alegóricas.
