Teatro español en la posguerra y la transición: contexto y características
Contexto histórico y cultural
Tras la Guerra Civil (1936-1939) y la victoria de los nacionalistas, se impone la dictadura de Franco en España (1939-1975). Tras la posguerra, España se encuentra sumida en crisis, pobreza y miedo. En el ámbito cultural destaca la censura, que prohibió la lectura y publicación de obras extranjeras, y la proliferación de una literatura de carácter nacionalista con temas marcados por la ideología (Dios, patria y familia). El teatro mezcla literatura con espectáculo, lo que lo hace más vulnerable a la censura (obras críticas).
El teatro de la posguerra
El teatro de la posguerra, tras la muerte de algunos dramaturgos (Lorca, Valle-Inclán) y el desinterés por antiguos maestros (Arniches, Benavente), se nutre de piezas de «diversión». Se muestra un teatro deleznable («vaudevilles»). Además, el auge del cine es una razón más de la crisis del teatro. Los autores de posguerra más destacados son Luca de Tena y Edgar Neville, con una alta comedia (teatro benaventino) donde predominan las comedias de salón o los dramas de tesis y por la preocupación por la obra «bien hecha». Por otro lado, dentro del teatro cómico encontramos a Jardiel Poncela y Miguel Mihura, ambos procedentes del teatro absurdo (introducción de humor disparatado y poético).
Nacimiento de un teatro diferente
En oposición con lo citado hasta ahora, hay que situar el nacimiento de un teatro «diferente», inconformista, que en sus inicios se inserta en una corriente existencial. Dos fechas resultan significativas: en 1949 se estrena Historia de una escalera, de Buero Vallejo; y en 1953, un teatro universitario presenta Escuadra hacia la muerte.
Teatro realista de protesta y denuncia
A continuación surge el teatro realista de protesta y denuncia, que no experimenta cambios sustanciales. Junto a un público burgués aparece un público juvenil que pide otro teatro. La vigilancia de la censura se relaja y permite algunos enfoques críticos. Por su temática, se trata de obras muy representativas del teatro social. Todas abordan temas muy concretos: la situación de los obreros forzados a emigrar o a soñar con la quiniela (por ejemplo, La camisa de Laura Olmo). Por lo tanto, son variantes del tema de la injusticia social y de la alienación. Y, ante ello, la actitud del dramaturgo es un violento grito de protesta.
En cuanto a la estética y la técnica, todos ellos se inscriben en el realismo, aunque la visión de la realidad se apoya a veces en recursos y lenguaje de sainete con ecos de Arniches. En resumen, estos autores representan un teatro fiel a la España en que vivían. Tenían una actitud opuesta al teatro comercial, a excepción de Alfonso Paso, que prefirió el éxito (Vamos a contar mentiras).
Década de 1960: defensa del realismo y surgimiento de vanguardias
El teatro realista y social sigue siendo defendido durante los años 60 por sus representantes y parte de la crítica, considerado el único que responde a las circunstancias del país. Al mismo tiempo, otros dramaturgos se lanzan hacia una renovación de la expresión dramática (superando el realismo), lo que provoca el surgimiento de una nueva vanguardia en la escena española.
Sus representantes se dividen en:
- Autores coetáneos de los dramaturgos sociales (José Ruibal o Francisco Nieva).
- Autores más jóvenes (Alberto Miralles).
El contenido de su teatro también es crítico, por lo que siguen estrellándose contra la censura. Se trata de un teatro «underground», como diría Wellworth (primer crítico que se ocupa de ella). Esta marginación está muy presente en el caso de Fernando Arrabal, que tuvo éxito internacional pero fracaso en España.
Autores jóvenes y teatro comercial
Dentro de los autores jóvenes, tal vez el único caso de éxito rotundo es el de Antonio Gala (Las cítaras colgadas en los árboles), que triunfa en el teatro comercial de los años 70. Algunos otros han accedido a escenarios de amplia audiencia en los últimos años, como Francisco Nieva con La señora Tartara. En cierto modo sigue siendo un teatro de «protesta y denuncia» sistemática que gira en torno a la dictadura. El lenguaje prefiere el tono poético o ceremonial. Además, los autores echan mano de abundantes recursos extraverbales.
Transición y democracia: expectativas y realidad
Tras la caída de la dictadura, y en tiempos de la democracia (fin de la censura), se esperaba un despegue del teatro, pero no fue así. El teatro ha ido perdiendo espectadores; los autores contemporáneos apenas han encontrado lugar en los escenarios y se ha optado por la representación de los clásicos. Incluso los espacios teatrales se han identificado con las manifestaciones dramáticas representadas. Los teatros tradicionales no dejan espacio para la novedad.
Los textos dramáticos que pretenden transmitir nuevas ideas se han refugiado en salas alternativas, como la Sala Triángulo, a las que acuden casi en exclusiva intelectuales o personas vinculadas a estas compañías. Las administraciones públicas han invertido una considerable cantidad de dinero para promover el teatro con poco éxito. Solo las grandes producciones, como musicales —por ejemplo, El Rey León en el Teatro Coliseo— siguen llenando la taquilla año tras año.
Autores representativos contemporáneos
Entre los pocos escritores dramáticos que han alcanzado cierto éxito se encuentra José Alonso de Santos, que proviene del teatro independiente. La estanquera de Vallecas es una obra costumbrista, comprometida, con un lenguaje familiar, sentido del humor y desenlace trágico.
José Sanchis Sinisterra escribe siguiendo tres líneas básicas: adaptaciones de clásicos, obras experimentales y dramas históricos. Entre sus obras destacan ¡Ay, Carmela! y Los figurantes.
Autores y obras citadas
- Buero Vallejo — Historia de una escalera
- Buero Vallejo / teatro universitario — Escuadra hacia la muerte
- Luca de Tena, Edgar Neville — comedias de alta comedia
- Jardiel Poncela, Miguel Mihura — teatro absurdo
- Alfonso Paso — Vamos a contar mentiras
- Antonio Gala — Las cítaras colgadas en los árboles
- Francisco Nieva — La señora Tartara
- José Alonso de Santos — La estanquera de Vallecas
- José Sanchis Sinisterra — ¡Ay, Carmela!, Los figurantes
Nota final
Este texto presenta una síntesis corregida y optimizada para facilitar la lectura y la indexación en buscadores, manteniendo íntegro el contenido y las ideas originales sobre la evolución del teatro español desde la posguerra hasta la democracia.
