Las vanguardias en Europa, España e Hispanoamérica
Las vanguardias u ismos son movimientos artísticos que tienen lugar entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial y que coinciden con el novecentismo español. En Europa tuvo lugar una especial efervescencia artística movida por un violento afán de renovación. Se sucedieron y se superpusieron un conjunto de pequeños movimientos que compartían ese impulso de ruptura y una actitud provocadora. A menudo plasmaron sus planteamientos estéticos en breves escritos a los que llamaron manifiestos.
Principales movimientos vanguardistas
- Futurismo. Fundado por el italiano Filippo Tommaso Marinetti en 1909, propugnaba un arte que captase y transmitiese la energía, la velocidad y el progreso, pilares, según ellos, de los nuevos tiempos. Temas y motivos relacionados con esos conceptos fueron tratados con procedimientos poco convencionales, como la ruptura de las normas tipográficas o el uso de palabras aisladas no sujetas a un discurso continuado (Marinetti las llamó palabras en libertad).
- Cubismo. Iniciado por Pablo Picasso, con Guillaume Apollinaire como impulsor literario. De su creación destacan los caligramas, poemas en los que el texto forma dibujos que son reflejo de su significado. El arte y la literatura tratan de ver la realidad desde todos los puntos de vista posibles.
- Dadaísmo. Creado por Tristán Tzara, pretende combatir lo racional y lo convencional mediante lo absurdo y lo ilógico, creando textos incoherentes producidos al azar. De un grupo de dadaístas liderados por André Breton surge en París el surrealismo. Este movimiento pretendía lograr la liberación intelectual y artística de los seres humanos: para ello no bastaba con ser espontáneo, sino que era necesario liberar el subconsciente de las ataduras impuestas por la conciencia. Para lograrlo emplearon técnicas como la escritura automática, que propiciaba las asociaciones libres, el azar y el afloramiento de imágenes subconscientes.
Aunque estas vanguardias europeas no llegaron a crear escuela en España, sí podemos encontrar su uso y difusión. Por ejemplo, encontramos poesía futurista, como la Oda a una bombilla de Pedro Salinas o Oda a Platko de Rafael Alberti. La huella del cubismo aparece en poetas de la Generación del 27, como Jorge Guillén o Luis Cernuda. Otros poetas del 27, como Alberti, Federico García Lorca o Vicente Aleixandre, cultivan la poesía surrealista.
Difusión y aportaciones en España
Los movimientos de vanguardia encontraron un difusor constante en Ramón Gómez de la Serna, a través de sus artículos en la revista Prometeo, donde recogía los manifiestos vanguardistas con el fin de inculcar en las nuevas generaciones la necesidad de cambiar radicalmente el proceso de creación artística. Dentro de su extensa obra destaca su poder de creación de imágenes partiendo de lo más cotidiano; esta fue la base del género que inventó: la greguería. Las greguerías tratan diferentes temas y se construyen con recursos literarios como la hipérbole, la metáfora o la personificación (ejemplos: «Las gallinas son tartamudas», «El libro es un pájaro con más de cien alas para volar», «Cuando el domingo caiga en lunes, la vida habrá perdido la cabeza»).
Ultraísmo. Movimiento de ámbito esencialmente hispano impulsado por Rafael Cansinos-Assens. Se caracteriza por un estilo que evita cualquier referencia sentimental y por preferir temas de la realidad moderna. Sus textos suprimen nexos, adjetivos y elementos ornamentales y desarrollan una utilización original de la tipografía. Entre sus representantes destacan Guillermo de la Torre con Hélices y Gerardo Diego con Limbo.
Creacionismo. Concebía la escritura poética como un acto de creación de una realidad autónoma, independiente del mundo real, gracias, sobre todo, al manejo de imágenes. Este movimiento fue fundado por el poeta chileno Vicente Huidobro, quien explica la misión de los poetas en su obra Espejo en el agua. Destacan también Juan Larrea y Gerardo Diego.
En Hispanoamérica, junto al creacionismo, destaca el ultraísmo de Jorge Luis Borges, que crea una poesía llena de símbolos, juegos de palabras y paradojas. Entre sus obras tempranas figuran Fervor de Buenos Aires y Luna de enfrente. El surrealismo lo cultiva César Vallejo, que compagina la experimentación con obras vanguardistas como Trilce. Pablo Neruda se inició en la poesía posmodernista y se relacionó luego con la generación del 27 y el surrealismo, como puede verse en Residencia en la tierra. Octavio Paz será otro poeta hispanoamericano destacado en estas corrientes; su primera etapa conjuga neorromanticismo, surrealismo y contenido social en Libertad bajo palabra, intensificando el surrealismo en su segunda etapa, donde destaca Salamandra.
La generación del 27
Los años veinte y treinta, en el periodo de entreguerras, fueron en España de una agitación constante. En este ambiente surge el grupo de poetas conocido como Generación del 27. Todos ellos admiraron a Góngora, en quien vieron un precedente adelantado de la estética vanguardista por la importancia de la metáfora y la imagen en su poesía.
Son poetas nacidos entre 1890 y 1900, que compartieron no solo amistad, sino en muchos casos residencia en la famosa Residencia de Estudiantes de Madrid. Se dejaron cautivar por la poesía pura de Juan Ramón Jiménez y por el impulso renovador de las vanguardias. Posteriormente descubrieron en el surrealismo un cauce liberador de expresión. Formaron parte de la antología Poesía española de Gerardo Diego y en 1927 participaron en el homenaje por el tercer centenario de la muerte de Góngora, que sirvió como momento fundacional.
Etapas y características
En una primera etapa cultivaron una poesía pura, sin sentimentalismo, de carácter intelectual en la línea de Juan Ramón. Hacia 1929 vieron en el surrealismo una forma de conocer y expresar los conflictos más íntimos (rehumanización poética): amor, odio, desasosiego, muerte… Las circunstancias políticas de la España de los años treinta hicieron que muchos poetas adoptasen una postura más comprometida con los problemas sociales. La Guerra Civil supuso el final del grupo, con el asesinato de Lorca y el exilio de muchos de ellos.
Principales autores y obras
- Pedro Salinas. Publica Seguro azar o Fábula y signo dentro de la órbita del vanguardismo lúdico y deshumanizado, próximo al futurismo. Sin embargo, sus mejores obras serán las de los años treinta: Razón de amor y La voz a ti debida, de temática amorosa, en las que trata el amor como una fuerza capaz de dar sentido a la existencia.
- Jorge Guillén. Poeta muy intelectual del grupo, cuya obra se acerca a la poesía pura. Sus dos obras mayores son Cántico y Clamor. La primera trata el entusiasmo ante el mundo y la exaltación de la vida; la segunda da testimonio de las injusticias del mundo.
- Gerardo Diego. Pese a estar influenciado por el creacionismo y el ultraísmo (con obras como Imagen o Manual de espumas), cultivó también una poesía clasicista desarrollando temas y formas tradicionales (Versos humanos).
- Vicente Aleixandre. En Espadas como labios o Sombra del paraíso se aprecian las influencias surrealistas. Tras Historia del corazón, su estilo se hace más sencillo y aparecen las preocupaciones del hombre común, eliminando la deshumanización vanguardista.
- Rafael Alberti. Comienza siguiendo la estética neopopularista con obras como Marinero en tierra, donde expresa su nostalgia por Cádiz. Con Sobre los ángeles, obra de técnica surrealista, responde poéticamente a la profunda crisis que le hizo perder la fe. Durante el exilio manifestó su dolor por España y la indignación por el destierro, inclinándose hacia la denuncia social en El poeta en la calle.
- Luis Cernuda. Andaluz, de tono más oscuro; inicialmente próximo al surrealismo en obras como Los placeres prohibidos. En libros como Donde habite el olvido y Desolación de la quimera expresa su disconformidad con el mundo y sus anhelos sensuales.
- Dámaso Alonso. Figura teórica importante del grupo; como poeta alcanzó relevancia en 1944 con Hijos de la ira, poemario existencialista y desesperado de enorme influencia en la posguerra.
- Federico García Lorca. En su poesía y su teatro destaca la visión trágica de la existencia y un profundo sentimiento de frustración. Sus grandes temas son el destino trágico, la muerte inevitable y el amor imposible. En Romancero gitano, sumando influencias de la poesía popular, el surrealismo y el modernismo, convierte al pueblo gitano en símbolo de las personas enfrentadas a su destino fatal. En Poeta en Nueva York muestra la conmoción que le supuso visitar la ciudad tras el crack de 1929.
Lorca y el teatro
En su teatro, Lorca muestra las mismas obsesiones que en su poesía, componiendo un teatro poético sin recurrir exclusivamente al verso. Su aportación más importante al teatro son sus tragedias, en las que recupera el concepto de coro de las tragedias griegas, integrándolo en los parlamentos. Yerma, Bodas de sangre y La casa de Bernarda Alba son dramas ambientados en el mundo rural, con personajes femeninos que viven en conflicto con el orden establecido y la realidad. En Bodas de sangre mezcla verso y prosa, y combina elementos verosímiles con otros fantásticos (poniendo a la luna como personaje). En La casa de Bernarda Alba, tras la muerte de su segundo marido, Bernarda impone a sus hijas un luto riguroso, aislándolas del mundo. El conflicto por el amor de Pepe el Romano provoca la catástrofe. Los temas principales de esta tragedia son la opresión, la negación del derecho individual a luchar por los propios deseos y la moral hipócrita en la que pesan más las apariencias que la verdad.
Lorca consideraba que en el teatro clásico español residían una serie de valores que no se podían negar a las gentes de pueblo, por lo que organizó un grupo teatral, La Barraca, con el que recorrió España representando a Cervantes, Lope y Calderón.
La lírica y el teatro posteriores a 1936
El final de la Guerra Civil en 1939, con el triunfo de Franco, afectó a todos los géneros literarios; en este sentido, la poesía evolucionó según líneas similares al teatro y la narrativa. La mayoría de los miembros del 27, excepto Dámaso Alonso y Vicente Aleixandre, se exiliaron.
De entre los que quedaron, cabe destacar a Miguel Hernández, que había comenzado su creación siguiendo en los años treinta la estela del grupo del 27. Destaca por su técnica y, muy especialmente, por la forma de expresar sus sentimientos. El rayo que no cesa es un conjunto de poemas, sobre todo sonetos de temática amorosa, influidos por los clásicos.
Sus poemas más amargos se encuentran en El hombre acecha. Tras la muerte de su hijo, su pena de cárcel durante la Guerra Civil y la situación en que quedó su familia, publicó Cancionero y romancero de ausencias.
Finalizada la Guerra Civil, el grupo del 27 se disuelve. Autores como Pedro Salinas o Rafael Alberti se exilian; otros, como Dámaso Alonso, optan por un exilio interior; y otros, como Lorca, mueren durante el conflicto. La poesía de este momento se desarrolló en torno a tres revistas: Escorial, Garcilaso y Espadaña, en las que una serie de poetas cercanos al falangismo crean una corriente denominada poesía arraigada. Esta se caracteriza por dar mucha importancia a la forma y utilizar la métrica clásica. Era una poesía que servía a los fines de la dictadura. Temáticamente, abordaba el amor, la patria y la religión. Estilística y formalmente se oponía al vanguardismo, inspirándose en los clásicos más equilibrados. El modelo fue Garcilaso, y a quienes en ella publicaban se les llamó «garcilasistas».
En esta tendencia cabe destacar a autores como Luis Rosales, quien irá evolucionando hacia el surrealismo, como se puede apreciar en La casa encendida. También aparecen otros autores como Dionisio Ridruejo o Leopoldo Panero.
A partir de 1944 surgieron autores que concibieron una poesía que acentuaba el contenido humano y existencial, denominada poesía desarraigada. En ese mismo año nació la revista Espadaña, que sería el cauce principal para su difusión. Fueron dos autores del 27 los que abrieron el camino de esta poesía más dura y, poéticamente, más valiosa: Dámaso Alonso, con Hijos de la ira, y Vicente Aleixandre, con Sombra del paraíso. Entre los autores principales destacan Blas de Otero, con Ángel fieramente humano, en la cual denunciará la injusticia y la falta de libertad, y José Hierro con Tierra sin nosotros.
Como casos excepcionales, al margen de estas dos tendencias, cabe mencionar al grupo de poetas de la revista Cántico de Córdoba, inspirados por el 27; al pequeño movimiento experimental denominado postismo, guiado por Carlos Edmundo de Ory; y a la figura solitaria del surrealista Miguel Labordeta.
A finales de los años cincuenta se desarrolló una nueva tendencia: la poesía social. Nacía del deseo no solo de expresar el malestar por la realidad, sino de trabajar por cambiarla. Se concibió la poesía como instrumento de acción política y social. Blas de Otero, iniciado en el desarraigo, fue uno de los grandes de la poesía social, con obras como Pido la paz y la palabra (1955). Junto a él destaca Gabriel Celaya, autor de Cantos iberos.
A finales de los años cincuenta apareció un grupo de poetas que, sin dejar los temas sociales, buscaba una mayor elaboración del lenguaje poético y un desplazamiento de lo colectivo a lo personal. Son los poetas conocidos como la Promoción de los años sesenta o del medio siglo: Ángel González, José Ángel Valente, Jaime Gil de Biedma y Claudio Rodríguez.
En los años setenta, el grupo de los Novísimos comparte la idea de que la poesía debía buscar la creatividad, la originalidad y alejarse del tono conversacional. A menudo utilizan la poesía para hablar de la propia poesía (metapoesía). Destacan poetas como Pere Gimferrer, Ana María Moix y Leopoldo María Panero.
En los años ochenta y noventa se produjo la difusión de la cultura posmoderna, que supuso la conciencia de haber llegado al límite en la búsqueda de lo nuevo y lo «moderno». Partiendo de esa actitud, se multiplicaron las corrientes, las temáticas y las formas. Con la conciencia de que todo había sido probado, se produjo un resurgimiento explícito de estéticas pasadas. Entre las nuevas líneas destaca la poesía de la experiencia, con autores como Luis Alberto de Cuenca o Ana Rossetti, que buscan la esencia poética en la vida cotidiana, con un lenguaje sencillo y temas próximos.
El teatro tras la Guerra Civil
En cuanto al teatro, la Guerra Civil terminó con un teatro en expansión. Tras la muerte de Lorca, Valle-Inclán y Unamuno, otros dramaturgos como Alejandro Casona optaron por el exilio.
En el teatro humorístico destaca Enrique Jardiel Poncela, que cultiva el humor absurdo y la ironía, inventando situaciones inverosímiles que se resolvían de manera ingeniosa en obras como Eloísa está debajo de un almendro. Miguel Mihura renovó el humor español anticipando el teatro del absurdo con Tres sombreros de copa, escrita en 1932 pero no representada hasta 1952 por ser considerada demasiado innovadora. Tras esta experiencia, Mihura se adaptó a lo que reclamaban los empresarios y el público; dirigió la mayoría de sus obras en las que busca un humor inteligente, como Maribel y la extraña familia.
En la década de los cincuenta, una nueva generación de dramaturgos introdujo en sus obras elementos existenciales y sociales. Antonio Buero Vallejo representa una línea de denuncia social denominada posibilista, que se mantiene dentro de los límites establecidos por la censura, como puede verse en Historia de una escalera. Por otro lado, Alfonso Sastre optó por un teatro más combativo, criticando a Buero por su moderación frente al régimen. Destacan sus obras Escuadra hacia la muerte (obra de carácter existencial) y Muerte en el barrio (obra de realismo crítico).
En los años sesenta, mientras autores como Lauro Olmo denunciaban la injusticia con obras como La camisa, otro grupo de dramaturgos comenzó a escribir piezas de carácter experimental. Francisco Nieva divide su teatro en dos fases: el furioso y el de farsa y calamidad; ambas son vanguardistas. Entre sus obras destaca Pelo de tormenta. Fernando Arrabal escribe un teatro alejado del realismo, al que denomina teatro pánico, caracterizado por el terror y el humor, como se aprecia en El cementerio de automóviles. En esta década surgen los grupos de teatro independiente que representan obras extranjeras y españolas que no tienen cabida en el circuito comercial.
Tras la caída de la dictadura, el teatro fue perdiendo espectadores, pese a los intentos de las administraciones públicas por promover este espectáculo con diversas inversiones. Entre los dramaturgos contemporáneos de éxito destaca José Luis Alonso de Santos con La estanquera de Vallecas, obra costumbrista que narra un atraco a un estanco, y José Sanchis Sinisterra con ¡Ay, Carmela!, obra con temática de la Guerra Civil.
Perfil del emigrante británico y consecuencias
En el perfil del emigrante británico encontramos dos tipos: el joven que viene en búsqueda de trabajo y el mayor que viene a retirarse a España.
En el primer caso, el del joven que viene a trabajar, encontramos que vienen tanto hombres como mujeres. El tipo de trabajo puede variar: en el sector primario existe demanda de mano de obra; en el sector servicios se incorporan a actividades como educación, investigación, turismo, etc. De las provincias mencionadas, muchos británicos acuden a Madrid y Barcelona para trabajar en dichas actividades económicas.
Por otro lado, hay numerosos británicos que deciden retirarse a España en sus últimos años, atraídos por un clima amable, numerosos días soleados, pocas precipitaciones y temperaturas con inviernos muy suaves y veranos cálidos. En provincias costeras como Baleares, Málaga o Alicante es común este perfil de migrante jubilado.
Las consecuencias sociales en el caso de los jóvenes suelen ser positivas, ya que los inmigrantes británicos pueden integrarse en la sociedad y están en edad de tener hijos. En cambio, el migrante anciano no aporta nacimientos a la población local (aunque puede suponer un impacto en la estructura demográfica).
Las consecuencias económicas suelen ser positivas porque contribuyen con impuestos y consumo; no obstante, pueden generar cierto problema en el mercado laboral si compiten con mano de obra local en puestos concretos. Los residentes jubilados suelen tener un poder adquisitivo relativamente alto y su presencia puede dinamizar el consumo local y el sector servicios.
Glosario de términos urbanos y demográficos
- Casco histórico: Parte más antigua de la ciudad, formada generalmente antes de la industrialización, con trazado irregular y edificios históricos.
- CBD (Central Business District): Área central de la ciudad donde se concentran las principales actividades económicas, financieras y administrativas.
- Chabolismo: Fenómeno urbano caracterizado por la existencia de viviendas precarias sin planificación ni servicios básicos.
- Ciudad: Asentamiento humano de elevada densidad de población, con predominio de actividades secundarias y terciarias.
- Ciudad dormitorio: Núcleo urbano de función residencial cuya población trabaja o estudia en otra ciudad cercana.
- Conurbación: Unión física de varias ciudades próximas que forman un espacio urbano continuo.
- Emplazamiento: Lugar físico donde se asienta una ciudad, determinado por factores naturales.
- Función urbana: Actividad o conjunto de actividades predominantes que desempeña una ciudad.
- Megalópolis: Extensa región urbana formada por la unión de varias áreas metropolitanas.
- Morfología urbana: Forma y estructura de la ciudad según su trazado, edificios y espacios.
- Movimientos pendulares: Desplazamientos diarios de ida y vuelta entre el lugar de residencia y el de trabajo o estudio.
- Parque tecnológico: Espacio planificado que concentra empresas innovadoras y centros de investigación.
- Periurbano: Espacio de transición entre la ciudad y el campo con mezcla de usos urbanos y rurales.
- Pirámide de población: Gráfico que representa la estructura de la población por edad y sexo.
- Plano ortogonal: Plano urbano con calles rectas que se cruzan en ángulo recto.
- Plano radiocéntrico: Plano urbano con calles que parten de un núcleo central de forma radial.
- Plano urbano: Representación gráfica de la organización interna de una ciudad.
- Rehabilitación urbana: Proceso de recuperación y mejora de zonas urbanas degradadas.
- Rururbano: Espacio con características tanto rurales como urbanas.
- Tasa bruta de natalidad: Indicador demográfico que refleja la proporción de nacimientos respecto al total de la población en un periodo determinado, normalmente un año.
- Tasa de actividad: Índice socioeconómico que relaciona la población activa (aquella en edad y disposición para trabajar) con la población total.
- Tasa de paro: Índice que relaciona el número de personas desempleadas con la población activa.
- Transición demográfica: Proceso histórico por el que se pasa de un régimen de altas tasas de natalidad y mortalidad a un régimen moderno con tasas bajas de ambas.
- Éxodo rural: Desplazamiento masivo de población del medio rural hacia las ciudades, con frecuencia protagonizado por población joven.
- Inmigración: Llegada de población a un territorio procedente de otro para establecerse en él.
- Migración: Movimiento espacial de la población que implica cambio de residencia; puede ser exterior o interior.
- Mortalidad infantil: Indicador que refleja la proporción de niños menores de un año que fallecen respecto al total de nacidos vivos en un periodo determinado.
- Padrón: Registro administrativo donde constan los vecinos del municipio y sus características básicas; sus datos constituyen prueba de residencia.
- Población activa: Personas en edad de trabajar que trabajan o buscan empleo.
- Población en paro: Personas en edad de trabajar que no tienen empleo pero lo buscan.
- Población inactiva: Personas en edad laboral que no participan en el mercado de trabajo (estudiantes, jubilados, personas dedicadas a labores del hogar, etc.).
- Población ocupada: Personas en edad de trabajar que están empleadas.
- Población rural: Personas que residen en municipios de predominio agrario o con menos de 10 000 habitantes.
- Población urbana: Personas que viven en ciudades o municipios de predominio industrial o de servicios o con más de 10 000 habitantes.
- Refugiado: Persona que huye de su país por conflictos, persecuciones o falta de protección.
- Relevo generacional: Indicador que permite conocer si una población puede ser reemplazada en un periodo determinado, relacionando grupos de edad jóvenes y mayores.
- Saldo migratorio: Diferencia entre inmigración y emigración en un periodo de tiempo.
- Subempleo: Ocupación a tiempo parcial o en condiciones que no aprovechan las capacidades del trabajador.
- Tasa bruta de mortalidad: Indicador que refleja la proporción de personas fallecidas respecto al total de la población en un periodo.
- Apátrida: Persona no considerada nacional por ningún Estado.
- Censo de población: Fuente que registra características demográficas, socioculturales y económicas de la población en un momento concreto.
- Crecimiento natural: Variación de la población debida al movimiento natural (natalidad menos mortalidad).
Valoración crítica: Historia de una escalera
El objeto de esta valoración crítica es Historia de una escalera, obra de teatro de Antonio Buero Vallejo, escrita entre 1947 y 1948 y publicada en 1949 en el Teatro Español de Madrid, que recibió el Premio Lope de Vega. Se trata de un drama de posguerra comprometido con la realidad inmediata que reaparece en escena tras haber sido escamoteada durante diez años.
La obra analiza la sociedad a partir de una comunidad de vecinos. El tema principal es el amor frustrado. También destaca la frustración de las clases sociales más bajas de la época, que sueñan con salir de la pobreza y ascender socialmente, pero rara vez lo consiguen, como ocurre en el caso de Fernando.
El destino de los personajes gira angustiosamente en un círculo sin salida, en un ambiente de rencor, enemistad, enfrentamiento, envidia y falsedad entre tres generaciones de vecinos.
Formalmente, la pieza sigue los cánones del drama realista, a los que se suman ingredientes del sainete y de la comedia costumbrista. En conjunto funcionan como una especie de drama existencial que testimonia la completa frustración de una colectividad. El narrador utiliza en sus acotaciones un lenguaje culto pero accesible para el público; por el contrario, los protagonistas emplean un lenguaje familiar, a veces tosco y vulgar. Los diálogos son fluidos y revelan los sentimientos y las características de cada personaje por su manera de expresarse.
En conclusión, Buero Vallejo escribe esta obra para criticar con tono crítico y a veces cómico los rasgos e injusticias de la sociedad de posguerra. Hoy en día, Historia de una escalera permite hacerse una idea de la España de posguerra y de las tensiones sociales y personales de su época.
