El Novecentismo y la Generación del 14
El novecentismo, también llamado generación del 14, es un movimiento cultural situado cronológicamente entre el modernismo y la generación del 98, por un lado, y la generación del 27, por otro. Se adscriben intelectuales provenientes de distintos ámbitos del saber que desarrollan su labor al tiempo que en Europa se extienden las vanguardias.
Los autores heredan de la generación del 98 su preocupación por los problemas de España, pero intentan analizarlos de forma objetiva y lógica. Participan en la vida política y proponen soluciones para la modernización del país fijándose en Europa como modelo de progreso. Desde el punto de vista estético, defienden un arte que no imite la naturaleza ni refleje las emociones, alejado del realismo decimonónico y del sentimentalismo romántico; se trata de un arte puro, intelectual, con obras que huyen de la improvisación y cuya finalidad es el placer estético; un arte selectivo al alcance de una minoría.
El ensayo y la figura de Ortega y Gasset
La mayoría de los autores de la generación del 14 cultivaron el ensayo por facilitar la transmisión de su ideario intelectual y estético. Ortega y Gasset, referente del ensayo de la época, fundó la Revista de Occidente, vehículo de expresión para los intelectuales del momento. Además de tratar temas filosóficos, Ortega reflexionó sobre múltiples aspectos de la realidad. Algunos temas son la regeneración de España en España invertebrada, donde plantea la europeización como única solución para el país, o La rebelión de las masas, donde defiende la dirección del país por una élite de individuos preparados; el nuevo arte puro fue el protagonista de La deshumanización del arte, en la que propone utilizar el arte para producir objetos estéticos; y la literatura con nuevos conceptos de género, novela o el estudio de obras concretas.
Eugenio d’Ors y la prosa novecentista
Eugenio d’Ors también impulsó las novedades estéticas y fue el ideólogo del noucentisme, movimiento opuesto al modernismo y renovador de la política y cultura en Cataluña. Una parte importante de su prosa la publicó en una nueva forma de ensayo periodístico llamado glosa, que consistía en una breve reflexión centrada en el ambiente cultural y político de la época. Las glosas fueron recopiladas en libros como Glosari y Nuevo glosario. Su estilo es claro y el tema principal de su obra es la crítica cultural y del arte a partir de su defensa del arte racional, deshumanizado, sin sentimentalismos y sereno.
La narrativa novecentista
En la novela, los autores novecentistas buscan superar los patrones narrativos del realismo y el tono de angustia de los autores del 98. Lo consiguen en relatos impregnados de lirismo e intelectualismo:
- Gabriel Miró: Presenta una actitud crítica y reflexiva heredada del 98 y un estilo lírico y formalista con influencia modernista. Destacan Nuestro padre san Daniel y su continuación, El obispo leproso.
- Ramón Pérez de Ayala: Sus novelas autobiográficas (AMDG, La pata de la raposa), poemáticas (Prometeo) e intelectuales (Tigre Juan, Belarmino y Apolonio) muestran una evolución constante.
- Otros autores: Wenceslao Fernández Flórez (El bosque animado), Concha Espina (La esfinge maragata) y Manuel Azaña (El jardín de los frailes).
Juan Ramón Jiménez: La poesía esencial
Juan Ramón Jiménez pertenece cronológicamente a la generación del 14; sin embargo, desarrolló una obra poética muy personal. Su itinerario poético se basa en una búsqueda constante de la poesía desnuda, esencial. En su producción pueden observarse varias etapas:
- Poesía sensitiva: Influencia modernista (Ninfeas, Arias tristes).
- Afán de conocimiento: Expresión desnuda y pura (Eternidades, Diario de un poeta recién casado).
- Conciencia interior: Poesía esencial donde fusiona lo real con lo trascendental (La estación total, Animal de fondo).
También compuso prosa poética, como Platero y yo, con crítica social y defensa de la sensibilidad popular.
La narrativa española tras la Guerra Civil
El desarrollo de la prosa española se vio profundamente afectado por la Guerra Civil y la censura. Se distinguen varias etapas:
Década de los 40: Novela idealista y existencial
La novela idealista ensalza los valores tradicionales (Javier Mariño de Torrente Ballester) o busca la evasión. La novela existencial refleja la miseria y el desarraigo: Nada (Carmen Laforet), La familia de Pascual Duarte (Camilo José Cela) y La sombra del ciprés es alargada (Miguel Delibes).
Década de los 50: Realismo social
Se busca un testimonio crítico de la vida española. Destacan La colmena (Cela), El Jarama (Sánchez Ferlosio), Entre visillos (Martín Gaite) y El camino (Delibes).
Década de los 60: Novela experimental
Se incorporan técnicas como el monólogo interior, la cronología desordenada y el punto de vista múltiple. Autores clave: Luis Martín Santos (Tiempo de silencio), Juan Marsé, Juan Goytisolo y Juan Benet. También destaca la labor de los exiliados como Rosa Chacel, Ramón J. Sender y Max Aub.
Teatro contemporáneo: ‘Los ochenta son nuestros’
La obra de Ana Diosdado (1985) se encuadra en el realismo crítico. A través de un grupo de jóvenes en una fiesta de Año Nuevo, la autora explora la transición española, la lucha de clases, la libertad y la incertidumbre ante el futuro, cuestionando la madurez de una generación frente a los nuevos problemas sociales.
Las Vanguardias
Movimientos que rompen con la tradición buscando la originalidad y la experimentación:
- Futurismo: Exalta la velocidad y la máquina.
- Cubismo: Descompone la realidad mediante formas geométricas.
- Dadaísmo: Rechaza la razón y busca el absurdo.
- Surrealismo: Explora el subconsciente y los sueños.
- Creacionismo y Ultraísmo: Movimientos clave en España e Hispanoamérica (Huidobro, Gómez de la Serna).
