Introducción
La Guerra Civil española supuso una ruptura en la evolución de la cultura española con respecto a las corrientes europeas. Tras ella, el panorama cultural se vio condicionado por las siguientes circunstancias:
- Aislamiento cultural y político. Se cerraron las fronteras a toda influencia que pudiera ser considerada nociva para la dictadura y se instauró un fuerte aparato de control y censura. Cualquier propuesta artística debía obtener el beneplácito de los poderes eclesiásticos y políticos.
- Los escritores jóvenes carecen de modelos estéticos. La Generación del 27 se deshace bruscamente: Federico García Lorca fue fusilado durante la Guerra Civil; otros autores parten al exilio (Salinas, Cernuda, Guillén, Alberti). Los pocos que quedaron en España (Vicente Aleixandre, Dámaso Alonso) se convierten en prácticamente los únicos referentes para los creadores de posguerra.
Los narradores del exilio conforman un grupo extremadamente heterogéneo. Se mezclan los temas del dolor por la guerra y la patria perdida (a menudo idealizada) con las técnicas propias del realismo y la humanización de la novelística anterior a la guerra, junto a los experimentos más vanguardistas.
Narrativa
Años 40: Tremendismo
Aunque se amplían los temas literarios con relación al período de guerra, los años cuarenta están marcados por las consecuencias del conflicto y se dan tendencias a las notas triunfalistas, el deseo de evasión (teatro) o el retorno al formalismo clásico (poetas). Pronto surge una literatura inquietante y cargada de angustia. El iniciador de esta corriente fue Camilo José Cela con La familia de Pascual Duarte (1942), que ofrece una visión agria de los aspectos más míseros y brutales de la realidad; aunque también destaca Nada de Carmen Laforet.
Años 50: Realismo social y objetivismo
Narrativa objetivista o llamada Generación del 50: refleja la realidad de forma objetiva sin implicarse en los hechos (Ignacio Aldecoa, Jesús Fernández Santos, Rafael Sánchez Ferlosio, Ana María Matute y Carmen Martín Gaite). Entre sus temas destacan la vida en el campo (Los bravos, Jesús Fernández Santos), el mundo del trabajo, la ciudad, la vida burguesa y, en general, los espacios urbanos y rurales.
El grado máximo del objetivismo es el conductismo: el narrador se limita a registrar la pura conducta externa de individuos o grupos y a recoger sus palabras sin comentarios ni interpretaciones. Destaca El Jarama de Rafael Sánchez Ferlosio. También encontramos el realismo crítico con autores como Juan Marsé o Juan Goytisolo.
Realismo social: temas recurrentes como el desaliento, la insatisfacción, la soledad en medio de la sociedad o el recuerdo de la guerra y sus consecuencias sociales. Su estilo se caracteriza por una pobreza léxica deliberada, el uso de registros lingüísticos populares y coloquiales y el interés por la experimentación técnica. Su máximo representante es Miguel Delibes con La sombra del ciprés es alargada y Las ratas, aunque también destaca Ana María Matute con Los Abel y Camilo José Cela con La colmena.
Años 60: La novela experimental
La novela experimental surge debido al nuevo panorama socioeconómico y al cansancio de los lectores ante la novela social. Tiempo de silencio (1962) de Luis Martín-Santos es la obra que abre el camino a la renovación de los años sesenta; su novedad no se encuentra tanto en los temas elegidos (la vida de los pobres y de las clases medias), sino en el nuevo planteamiento discursivo y el uso de técnicas narrativas innovadoras. Hay tres aspectos que afectan su composición:
- El nuevo panorama socioeconómico y el cansancio entre los lectores respecto de la novela social.
- Revalorización de los aspectos formales: el estilo y la estructura, y recuperación del subjetivismo y la imaginación.
- Irrupción de la novela hispanoamericana y mayor conocimiento de los autores exiliados.
Lírica
El autor más destacado fue Miguel Hernández, también conocido como el “poeta pastor”. Se pueden señalar obras como El rayo que no cesa —aparece toda la imaginería del amor conflictivo que caracteriza esta etapa de Miguel Hernández: animales feroces y metales hirientes, que ofrecen una imagen dolorosa de la relación amorosa— y Cancionero y romancero de ausencias (corresponde con el anuncio de la maternidad de su mujer Josefina, que es lo único que confiere sentido al mundo en medio de tanta desolación).
Años 40: Revistas
- Garcilaso (asociada al régimen franquista; destaca su fundador, García Nieto).
- Espadaña (contraria al régimen franquista; destaca Blas de Otero con Pido la paz y la palabra).
- Cántico (poetas cordobeses como Pablo García Baena).
- Postismo (muestra las últimas tendencias vanguardistas; destaca su fundador Carlos Edmundo de Ory).
Poesía social (años 50)
El poeta deja a un lado sus problemas personales y se compromete ante la situación del momento. Se centra en un rechazo del esteticismo y evita los problemas íntimos como tema poético. Destacan Blas de Otero con Pido la paz y la palabra, José Hierro con Alegría y Ángela Figuera Aymerich.
Novísimos
Los novísimos fueron un grupo poético de la década de los setenta, fuertemente influenciado por los nuevos elementos de su época como el cine, los cómics o los medios de comunicación. José María Castellet creó y definió el grupo a través de su antología. Se caracteriza por:
- La amplia formación cultural (culturalismo).
- El cuidado exquisito de la forma.
- La variedad de temas (desde la tristeza hasta la frivolidad, el cinismo o el sarcasmo).
Destacan Manuel Vázquez Montalbán y Ana María Moix.
Teatro
El autor que más destacó fue Antonio Buero Vallejo. Su teatro se caracteriza por su compromiso ético y por la dialéctica entre la contemplación y la acción. Su obra se divide en tres etapas:
- Primera etapa: teatro en esencia tradicional (respetuoso con alguna o todas las unidades dramáticas; En la ardiente oscuridad).
- Segunda etapa: teatro histórico (el destino del pueblo en una sociedad injusta; Las meninas).
- Tercera etapa: teatro de inmersión (el espectador no ve la realidad, sino la versión de un personaje; La Fundación).
También se mantiene el teatro triunfante (explicar) y surge el teatro de protesta y denuncia, en el que se inserta Buero Vallejo. Estos autores se caracterizan por poseer un lenguaje violento, sin eufemismos, claramente opuesto al teatro oficial, lo que les impidió estrenar la mayoría de sus obras. Destacan Lauro Olmo con La camisa y José Martín Recuerda con Los salvajes en Puente San Gil.
