Evolución y Tendencias del Teatro Comercial Español en el Siglo XX

1. El teatro comercial: tendencias y contexto

A finales del siglo XIX, en España no se desarrolló un teatro realista ni naturalista. Predominaban, por un lado, la comedia de Echegaray (premio Nobel en 1903), muy criticada por los autores de la Generación del 98, y, por otro, el género chico, formado por sainetes musicales breves de ambiente popular y lenguaje castizo.

A comienzos del siglo XX, el teatro comercial continuó esta línea y se orientó al entretenimiento del público, tanto burgués como popular. Era principalmente cómico o melodramático, evitaba conflictos ideológicos y no prestaba atención a una escenografía elaborada. Técnicamente estaba atrasado: utilizaba decorados e iluminación convencional, efectos especiales pobres y actores con poca formación, que recitaban de memoria de forma exagerada y sobreactuada. Valle-Inclán criticaba esta situación afirmando que no escribía para actores españoles porque no sabían interpretar bien los textos.

En este contexto, triunfaban tres tipos de obras comerciales:

1. La comedia burguesa o de salón

Fue creada por Jacinto Benavente a partir de la “alta comedia” del siglo XIX, eliminando el tono grandilocuente y declamatorio y aportando mayor realismo en diálogos y ambientes. Introdujo una crítica suave a las costumbres superficiales de la clase alta, sin resultar provocadora.

Benavente (1866-1954), premio Nobel en 1922, escribió más de cien comedias, casi siempre exitosas. Aunque al principio parecía innovador, acabó adaptándose al gusto del público burgués con obras como La comida de las fieras (1898) y Rosas de otoño (1905). Sus obras se sitúan en ambientes de alta sociedad, critican sus vicios y presentan mucho diálogo, poca acción y personajes poco profundos. Los conflictos suelen resolverse con finales felices ligados al amor y el sacrificio. Su lenguaje es culto y elegante, y logró evitar la declamación exagerada de los actores.

Sus mejores obras son las que se alejan de este modelo:

  • Los intereses creados (1907): una farsa irónica con personajes de la comedia del arte italiana que critica una sociedad hipócrita basada en intereses, donde finalmente triunfan los sentimientos verdaderos.
  • La malquerida (1913): un drama rural sobre un amor incestuoso, más refinado, con mayor profundidad psicológica y tono lírico.

2. El teatro poético en verso

Era un teatro convencional y evasivo, con rasgos superficiales del modernismo, escrito en verso y centrado en exaltar valores nobiliarios, mitos nacionales y un pasado legendario e irreal. Lo hacía mediante dramas históricos y rurales que funcionaban como simple escapismo.

Sus autores más representativos fueron:

  • Eduardo Marquina, autor de Las hijas del Cid.
  • Francisco Villaespesa, con La leona de Castilla.

También los hermanos Machado (Manuel y Antonio) escribieron siete obras en verso de ambiente rural con cierto éxito. La más destacada fue La Lola se va a los puertos (1929), de estructura clásica, con abundantes elementos musicales, populares y andaluces, que presenta un idealismo convencional: la protagonista elige la humildad y la fidelidad al amor frente a la riqueza sin amor.

3. El teatro cómico y el astracán

El teatro más popular fue la evolución del “género chico”, surgido en el siglo XIX: obras breves, generalmente cómicas y costumbristas, con partes cantadas, argumentos sencillos y escenografías vistosas, que a veces derivaron en operetas y zarzuelas más elaboradas.

Relacionados con este estilo están los sainetes costumbristas, también breves y centrados en tipos populares de forma esquemática. Muchos, como los de los hermanos Álvarez Quintero, ofrecían una visión idealizada de España. En cambio, Carlos Arniches (1866-1943), cercano a la Generación del 98, destacó con sainetes críticos y burlescos como La gentuza (1913). En sus mejores obras, como La señorita de Trevélez (1916), presenta personajes humildes conscientes de su sufrimiento en situaciones absurdas. A través del melodrama y un humor negro y agridulce, hace reflexionar al público, creando el género de la tragedia grotesca.

Por otro lado, una de las obras más famosas del teatro cómico es La venganza de don Mendo, de Pedro Muñoz Seca, una parodia en verso de los dramas históricos y del teatro neorromántico, inspirada en la comedia de capa y espada. Su humor se basa en errores simples y juegos de palabras. Este tipo de obras se denomina “astracán”, caracterizado por sus situaciones exageradas y ridículas, llamadas “astracanadas”.

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