La prosa medieval
Don Juan Manuel
La prosa castellana se desarrolla con posterioridad a la poesía. Sus primeras manifestaciones son del siglo XIII. Destaca una prosa narrativa de carácter moralizante y didáctico conocida como enxiemplos, cuyo origen está en los cuentos y fábulas orientales. Presentan una estructura típica: a partir de una serie de relatos se desprende una lección o un consejo moral. El punto culminante de este género lo encontramos con don Juan Manuel (siglo XIV), ejemplo y prototipo del hombre de armas y de letras. Refleja la nueva situación de la nobleza castellana. Su obra principal es El conde Lucanor o Libro de Patronio.
Análisis de El conde Lucanor
La obra se compone de un doble prólogo y cincuenta y un cuentos o enxiemplos. En el primer prólogo da cuenta de su intención moralizadora. La suya es una obra didáctica para acrecentar la honra, la hacienda y el estado. En el segundo prólogo explica la forma del cuento. Señala que, igual que el médico utiliza el azúcar para hacer más placentera la medicina que prescribe al paciente, él va a utilizar la forma del cuento para que, a través del entretenimiento, llegue mejor la enseñanza.
Estructura de los cuentos
Todos los cuentos tienen la misma estructura:
- Diálogo inicial entre el conde Lucanor y su criado Patronio. El conde le plantea un problema a su criado. Este constituye el marco de la narración.
- La narración del cuento o del enxiemplo por parte de Patronio (relato enmarcado).
- Vuelven a aparecer Patronio y el conde Lucanor. Al conde le gusta la enseñanza, la aplica y le va bien.
- Aparece el propio autor, don Juan Manuel. Dice que le gustó la historia y por eso la incorporó a su libro. Además, añade una moraleja en forma de verso.
Doble vertiente de la obra
Primera vertiente: don Juan Manuel muestra una clara conciencia artística. Por ello, se hace responsable de su obra y se preocupa de que esta se transmita correctamente (frente a la visión medieval que vimos en el Arcipreste de Hita).
Segunda vertiente: el autor toma las historias de fuentes conocidas que reelabora, actualiza y enriquece.
Análisis métrico: Coplas a la muerte de su padre
La obra se compone de 40 estrofas dobles de pie quebrado o manriqueñas. El esquema métrico completo es:
- Primera estrofa: 8a, 8b, 4c, 8a, 8b, 4c.
- Segunda estrofa: 8d, 8e, 4f, 8d, 8e, 4f.
Análisis temático
La obra es un planto o una elegía que ensalza la figura de su padre fallecido, don Rodrigo Manrique. El planto (género medieval) y la elegía (género renacentista) son el mismo tipo de composición. La obra se divide en tres partes:
1.ª parte: de la estrofa I a la XIV
Desarrolla la idea del tempus fugit: la rapidez con la que transcurre la vida y la inevitable llegada de la muerte, igual para todos, a través de las imágenes de la vida como río y la vida como camino. El sentido de esta primera parte aparece ya reflejado en los dos primeros versos de la primera estrofa: Recuerde el alma dormida, avive el seso e despierte. El poeta nos exhorta a abandonar el sueño engañoso de la vida con sus placeres y a ser conscientes de la presencia inexorable y constante de la muerte.
2.ª parte: de la estrofa XV a la XXIV
Jorge Manrique nos ofrece ejemplos concretos de los estragos del tiempo. El autor ofrece de forma consciente no ejemplos clásicos («dejemos a los troyanos» y «dejemos a los romanos»), ya que están muy lejos, sino ejemplos de la historia reciente de Castilla para hacer más intensa su argumentación. Emplea el tópico del ubi sunt («¿dónde están?») para mostrar que la riqueza, la fuerza y el poder no son más que gotas de rocío de los prados destruidas por el tiempo.
3.ª parte: de la estrofa XXV a la XL
Es ahora cuando aparece el padre, don Rodrigo. Ensalza sus virtudes y las compara con los modelos de la Antigüedad clásica. Se va a centrar en las cualidades propias de su condición de noble: su nobleza militar, probada en multitud de ocasiones luchando contra el moro, y la obtención de rentas y vasallos gracias a su esfuerzo personal y a la exaltación del rey y los suyos. Es entonces cuando aparece la muerte y la acepta como buen cristiano.
Hasta entonces, la muerte era una visión de la vida y la muerte propia de la Edad Media, pero añadiendo un elemento nuevo. Por un lado, tenemos la vida terrenal, que es breve y falsa, y, por otro lado, la vida eterna, que es perdurable y verdadera. A esta dicotomía medieval que ya vimos en Berceo y que el Arcipreste cambiaba, Jorge Manrique añade una nueva vida, que es la vida de la fama. La vida de la fama es más larga que la vida terrenal, pero más breve que la vida eterna, y se consigue dejando memoria en los demás por lo que hacemos en vida, cumpliendo en cada caso lo que se esperaba de él.
