Vanguardias, Generación del 27 y literatura española: autores, movimientos y legado

Las vanguardias en Europa, España e Hispanoamérica

LAS VANGUARDIAS EN EUROPA, ESPAÑA E HISPANOAMÉRICA

Los movimientos de vanguardia surgen, fundamentalmente, a partir de la Primera Guerra Mundial (1914) y se extienden, sobre todo, a lo largo de los años veinte, perviviendo durante la Segunda República española (1931-1939). El vanguardismo fue un movimiento artístico que apareció a principios del siglo XX en Francia. Su influjo se fue extendiendo, sobre todo, a partir de su difusión a través de revistas. A partir de ese momento llegó con mucha fuerza a América, puesto que se unió el espíritu vanguardista de innovación y protesta al activismo obrero y a la crisis que sufrieron los proyectos colonialistas y expansionistas.

En el terreno literario, las vanguardias constituyeron pequeños grupos que se rebelan y quieren romper con lo establecido, crear un arte experimental e innovador, distinto, fuera de las normas, original y alejado de la tradición precedente y, para ello, recurren muchas veces a la provocación. Aunque está constituido por un gran número de tendencias con particularidades propias, sí que podemos ver rasgos comunes, como la realización de un arte intelectual, dirigido a minorías. Esto convirtió a las obras en algo bastante hermético. El irracionalismo está muy presente en los textos de las vanguardias (influencia de Freud); les interesa un arte espontáneo y que potencie la imagen.

Entre los principales movimientos vanguardistas —los llamados «ismos», por el sufijo común— encontramos:

  • Futurismo: surge en Italia con Marinetti. Es claro su rechazo al Romanticismo (Manifiestos como «Matemos el claro de luna»). Los futuristas sienten fascinación por lo urbano, el deporte, las nuevas tecnologías y lo mecánico (aparecen el cine, el automóvil, el avión…).
  • Cubismo: nace en el mundo de la pintura (Picasso, Juan Gris). Los cubistas observan la realidad a través de la yuxtaposición de planos, lo que lleva a descomponer el mundo en figuras geométricas. Un ejemplo claro de esto son los caligramas de Guillaume Apollinaire.
  • Dadaísmo: fundado por el rumano Tristan Tzara. Los dadaístas reivindicaban la negación total de lo establecido y reclamaban una expresión original, fuera de toda lógica, que roce el absurdo (su propio nombre, «dada», emula el balbuceo infantil).
  • Surrealismo: fue el -ismo que más repercusión tuvo en el arte español. Su fundador fue André Breton y, como se proclama en sus manifiestos, se sienten muy atraídos por el universo de los sueños (Freud) porque reflejan lo inconsciente y el mundo de los instintos. Usan símbolos, imágenes y la escritura automática, aunque resulte incoherente.
  • Ultraísmo: surge en España con Guillermo de Cansinos-Asséns como guía y supone una síntesis de otros ismos. La metáfora se renueva y se plasma en los caligramas. Autores como Guillermo de Torre y Jorge Luis Borges siguieron los principios ultraístas.
  • Creacionismo: llegó a España a través del chileno Vicente Huidobro. Los creacionistas creían que el poema constituía una realidad propia y atribuían al poeta cualidades casi divinas de creación.

Ramón Gómez de la Serna es esencial, pues se le debe ser el introductor en España de las vanguardias, gracias, entre otras cosas, a su revista Prometeo y a las tertulias que organizaba en el café Pombo de Madrid. Es un escritor tan ecléctico y difícil de clasificar que no es extraño que creara su propio ismo: el «ramonismo». Su producción es abundante y cultivó muchos géneros, con obras tan interesantes como Automoribundia o sus célebres greguerías, breves chispazos que tratan de sorprender por su ingenio, que él mismo definió con esta fórmula: metáfora + humor. Son el mejor ejemplo de la idea del arte como algo lúdico e intrascendente.

Importantes poetas hispanoamericanos, desde Rubén Darío, aportaron valiosísimas creaciones vanguardistas, como el peruano César Vallejo quien, en su obra Trilce, pudo plasmar su visión caótica del mundo; incluso el célebre Pablo Neruda, a pesar de que él renegó del vanguardismo, muestra su influencia en obras como Residencia en la tierra.

La Generación del 27

LA GENERACIÓN DEL 27

Durante la Segunda República se favoreció el desarrollo de la creación en diversos campos, lo que dio lugar a un periodo que, por su brillantez, se ha denominado Edad de Plata. Sin embargo, el triunfo del fascismo en Europa alentó la sublevación militar de 1936 que desencadenó la terrible Guerra Civil española (1936-1939), que termina con el fin de la República y la imposición de una dictadura católica, anticomunista y conservadora. Esto obligó a muchos artistas a partir al exilio, donde continuaron su actividad artística y literaria.

Dámaso Alonso incluye dentro de esta generación a Gerardo Diego, Pedro Salinas, Jorge Guillén, Federico García Lorca, Rafael Alberti, Vicente Aleixandre, Luis Cernuda, Manuel Altolaguirre y Emilio Prados, aunque hay muchos más autores y autoras que la componen, como el interesante grupo de las Sinsombrero (María Teresa León, Ernestina de Champourcín, Rosa Chacel, Concha Méndez…).

En torno a 1927 se publican algunas obras importantes de estos autores, afines estéticamente pero con un estilo propio y unidos por una gran amistad y respeto. Tuvo un papel fundamental la Residencia de Estudiantes de Madrid, en la que residieron y donde se propició su desarrollo artístico. Realizaron varios actos públicos en grupo, el primero en 1927, como el célebre Homenaje a D. Luis de Góngora, poeta al que admiraban por su audacia formal. Aunque no solo escribían poesía, este es el género que interesa a todos.

En 1932 se publicó la obra colectiva coordinada por Gerardo Diego, Poesía española. Antología, en la que cada poeta expone su propia estética, aunque también dieron a conocer sus obras a través de varias revistas. Es fundamental tener en cuenta su eclecticismo, pues consiguieron equilibrar la tradición española, tanto popular como culta, con lo más novedoso (las vanguardias). Admiraban y consideraban maestro a Juan Ramón Jiménez, pero no aceptaban su actitud egocéntrica de aislamiento y simpatizaban con Ortega y Gasset y la teoría estética para minorías.

Estos autores tuvieron una evolución similar: en un primer momento admiraron la poesía pura, sintieron predilección por la imagen y la metáfora, y es clara la influencia de Góngora. Luego, incorporaron las vanguardias a su poesía, especialmente el surrealismo. A partir de 1930 tomaron posturas políticas y decidieron fijarse más en el hombre y en su auténtica realidad; influyó en esto la visita a España del poeta Pablo Neruda, defensor de estas ideas. Finalmente, tras estallar la guerra, muchos tuvieron que partir al exilio.

El tema del amor como medio para conocer la esencia de la existencia es especialmente relevante en Pedro Salinas y su trilogía amorosa: La voz a ti debida, Razón de amor y Largo lamento. El estilo sencillo pero, a la vez, condensado e intenso de Jorge Guillén queda recogido en la obra Aire nuestro, que compila buena parte de su poesía. La obra de Gerardo Diego siempre se movió entre la vanguardia y el clasicismo, desde obras como Alondra de verdad hasta su momento más vanguardista, palpable en Imagen y Manual de espumas. Vicente Aleixandre, premio Nobel de Literatura, fue un maestro del verso libre; la noche aparece como tema central en su obra, que evolucionará hacia el surrealismo en títulos como Espadas como labios o La destrucción o el amor.

Rafael Alberti tiene una poesía de gran musicalidad y plasticidad, desde las formas más tradicionales de Marinero en tierra, donde el mar tiene un protagonismo especial como parte de ese paraíso perdido, hasta los hallazgos vanguardistas de Sobre los ángeles y, posteriormente, su preocupación por lo social, lo que él llamará «el poeta en la calle», fruto de sus ideas comunistas. La poesía de Luis Cernuda gira en torno a un tema central: el choque entre la realidad y el deseo, como declara el título del volumen que recoge toda su poesía, La realidad y el deseo. Cernuda también cultiva el tema del paraíso perdido, así como la frustración que surge de la opresión por parte de la sociedad.

Federico García Lorca fue capaz de elaborar todo un mundo poético en sus obras, de enorme musicalidad, con potentes e inquietantes imágenes y la presencia recurrente de símbolos. En obras como Romancero gitano predominan los elementos de la lírica tradicional, pero pronto iniciará el camino hacia el surrealismo con Poeta en Nueva York. Entre sus últimas obras, previas a su fusilamiento, destacan Llanto por Ignacio Sánchez Mejías y Los sonetos del amor oscuro. En lo que respecta a su faceta como dramaturgo, fue uno de los artífices de la renovación teatral: consigue crear un teatro plenamente poético, concebido como un espectáculo total e integrado por diferentes artes. Además, fue un gran difusor del teatro clásico en las zonas rurales con su compañía La Barraca. Su teatro evolucionó hacia una preocupación por lo humano, desde sus inicios modernistas (por ejemplo, Mariana Pineda), pasando por la farsa y las conocidas «comedias imposibles» —como Así que pasen cinco años o El público— hasta las «tragedias de tema rural», como la famosa Bodas de sangre.

La lírica y el teatro posteriores a 1936

LA LÍRICA Y EL TEATRO POSTERIORES A 1936

Tras la Guerra Civil se impone la durísima dictadura de Francisco Franco, marcada por la censura, el exilio de importantes autores y el aislamiento internacional. Tras la muerte de Franco se inició la transición pacífica hacia la democracia; en 1978 se aprobó la Constitución española y, a partir de los años ochenta, España se modernizó e integró plenamente en el contexto europeo.

En cuanto a la lírica, hay una primera promoción, la llamada generación del 36, formada por poetas que padecieron la Guerra Civil y se centran en temas más próximos a las preocupaciones humanas (amor, religión, muerte…). La figura más destacada es Miguel Hernández, que va dejando atrás la influencia de la generación del 27 para acentuar en sus obras su compromiso con el hombre del pueblo, la guerra y sus consecuencias, como se manifiesta en Viento del pueblo.

En los años cuarenta, frente a los poetas arraigados —como Dionisio Ridruejo o Luis Rosales— que expresan una visión del mundo optimista, aparecen los poetas desarraigados, que expresan su angustia existencial ante el sentido de la vida. La fecha clave es 1944, puesto que se publicaron Hijos de la ira, de Dámaso Alonso, y Sombra del paraíso, de Vicente Aleixandre, obras que marcan un nuevo rumbo poético.

Los poetas de la corriente realista y social, que aparece a partir de los años cincuenta, centraron su atención en los problemas sociales. Entre ellos destacan: Blas de Otero (Pido la paz y la palabra), Gabriel Celaya —que consideraba la poesía «un arma cargada de futuro» (Cantos íberos)— y José Hierro (Quinta del 42 y Cuaderno de Nueva York), quien entendía la poesía como compromiso y comunicación.

Aún en los cincuenta y durante los sesenta, otros poetas consideraron que la poesía es fundamentalmente un medio para autoconocerse y comprender la realidad que los rodea; para ello utilizaron un lenguaje cotidiano y tendente al intimismo. Destacan Jaime Gil de Biedma (Poemas póstumos), Claudio Rodríguez (Don de la ebriedad), Ángel González (Grado elemental) y Francisco Brines (La última costa).

En los años setenta surgieron los novísimos, interesados en experimentar con el lenguaje e incorporar elementos de la modernidad del momento (jazz, cómic, rock…). Consideraban que el receptor no es pasivo, sino que otorga nuevos significados a la obra artística (teoría de la recepción). Entre ellos están Félix de Azúa, Pere Gimferrer o Luis Alberto de Cuenca.

A partir de 1975 surgieron varias tendencias poéticas; en general, hay una vuelta al valor de la poesía para despertar emociones, aportando ironía y un tono coloquial, tal y como se refleja en las obras de los poetas de la experiencia (Jon Juaristi, Luis García Montero, entre otros). Se evidencia también la presencia femenina, sobre todo a raíz de la importante antología Diosas blancas (1985), que dio a conocer a poetisas como Blanca Andreu o Ana Rossetti. Actualmente la poesía goza de gran vitalidad gracias a Internet: hay múltiples blogs de poesía y autores de interés como Loreto Sesma, Marwan o Elvira Sastre.

En cuanto al teatro, existe un gran contraste entre el teatro profundo y crítico que se hacía en el exilio —con ejemplos como Rafael Alberti o Max Aub— y el que se hacía en España, donde la comedia burguesa fue el subgénero estrella, muy afín al régimen franquista; su pretensión principal era entretener y evadir al espectador.

También nacieron el teatro de humor y formas de evasión: autores como Enrique Jardiel Poncela utilizaron lo inverosímil y el absurdo lógico (por ejemplo, Eloísa está debajo de un almendro). Miguel Mihura escribió Tres sombreros de copa (1932), obra que no pudo estrenarse hasta 1952 por su modernidad, en la línea del teatro del absurdo.

Se produjo un importante giro hacia el teatro realista en 1949 con el estreno de Historia de una escalera, de Antonio Buero Vallejo, por su gran profundidad, sus elementos críticos y simbólicos. El tragaluz o La fundación son otras piezas importantes de este autor. En esta misma línea destacan obras como Escuadra hacia la muerte, de Alfonso Sastre.

Desde la década de los cincuenta se mantuvo una actitud crítica e inconformista con la realidad, pero ahora las piezas teatrales se enfocaron desde una óptica más vanguardista, como en el caso de Fernando Arrabal y su tendencia al surrealismo (El cementerio de automóviles), o Francisco Nieva, autor tremendamente transgresor y gran escenógrafo (Pelo de tormenta).

En los años sesenta y setenta surgieron grupos de teatro independiente, muchos de ámbito universitario, que trataban de dar a conocer autores prohibidos por la censura o realizaban creaciones colectivas, a veces sin texto, en las que cobraban gran importancia elementos escénicos como la música, la iluminación, las máscaras o lo circense. Entre ellos se pueden destacar Els Joglars, La Fura dels Baus o Tábano.

A partir de los últimos momentos de la dictadura y en adelante, el texto dramático se revaloriza y aparecen ejemplos importantes como Ignacio Amestoy (Violetas para un Borbón), José Luis Alonso de Santos (Bajarse al moro) y José Sanchis Sinisterra (¡Ay, Carmela!), que gozaron de gran éxito.

Desde finales del siglo XX y principios del XXI encontramos una enorme variedad de manifestaciones dramáticas: teatro reivindicativo, teatro gestual, teatro de evasión, adaptaciones de obras clásicas y el teatro provocador de Angélica Liddell, así como propuestas centradas en la creación textual de autores como Juan Mayorga o Alfredo Sanzol.

Sinonimia, antonimia y otros fenómenos semánticos

Sinonimia, fenómeno semántico que se refiere a palabras cuyos significantes son distintos pero cuyos significados son iguales o, al menos, semejantes.

Tipos:

  • Totales: sinónimos cuyos significados son completamente iguales.
  • Parciales: sinónimos que solo se pueden intercambiar en determinados contextos.
  • Connotativos: la similitud de significación se da en las connotaciones.
  • De grado: sinónimos con significado similar pero de distinta intensidad.
  • Falsa sinonimia: palabras que guardan cierta similitud en algunos aspectos, pero realmente no son equivalentes.

Antonimia, fenómeno semántico que se refiere a palabras cuyos significados se oponen.

Tipos:

  • Puras (de gradación): antónimos entre los que hay una gradación; se oponen pero no se excluyen.
  • Complementarias: antónimos con oposición absoluta de significados; la afirmación de uno implica la negación del otro.
  • Recíprocas: antónimos cuyos significados se necesitan mutuamente, porque la existencia de uno implica necesariamente al otro.

Monosemia: fenómeno semántico que se refiere a palabras cuyo significante corresponde a un solo significado; son propias del lenguaje científico.

Polisemia: fenómeno semántico que se refiere a palabras cuyo significante puede corresponder a varios significados. Es el contexto el que determina el significado pertinente o adecuado de la palabra. La polisemia se produce por motivos como la influencia del lenguaje figurado, la aparición de nuevos significados o la influencia extranjera.

Homonimia: fenómeno semántico que se refiere a palabras que, aunque en su origen eran distintas, al evolucionar la lengua han llegado a coincidir en su significante por pura casualidad. Suelen pertenecer a categorías gramaticales diferentes y en el diccionario aparecen en entradas distintas.

Tipos:

  • Homófonas: suenan igual pero presentan alguna variación en la escritura.
  • Homógrafas: son idénticas en la pronunciación y en la escritura.

Hiperonimia e hiponimia: fenómenos semánticos en los que una palabra puede ser semánticamente muy amplia (hiperónimo) y contener otras palabras con un significado más concreto o restrictivo (hipónimos).

Tipos:

  • Inclusión: el hiperónimo contiene a los hipónimos.
  • Lineal: uno sucede a otro.

Reflexión sobre (tema)

Reflexión sobre (tema). Este texto es un fragmento de un ensayo. Pertenece a la modalidad argumentativa: defiende una idea con algún momento narrativo. Pertenece al ámbito humanístico, concretamente (filosófico, social…).

Las características lingüísticas de este texto tienen mucho que ver con la intención del autor de reflejar (tema); para ello sirve de texto argumentativo, como veremos a continuación.

En cuanto al plano morfosintáctico, abundan los nombres abstractos como, por ejemplo, «..», puesto que mantiene una actitud intelectual sobre el tema ya que está reflexionando sobre él. Los verbos de estado como «..» predominan y aportan un carácter más estático y reflexivo al texto. En cuanto a los tiempos verbales, se alterna fundamentalmente el presente, propio de la reflexión. La persona gramatical es la primera, lo que indica subjetividad, puesto que el autor está haciendo una reflexión personal.

Para relacionar este plano vemos que la relación entre las oraciones es principalmente de subordinación, puesto que el texto presenta una mayor complejidad y un interés por relacionar y analizar ideas que tienen que ver con (tema). Todo esto es propio del texto argumentativo.

En lo que respecta al plano léxico-semántico, las alusiones al tiempo se tiñen de connotaciones (negativas/positivas), sobre todo en lo referente a «..», y esta sensación de «,» también afecta a la idea de (tema). El campo semántico del (tema) es el más abundante y aporta coherencia textual y cohesión para que no se pierda el tema central del texto.

En cuanto a las variedades lingüísticas: en la variedad diafásica usa un registro formal, como se ve en expresiones como «.»; pero en el último párrafo adquiere un registro informal que lo hace más cercano al lector. La variedad diastrática usa un nivel medio, propio de un texto divulgativo para el que no se necesitan conocimientos previos.

Para aportar coherencia el autor se sirve de la deixis, como por ejemplo con el pronombre «,» que inicia el (x) párrafo, así como de la anáfora «..», «..»; también se sirve de una catáfora en (x) línea del texto entre ellos. A nivel pragmático en el texto predominan las expresiones expresivas, patentes en todo el texto pero especialmente en el (x) párrafo, ya que el autor pretende expresar (tema), y también la apelativa en el (X) párrafo, lo que permite que el lector reflexione sobre (tema).

En el plano estilístico hay una gran riqueza de figuras retóricas, de las cuales destacamos la metáfora «..» con la que consigue identificar (2 ideas del tema); la comparación que establece en (x) líneas ahonda en la idea de (tema); y finalmente la anáfora del (x) párrafo en la que, al repetir la palabra (x), intensifica la idea central del texto. Por todo esto podemos concluir que este texto cumple con las características propias de un texto argumentativo tal como se ha analizado anteriormente. Asimismo, el uso de mecanismos tanto de coherencia como de cohesión lo convierte en un texto perfectamente adecuado para esta situación comunicativa.

El otro barrio (reseña)

El otro barrio, novela publicada en 1998 por Germán Lindo, durante el realismo social de la época democrática, supone su consolidación como autor para adultos tras el éxito de Mano dicho Godos. La obra refleja cómo el azar, la muerte y el entorno condicionan la vida de dos jóvenes en barrios marginados.

El azar es una ironía y se manifiesta en las muertes del camionero, en el encuentro entre Ramón y Marcelo y en el hallazgo accidental de la partida de nacimiento de Ramón. La muerte aparece en su dimensión real —como los hechos del principio— y en su dimensión simbólica: la del padre de Marcelo y la del padre de Ramón y su abuela. El contraste entre ambos también adquiere un gran valor simbólico, como se ve en el propio título: el contraste entre los barrios de Ramón y de Marcelo, y el contraste en la educación, tanto desde la sobreprotección como desde el abandono.

Su técnica literaria se basa en el uso de tres procedimientos narrativos: un narrador omnisciente, sobre todo en las escenas de Ramón con su abuelo; el perspectivismo, presente entre los cuentos de Aníbal y Ramón y en la vida de ambos jóvenes; y juegos temporales, como la relación de Marcelo con su padre. Por último, destaca el estilo indirecto libre, como se aprecia cuando el narrador se convierte en los personajes. Finalmente, también destaca el valor simbólico de los nombres: el nombre de Ramón se relaciona con una vida infeliz y el nombre de Gloria coincide irónicamente con su suerte casi alegre.

En mi opinión, El otro barrio es una novela impactante porque muestra de forma realista cómo el entorno y el azar pueden destruir la vida de un joven. Además, invita a reflexionar sobre la responsabilidad de la sociedad en la exclusión y la falta de oportunidades.

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