Literatura española desde 1939: novela, teatro y corrientes narrativas del siglo XX

La novela española desde 1939

Novela de posguerra y el Novecentismo

Tras la Guerra Civil, se produce una ruptura con la narrativa del Novecentismo y de la Generación del 27.

Años 40: novela existencialista

La censura se aplicó duramente, por ser el género más leído. Los autores buscan nuevos modelos narrativos, sin escapar de un mediocre realismo.

  • Zunzunegui: novelas sobre la guerra desde la élite. El escapismo aparece en la novela existencialista, que presenta la angustia vital de personajes que llevan una existencia amarga.
  • Narraciones en ambientes urbanos, con estructura narrativa tradicional y personajes de lenguaje coloquial.

La familia de Pascual Duarte (1942), de Camilo José Cela; Nada (1944), de Carmen Laforet; La sombra del ciprés es alargada (1947), de Miguel Delibes.

Miguel Delibes (1920-2010) inicia su obra con novelas existencialistas y realismo tradicional. En los años 50 retrata la vida rural como un paraíso perdido, con una fuerte crítica social, en El camino. En los 60 se acerca al experimentalismo con Cinco horas con Mario y vuelve a las formas tradicionales en El disputado voto del señor Cayo.

Años 50: novela de realismo social

La novela denuncia injusticias y los escritores utilizan un realismo renovado, también llamado novela objetiva o realismo crítico: el autor muestra los hechos sin opinar y el lector saca sus propias conclusiones.

  • Técnicas: narrador externo que solo informa de lo que se percibe a través de los sentidos.
  • Abundan las descripciones y los diálogos de habla coloquial.
  • Los personajes representan a todas las clases sociales y no critican la política directamente.

Destacan Jesús Fernández Santos, Alfonso Grosso, Ignacio Aldecoa (Con el viento solano), Carmen Martín Gaite (Entre visillos) y Rafael Sánchez Ferlosio (1927) con El Jarama, hito del realismo social que muestra la falta de ilusión de los jóvenes trabajadores.

Años 60 a 1974: novela experimental

La literatura social sigue cultivándose, pero sin fuerza para concienciar a las masas obreras, lo que origina obras de baja calidad. Los escritores no dejan de denunciar la situación y buscan nuevas formas de expresión: hallazgos vanguardistas y el boom hispanoamericano, que dio a conocer en España obras de Borges, García Márquez, Vargas Llosa y Octavio Paz, aportando nuevas técnicas narrativas y nuevos temas.

Características de la novela experimental:

  • Cambios en la estructura: casi desaparece el argumento y se mezclan elementos narrativos con líricos o ensayísticos.
  • Mezcla de lo real con lo fantástico y distorsión espaciotemporal; se abandona el orden lineal y el espacio se vuelve simbólico.
  • El narrador se aleja del omnisciente tradicional y del narrador objetivo. Abundan los monólogos interiores y puede haber más de un narrador.
  • Recursos tipográficos novedosos: eliminación de signos de puntuación y narración separada en secuencias. El lector debe resolver el puzle en que se convierte la narración.

Destacan Luis Martín Santos (1924-1964) con Tiempo de silencio, que introduce el monólogo interior, el perspectivismo y el desorden temporal; Juan Marsé (1931) con Si te dicen que caí; y Juan Goytisolo (1931) con Duelo en el paraíso (realismo social) y Señas de identidad (experimentación). Juan Benet (1927-1993) recrea la guerra civil en un lugar mitificado en Volverás a Región.

Final de los años 60: nuevas generaciones

Autores nacidos entre 1935 y 1950 (Generación del 68) o posteriores a 1975. Destacan Juan Benet, Gonzalo Guerrero con El mercurio, Vaz de Soto con Diálogos del amanecer, Antonio Gala con Punto de referencia y Manuel Vázquez Montalbán con Tatuaje. Algunas obras son anteriores a 1974 y otras posteriores, como las de Pombo, Mendoza y Millás. Sus primeras obras son experimentales; algunos autores son vanguardistas y otros más tradicionales, recuperando la importancia de la trama y de subgéneros narrativos «menores», y abandonan las intenciones políticas. Esta es la caracterización de la narrativa del último cuarto del siglo XX.


El teatro anterior a 1939

El teatro era el entretenimiento de la época y existían dos corrientes: el teatro que triunfa y el teatro renovador.

Teatro que triunfa (T.Q.T.)

A) Teatro realista

Jacinto Benavente (1866-1954) es la figura más representativa. Su obra dramática, la comedia benaventina, refleja las costumbres de la clase burguesa (hipocresía y convencionalismo). Tiene gran habilidad en la articulación de las escenas, naturalidad y diálogos irónicos, aunque se critica su teatro por su débil acción. Fue muy aplaudido por las clases altas con La noche del sábado, el drama rural La malquerida y la obra maestra Los intereses creados (1907).

B) Teatro en verso

Antirrealista, es la nueva estética del modernismo: el drama histórico, que exalta el pasado español, y el drama rural en verso. Destacan Eduardo Marquina con Las hijas del Cid, Francisco Villaespesa con El alcázar de las perlas y los hermanos Machado con Las adelfas.

C) Teatro cómico

Obtuvo gran éxito de público con ambientes castizos, escritos con moldes de probado éxito (la música incluida). Los hermanos Serafín y Joaquín Álvarez Quintero escribieron obras de Andalucía tópica, sin hambre ni miseria, como El genio alegre. Carlos Arniches cultivó dos vertientes: el habla castiza en sainetes de ambiente madrileño, con convencionalismo como en El santo de la Isidra, y la tragedia grotesca, con actitud crítica ante las injusticias, como en La señorita de Trevélez. Pedro Muñoz Seca provocaba la carcajada con juegos de palabras y situaciones disparatadas, como en La venganza de Don Mendo.

Teatro renovador (T.R.)

A) Teatro de la Generación del 98

Se alejan del realismo y de la comedia, sin éxito con el público. Miguel de Unamuno escribe diálogos densos que plantean conflictos, como en Fedra, La venda y El otro. Azorín cultiva un teatro antirracionalista, en Brandy, mucho brandy. Valle-Inclán es un autor de dramaturgia de gran importancia en el siglo XX. Sus obras (1899-1927) siguen primero la estética modernista, en El marqués de Bradomín, y evolucionan hacia formas más personales en La cabeza del dragón y las Comedias bárbaras, ambientadas en Galicia, de violencia y degradación. En Luces de bohemia emplea la técnica del esperpento, en la que la realidad se deforma y se representa como algo grotesco, convirtiendo a los personajes en fantoches. Fue pionero del vanguardismo, y Ramón Gómez de la Serna anticipó el antiteatro con La utopía.

B) Teatro de la Generación del 27

Incorpora formas de la vanguardia y se acerca al público popular. Federico García Lorca lleva a escena pasiones condenadas a la frustración, la soledad y la muerte, en un doble plano metafísico y social. Concebía el teatro como medio de elevar la sensibilidad del pueblo, con gran variedad de géneros y estilos.

  • Teatro lorquiano: experimentos de los años 20, como El maleficio de la mariposa; vanguardismo influido por el surrealismo (1930-1931), como El público; etapa de plenitud (1933-1936) con Bodas de sangre, Yerma y La casa de Bernarda Alba.
  • Rafael Alberti y Pedro Salinas escribieron obras antes de la guerra civil, como El hombre deshabitado y Fermín Galán, de Alberti.

Otros autores contemporáneos de la Generación del 27: Miguel Hernández, con El labrador de más aire y su teatro de guerra; Alejandro Casona (teatro antirrealista, lirismo y humor), con Otra vez el diablo; en el exilio, La barca sin pescador; y Max Aub, pionero de la vanguardia, con Una botella y Los trasterrados.