Evolución de la Generación del 27 y la Obra de Miguel Hernández

Temas de la generación del 27

  • El amor: el tema amoroso aparece cargado de intensidad, de sentimiento, pero desnudo, desprovisto de todo sentimentalismo.
  • La ciudad: a través de la cual se da cabida a los elementos de la vida moderna. Inicialmente hay una visión positiva de la urbe, pero paulatinamente esta visión se va cargando de elementos negativos. La presencia de la ciudad revela el carácter cosmopolita del 27.
  • El compromiso: inicialmente con la poesía, el arte y el hombre en general; a partir de 1930, el compromiso ha de entenderse desde una perspectiva social y política.

Trayectoria (etapas) de la generación del 27

Primera etapa (etapa de la juventud): Hasta 1927

Se caracteriza por los tonos becquerianos y modernistas, el influjo de las vanguardias y el magisterio de J. R. Jiménez, que les orienta hacia la poesía pura. Predominan las metáforas deslumbrantes. También hay un acercamiento a los clásicos que se observa en libros como Versos humanos de Gerardo Diego, o Cal y canto de Alberti.

Segunda etapa (etapa de madurez): 1927-Guerra Civil

Etapa de madurez. La lírica se rehumaniza gracias, en parte, a la irrupción del surrealismo. Se da importancia a los sentimientos (amor, plenitud, frustración, problemas existenciales…) y su poesía se preocupa de los temas políticos y sociales.

Tercera etapa (etapa de la Guerra Civil y posguerra)

Tras la Guerra Civil, con la muerte de Lorca y el exilio de muchos, la dispersión del grupo hace que cada uno siga su propio camino, aunque mantienen en común el cultivo de una poesía cada vez más humana y preocupada por lo social.

Etapa inicial (de aprendizaje) de Miguel Hernández

Inicios

Después de los tanteos de sus poemas adolescentes, Miguel Hernández siente la necesidad de una rigurosa disciplina poética. Tal propósito coincide con la moda gongorina. Surge así Perito en lunas (1934), compuesto por 42 octavas reales en las que objetos humildes y usuales son sometidos a una elaboración metafórica hermética y deslumbrante.

Pero, de la misma época son otros poemas en que, al lado de experiencias semejantes, se observa a veces un lenguaje más suelto, más cordial, preludio de su madurez poética (así, el apasionado Silbo de afirmación de la aldea).

Etapa de plenitud poética de Miguel Hernández

La plenitud poética de Miguel Hernández se alcanzará con un libro iniciado en 1934 y que se publicará en 1936 con el título definitivo de El rayo que no cesa. En él se ha consolidado su gran tríptico temático: la vida, el amor y la muerte. Pero en el centro, el amor: un anhelo vitalista que se estrella contra las barreras que se alzan a su paso. De ahí esa “pena que tizna cuando estalla”, ese rayo que se clava incesante en su corazón con oscuros presagios de muerte. Amor amenazado, vida amenazada: en todo el libro alienta un poderoso vitalismo trágico.

El libro se compone, sobre todo, de sonetos. Este molde clásico tan riguroso favorece la síntesis entre el desbordamiento emocional y la concentración expresiva. Y el dominio de la forma es tal que lo que el lector percibe es el calor y la fuerza de la palabra.

Pero, aparte de los sonetos, la gran composición del libro es la inolvidable Elegía a Ramón Sijé, escrita en tercetos encadenados y que compone una de las más impresionantes elegías de la lírica española y, acaso, el más alto poema de amistad que se ha escrito.

Etapa bélica y posbélica (guerra y cárcel) de Miguel Hernández

Guerra y cárcel

Durante la guerra, Miguel, como otros, somete su fuerza creadora a sus fines más inmediatos. Así aparece Viento del pueblo (1937), con el que se inicia una etapa de poesía comprometida. Entre cantos épicos, arengas, poesías de combate, destacan poemas de nítida preocupación social (Aceituneros: “Andaluces de Jaén…”). En la misma línea se inscribe El hombre acecha (1939), obra en la que irrumpe un acento de dolor por la tragedia de la guerra.

Finalmente, en la cárcel compone la mayor parte del Cancionero y romancero de ausencias, para la cual se inspira en las formas más escuetas de la lírica popular. Otra vez nos habla del amor: ahora del amor a la esposa e hijo (y es de nuevo un amor frustrado por la separación). Otros temas son su situación de prisionero y las consecuencias de la guerra. De esta época son otros poemas, entre los que destacan las estremecedoras Nanas de la cebolla.

Poesía arraigada y poesía desarraigada

Hace referencia a la obra de aquellos poetas que, provenientes del bando de los vencedores en la guerra, expresan una religiosidad confiada y unos sentimientos estables.

Generación de 1936

Formada por poetas nacidos en torno a 1910, más o menos coetáneos de Miguel Hernández. Su órgano de expresión fue la revista Escorial y muchos de ellos militaron en las filas de la Falange Española. Sus miembros más destacados fueron Luis Felipe Vivanco, Leopoldo Panero, Dionisio Ridruejo y Luis Rosales.

Garcilasistas

Agrupados en torno a la revista Garcilaso, recibieron el nombre de garcilasistas por su preferencia por las formas clásicas de expresión. Estas tendencias tuvieron como temas fundamentales a Dios y la patria, a las que se añade el paisaje castellano como expresión de espiritualidad. El amor es el otro gran núcleo temático. Con los años, aparecerá el tema del paso del tiempo y la soledad del individuo.

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