Evolución de la Poesía y Narrativa Española en la Posguerra

La poesía social

La poesía de posguerra de los años cincuenta, marcada por una progresiva flexibilización de la censura del franquismo, tiene como línea dominante la poesía social, hacia la que evolucionan autores que en años anteriores se inscribían en la poesía desarraigada.

La poesía social se caracteriza por:

  • La concepción de la poesía como un instrumento de transformación política y social cuya finalidad es dar un testimonio crítico de la realidad de la época, a fin de agitar las conciencias de los lectores.
  • La denuncia de la injusticia y la falta de libertad.
  • La voluntad de escribir una poesía útil que llegue a la mayoría, que se traduce en el uso de un lenguaje claro y deliberadamente prosaico, que adquiere a veces un tono enfático cercano al himno.

En la poesía social se incorporan:

  • Gabriel Celaya: en cuyo poemario, Cantos iberos, muestra de forma explícita su compromiso sociopolítico y su concepción instrumental de la poesía.
  • Blas de Otero: que, tras una primera etapa de poesía metafísica, en Pido la paz y la palabra explora temas sociales y políticos.
  • José Hierro: con Tierra sin nosotros.

La poesía de los 60: Generación del Medio Siglo

Principales características del grupo de los 50

A finales de los años cincuenta del periodo franquista se da a conocer un grupo de poetas que recibe el nombre de Generación del Medio Siglo —también llamada Generación del 50, Promoción del 60 o de los Niños de la Guerra—, en la que se incluyen Jaime Gil de Biedma, José Ángel Valente, Ángel González, José M. Caballero Bonald, José Agustín Goytisolo, Carlos Barral, Francisco Brines y Claudio Rodríguez.

El acto fundacional del grupo será el viaje de algunos de estos autores a Colliure para visitar la tumba de Antonio Machado, que se constituye tanto en un referente ético como estético. La mayoría de estos poetas inicia su andadura en la poesía social en sus primeros libros. Sin embargo, más tarde proponen que la poesía deje de ser un instrumento de comunicación para pasar a ser un vehículo de conocimiento, un cauce de indagación de la propia experiencia.

Las características propias de esta generación son:

  • La desaparición del compromiso ideológico explícito y la aparición del componente autobiográfico.
  • La diversidad temática: el amor, la amistad, la conciencia del paso del tiempo, las vivencias de la Guerra Civil, la evocación de la infancia y adolescencia como paraísos perdidos.
  • Un lenguaje conversacional e intimista.
  • El distanciamiento irónico respecto a sus propias emociones.

Jaime Gil de Biedma

Miembro de la alta burguesía catalana, con la que se muestra crítico, Gil de Biedma desarrolla una profunda conciencia social y política, agudizada por su condición de homosexual en la cerrada sociedad de la época. Tuvo una formación cosmopolita que incluyó autores anglosajones como Auden, de quien toma un mecanismo consistente en la creación de un personaje llamado Jaime Gil de Biedma, encarnación de su yo juvenil y bohemio con quien mantiene una relación conflictiva y al que acaba matando.

Reunió su reducida producción poética en Las personas del verbo. Sus composiciones suelen partir de anécdotas de aire realista, a partir de las cuales indaga en temas como la identidad, el recuerdo de la adolescencia, el paso del tiempo y la derrota de las ilusiones.

La narrativa de los años 40

Durante la dictadura del general Franco (1939-1975), los autores se alejaron inicialmente de los caminos de la narrativa occidental contemporánea a causa de diversos factores, como la censura, el aislamiento internacional y la marcha al exilio de muchos narradores de preguerra.

En la narrativa de los años 40, en la línea de Madrid, de corte a checa de Agustín de Foxá, se cultiva un tipo de novela en la que se exaltan los valores del ejército vencedor, como en Javier Mariño de Gonzalo Torrente Ballester o Frente de Madrid de Edgar Neville.

Al margen de esta vertiente, las dos tendencias características de los años cuarenta son:

  • Novela existencial: incluye relatos que reflejan la asfixiante realidad de la posguerra, protagonizados por seres angustiados a los que les obsesiona la idea de la muerte. Las novelas que destacan en esta tendencia son Nada de Carmen Laforet y La sombra del ciprés es alargada de Miguel Delibes.
  • Novela tremendista: se acentúan la atrocidad y la violencia, con elementos picarescos, naturalistas y esperpénticos. La obra más representativa es La familia de Pascual Duarte de Camilo José Cela, en la que un narrador en primera persona, que ha sido condenado a muerte, nos cuenta su vida miserable, con la supuesta intención de justificar sus crímenes.

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