Evolución y Estética en la Dramaturgia de Ramón María del Valle-Inclán

La renovación teatral en el siglo XX

En las primeras décadas del siglo XX, surgieron intentos de renovación teatral impulsados por autores influidos por escritores europeos como Ibsen, Antón Chéjov o Maeterlinck.

En España, los autores que intentaron renovar el género fueron figuras de la Generación del 98, como Miguel de Unamuno, Azorín o Gómez de la Serna, quienes escribieron más bien un teatro de lectura. Entre todos ellos, el más original es Ramón María del Valle-Inclán, cuyo teatro experimenta una evolución desde los inicios modernistas hasta el vanguardismo de los esperpentos, proceso también evidente en su prosa y en su poesía.

En su creación, siguió un camino inverso al de algunos compañeros de su generación, pues evolucionó de una estética y una postura social aparentemente conservadoras y modernistas a otras relacionadas con las vanguardias, el simbolismo y el expresionismo.

Desafíos y características del teatro vanguardista

Este vanguardismo provocó que su teatro no fuera bien entendido. Los empresarios se resistían a montar obras que temían destinadas al fracaso económico; los directores no sabían cómo solucionar la escenografía: que el Sol guiñe un ojo o que de la cara de un militar salga brincando un ojo de cristal. Algunas obras mantienen un movimiento escénico desenfrenado, con cambios de espacio y tiempo difíciles para el teatro anquilosado de la época, juegos de luces y efectos continuos que necesitaban una maquinaria teatral inexistente en España.

A pesar de las grandes diferencias, observamos rasgos comunes en su teatro:

  • Afán innovador constante, en relación con las corrientes del teatro europeo.
  • Perfeccionismo verbal esteticista: riqueza expresiva y aprovechamiento de cualquier recurso para conseguir un efecto musical en los diálogos y acotaciones.
  • Crítica constante a la burguesía conservadora.

Su obra se inicia en 1899 con la modernista Cenizas. Pero es la trilogía gallega Divinas palabras la que muestra a Valle-Inclán como un dominador de las técnicas teatrales, distanciado ya de la estética modernista.

El ciclo de la farsa y el nacimiento del esperpento

En 1910 inicia el ciclo de la farsa: Farsa y licencia de la reina castiza y Farsa italiana de la enamorada del rey. A través de ellas, Valle desmitifica los valores más convencionales de la sociedad española: la monarquía, la milicia y la nobleza. Sus personajes, marionetas de feria, anuncian la llegada del esperpento. El tono crítico se une ya a su esteticismo.

En 1920, con Luces de bohemia, se inicia el ciclo esperpéntico que continúa en la trilogía Martes de Carnaval. Luces de bohemia se divide en quince escenas. Su tema gira en torno a las relaciones entre el ciego y pobre escritor Max Estrella y un amplio elenco de personajes, la mayoría miserables y marginales. La obra es una crítica colectiva, es una queja total.

¿Qué es el esperpento?

El esperpento es un género nuevo creado por Valle-Inclán; es el resultado de mezclar varios géneros: tragedia (el tema de la muerte), comedia (el humor), sátira (crítica ácida y burlesca) y teatro de muñecos (los personajes se mueven como títeres, sombras chinescas…).

Consiste en la deformación grotesca y crítica de la realidad para mostrar de manera más evidente esa misma realidad y dejar al descubierto lo que desea encubrir la sociedad o algún grupo social (es como si viéramos la realidad a través de un espejo cóncavo). A través de este nuevo género, Valle realiza una crítica incisiva a la sociedad y a su época (primer cuarto del siglo XX), centrándose en su momento histórico, que despreciaba: monarquía, militares, Academia, escritores, partidos políticos, etc. Los esperpentos no fueron representados en vida del autor.

Recursos técnicos del esperpento

Para conseguirlo, emplea los siguientes recursos:

  1. Presentación de lo más desagradable y grotesco de los seres humanos: la deformidad, la crueldad, la estupidez.
  2. Empleo de prosopopeyas, animalizaciones, símiles despectivos, hipérboles, metáforas degradantes y caricaturas.
  3. Diálogos con un lenguaje rico y elaborado.
  4. Deformación sistemática de la realidad: se seleccionan los rasgos más relevantes de un contexto social y, mediante los personajes, se contrapone su actuación con lo que de ellos cabría esperar.
  5. Personajes deshumanizados mediante la cosificación y la animalización. Valle-Inclán retrata casi siempre a sus personajes sin valores morales ni éticos (visión pesimista).
  6. Distanciamiento entre el autor y la obra: el autor contempla a sus personajes desde arriba, como un ser superior; de ahí que los minimice hasta llegar a ser presentados como muñecos.
  7. El lenguaje es desgarrado y violento, de base popular.
  8. Acotaciones muy complejas, con referencias a códigos muy diversos que provocan sorpresas permanentes en los espectadores.
  9. Movimientos y gestos característicos del teatro de guiñol o de títeres.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *