Evolución de la Historia de la Literatura y la Literatura Comparada

1. La Historia de la Literatura

La historia de la literatura aprovecha los materiales de la crítica y los ordena. No solo los clasifica cronológicamente, sino que también los inserta en un contexto mucho más amplio (político, social, cultural, etc.); todo este proceso se conoce como periodización. Los historiadores de la literatura consideran que esta forma parte de la historia de un país. Esto significa que, al estudiar la historia de una nación, no solo se recurre a los sucesos históricos, políticos y sociales, sino también a su producción literaria.

Su mayor esplendor se dio en la última parte del siglo XIX y, sobre todo, en la primera parte del siglo XX, siendo su máximo representante Menéndez Pelayo. Algunos estudiosos fueron más allá y consideraron que, si se pudiera caracterizar la literatura de un país, eso supondría determinar la forma de ser de esa nación. Es decir, si nuestra literatura es fundamentalmente realista, es porque el español también lo es. La historia de la literatura sigue existiendo hoy en día, pero con un carácter principalmente informativo, sobre todo en los llamados manuales de literatura.

2. Origen de la Literatura Comparada

Hasta prácticamente el Romanticismo, la literatura se consideraba como un continuo; es decir, se entendía que había una única literatura con un tronco común: la literatura grecolatina. Esta se manifestaba en distintas lenguas como una sola manifestación artística que estaba por encima del tiempo y del espacio. Con el Romanticismo surge la idea del nacionalismo político. Con esta nueva manera de pensar, se rompe la idea de que la literatura es común a distintas lenguas y países. De alguna manera, cuando surge la literatura comparada, se recupera esa idea original.

Todo esto nace dentro del historicismo francés, aproximadamente en las décadas de 1820 y 1830. Los estudios historicistas se encontraban estrechamente unidos al concepto de nacionalismo. Esta disciplina surge en Francia debido a que a los estudiosos se les ocurrió que era conveniente comparar la literatura francesa con la de otros países, pero no por un interés genuino en las otras culturas, sino para llegar a la conclusión de que la francesa era superior (idea de superioridad).

Una fecha clave para los estudios comparatistas es 1870, año en el que Max Müller publica el ensayo La emigración de las fábulas. En este estudio realiza una especie de árbol genealógico del cuento de la lechera y descubre que dicho relato tiene un origen remoto en la literatura india: el Panchatantra, una célebre colección de fábulas. Estas fábulas recogen el sistema del marco narrativo, pasando de la literatura india a la persa, de la persa a la árabe, de la árabe a la medieval europea, hasta llegar a nuestros días.

3. Las Dos Escuelas Fundamentales

El momento de mayor desarrollo de la literatura comparada se produjo en el siglo XX, período en el que destacaron dos escuelas fundamentales:

  • La escuela francesa: Estrechamente ligada al historicismo. A esta escuela le interesa analizar cómo determinados temas, personajes, motivos literarios, escuelas o movimientos transitan de una literatura a otra, o de una lengua a otra.
  • La escuela norteamericana: Muchos de sus integrantes procedían de Europa (como el español Claudio Guillén) y se aproximaban más al concepto de la teoría de la literatura. Esta escuela se centra, sobre todo, en el concepto de poligénesis, preguntándose por qué ciertos elementos están presentes en literaturas de distintas épocas y lugares cuando no se ha podido demostrar que haya existido contacto entre ellas. Por esta razón, algunos estudiosos como Fokkema sostienen que la teoría de la literatura y la literatura comparada son una misma disciplina que estudia los universales literarios.

4. Evolución en el Siglo XX y Multiculturalismo

Un hito importante para los estudios comparatistas tuvo lugar tras la Primera Guerra Mundial, con la firma del Tratado de Versalles. Este acuerdo consideraba que la manera de mitigar las heridas de la guerra en los distintos países era a través del mutuo conocimiento cultural entre las naciones. Al llegar la Segunda Guerra Mundial se produjo un freno en los estudios comparatistas; sin embargo, tras el conflicto se fundó la UNESCO, organismo dedicado a propagar el saber y la cultura.

A finales del siglo XX, se experimentó un nuevo freno con el auge del multiculturalismo, una corriente ideológica que busca demostrar que la cultura de las minorías blancas y dirigentes no es superior a la de otras minorías. Por tanto, desde la perspectiva del multiculturalismo, la literatura comparada se percibe como una disciplina propia de países imperialistas y colonizadores que buscan imponer su canon estético a otras culturas.

En realidad, la literatura comparada en sí misma representa una utopía. El comparatista domina una gran cantidad de literaturas, tanto en sincronía como en diacronía, movido por un afán universalizador y no colonizador. El novelista René Étiemble afirmaba que «la literatura comparada es algo más que una disciplina literaria. Debe convertirse en una afirmación política de universalismo y apertura histórica e intelectual». Finalmente, la literatura comparada no solo se limita a cotejar obras literarias, sino que también se dedica a relacionar las distintas manifestaciones artísticas (la literatura con el cine, la danza y las bellas artes en general).

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *