El Realismo: Contexto Social y Cultural
El Realismo se inicia en Francia en la segunda mitad del siglo XIX, tras la Revolución Industrial y las revoluciones europeas de 1848.
En este contexto social nace el proletariado, una clase surgida en las fábricas que debía soportar unas condiciones de vida y de trabajo durísimas. La defensa de sus derechos enfrentó al proletariado con la gran burguesía, continuadora del Antiguo Régimen y del absolutismo. Como consecuencia del crecimiento de las ciudades debido a la industrialización, aumentó la brecha entre ricos y pobres.
Por otro lado, el movimiento realista surgió como una reacción al Romanticismo, que buscaba evadirse en épocas o lugares remotos. Frente a esto, el Realismo, influido por el positivismo y las ciencias experimentales —que defienden que el único conocimiento válido es el científico—, se basa en la observación de la realidad para reproducirla con fidelidad y detalle, con el fin de criticar aquello que debería cambiar.
Asimismo, este movimiento fija su mirada en el «aquí y el ahora», pues ya no interesan lugares exóticos ni épocas gloriosas. Lo que realmente importa es contar la vida de las personas que, con su esfuerzo, mueven el mundo.
La Literatura como Espejo de la Vida
El género más apropiado para reflejar la realidad con fidelidad es la novela. Por ello, esta época supone el resurgir de la novelística europea, con autores como el francés Stendhal, considerado el iniciador de este movimiento, y otros como Balzac, Dickens o Tolstói.
Uno de los rasgos del autor realista es que se convierte en investigador; para construir sus historias, observa su entorno con objetividad, sin transmitir emociones ni sentimientos personales. Por ejemplo:
- Flaubert acudió a un hospital para poder describir en su novela Madame Bovary los síntomas del envenenamiento con arsénico.
- Emilia Pardo Bazán visitó durante meses una fábrica de tabaco para reflejar en La Tribuna la forma de hablar y comportarse de los obreros, rasgo que se observa también en las novelas de Galdós.
Los autores reproducen incluso expresiones vulgares de las capas más bajas de la sociedad. Junto a la presencia del narrador omnisciente, se emplea constantemente el diálogo, en el que predomina un lenguaje coloquial que muestra la manera de hablar de las distintas clases sociales.
Lo que se pretende es mostrar, con una clara intención crítica, cómo viven los grupos que integran la sociedad del momento, desde la clase burguesa —dibujada como un estrato social egoísta y materialista— hasta las capas más bajas, formadas por obreros, campesinos, huérfanos o mendigos que luchan por subsistir.
La Narrativa Realista en España
En España, el Realismo no se consolida hasta el último tercio del siglo XIX. Influyen tanto las creaciones de los autores europeos como las obras narrativas costumbristas y románticas previas. En esta tendencia destaca Benito Pérez Galdós, cuyas novelas se clasifican en dos grupos:
1. Novelas históricas
Agrupadas bajo el título de Episodios nacionales, en los que recrea la historia española del siglo XIX.
2. Novelas actuales
Ambientadas en el tiempo del autor, donde se refleja una sociedad caracterizada por la inmoralidad y el materialismo. Podemos distinguir tres etapas:
- Novelas de tesis: Enfrentan a los personajes «buenos» (progresistas) con los «malos» (conservadores), como en Doña Perfecta.
- Novelas contemporáneas: Con una visión de la realidad y personajes más complejos, como Fortunata y Jacinta.
- Novelas espiritualistas: Recogen valores cristianos para transformar la realidad, como en Misericordia.
Énfasis en la Realidad más Cruda: El Naturalismo
A finales del siglo XIX, el Realismo deriva en el Naturalismo, una tendencia que se basa en el determinismo para reflejar los aspectos más sórdidos de la realidad. Considera que el individuo no es libre, sino que está condicionado por la herencia genética y el medio en el que vive. Sus pilares son:
- Darwin: Teoría de la evolución y lucha por la supervivencia.
- Mendel: Estudios de genética.
Entre las novelas naturalistas españolas sobresale Los pazos de Ulloa, de Emilia Pardo Bazán, que refleja la lucha entre el mundo rural violento y un mundo más pacífico ligado a la ciudad.
La Regenta: Obra Cumbre
En La Regenta, Leopoldo Alas «Clarín» construye a Vetusta (trasunto de Oviedo) como un personaje más que determina el comportamiento de sus vecinos. La obra muestra una sociedad movida por el egoísmo y la ausencia de moralidad a través del triángulo amoroso entre Ana Ozores, su marido Víctor Quintanar, su confesor don Fermín de Pas y el seductor Álvaro Mesía.
