Historia y corrientes de la literatura en español: de la posguerra al boom

La narrativa española tras la Guerra Civil

Al final de la Guerra Civil, la implantación de la censura y las duras condiciones de la posguerra llevaron a los novelistas a desarrollar una literatura esencialmente realista en la que trataron de hallar cauces expresivos para sus inquietudes existenciales y sociales. Hay ciertos autores que escribieron desde el exilio y narraron el tema de España con una perspectiva abiertamente crítica. Entre ellos destacan Ramón José Sender, con sus obras Crónica del Alba y Réquiem por un campesino español; Max Aub, que destaca por la publicación de El laberinto mágico; Rosa Chacel, que escribió obras como Memorias de Leticia Valle o Teresa; y Francisco Ayala, con su novela El boxeador y un ángel.

Corrientes narrativas de la primera posguerra

Durante la primera década de la posguerra se impone una novela de corte realista en la que se presentan con crudeza y pesimismo las circunstancias de sus personajes. Dentro de esta atmósfera se cultivan tres grandes corrientes narrativas:

  • Realismo convencional: comprende autores como José María Gironella, con su título Un hombre; e Ignacio Agustí.
  • Tremendismo: nace con el título La familia de Pascual Duarte, escrita por Camilo José Cela. Esta obra abarca temas como la miseria, la ignorancia y la brutalidad. El protagonista de la historia acaba siendo víctima y verdugo de sí mismo. El tremendismo se caracteriza por el uso de un lenguaje expresivo y desgarrado, el exacerbamiento de lo sórdido y lo miserable, y la visión pesimista de la realidad. Otra obra tremendista muy destacada es Los Abel, de Ana María Matute.
  • Novela existencialista: de los años 40, se centra en las incertidumbres del ser humano. Los rasgos esenciales de esta corriente son el protagonista individual, el destino incierto, el espacio único o reducido y el estilo realista. Destacan novelas como Javier Mariño, de Gonzalo Torrente Ballester; y La sombra del ciprés es alargada, de Miguel Delibes. Sin embargo, el título más destacado de esta corriente es Nada, de Carmen Laforet. En esta obra, Laforet expresa con precisión las inquietudes de su generación y elabora un lúcido retrato de la España de posguerra.

La novela social y la experimentación (años 50 y 60)

Durante la década de los 50 surge una nueva narrativa que centra su atención en la sociedad de su tiempo con un afán crítico y testimonial. Una de las innovaciones más notables de esta novela social es el protagonista colectivo, cuyo objetivo es reflejar la realidad con la mayor veracidad posible. Otras de sus características son la preocupación por la verdad, la intención crítica y la fábula mínima.

Tendencias: objetivismo y realismo crítico

Dentro de la novela social cabe destacar dos tendencias:

  • Objetivismo: los rasgos más característicos son la narración de los hechos con un afán testimonial, la importancia de los diálogos y la recurrencia de temas como el desencanto o la rutina. Los títulos más destacados son El Jarama, de Rafael Sánchez Ferlosio; Entre visillos, de Carmen Martín Gaite; Los hijos muertos, de Ana María Matute; y La colmena, de Camilo José Cela.
  • Realismo crítico: el rasgo que más caracteriza a esta línea es el afán de denuncia. Las novelas más destacadas son Duelo en el paraíso, de Juan Goytisolo; y Dos días de septiembre, de José Manuel Caballero Bonald.

La novela experimental de los años 60

En la década de los 60 se incorporan innovaciones técnicas de la literatura europea y americana. Los rasgos fundamentales son la ruptura de la linealidad temporal, las nuevas voces narrativas, el perspectivismo, la fusión de géneros y la experimentación lingüística. Destacan obras como Tiempo de silencio (Luis Martín-Santos), Cinco horas con Mario (Miguel Delibes), Últimas tardes con Teresa (Juan Marsé) y La saga/fuga de J.B. (Gonzalo Torrente Ballester).

La narrativa desde 1975 hasta la actualidad

La narrativa posterior a 1975 se caracteriza por el abandono del experimentalismo y el regreso a la narratividad. Factores como la desaparición de la censura y el crecimiento del sector editorial impulsaron este cambio.

La Transición y la posmodernidad

Surgió la “generación del 68”, cuyas obras se conocen como novelas de la Transición. Se cultivaron tres subgéneros principales:

  • Metanovela: El cuarto de atrás (Carmen Martín Gaite), Mazurca para dos muertos (Camilo José Cela).
  • Novela policiaca: Manuel Vázquez Montalbán con su personaje Pepe Carvalho (Yo maté a Kennedy), Eduardo Mendoza (El misterio de la cripta embrujada).
  • Novela histórica: Extramuros (Jesús Fernández Santos), Luz de la memoria (Lourdes Ortiz).

En los años 80, la narrativa se ve determinada por los principios de la posmodernidad, la introspección y la ironía. Autores como Luis Landero, Enrique Vila-Matas, Javier Marías, Rosa Montero, Arturo Pérez-Reverte, Antonio Muñoz Molina y Almudena Grandes definen este periodo.

Poesía y narrativa hispanoamericana

La poesía americana posterior a 1950 reinterpreta las vanguardias. Destacan figuras como Nicolás Guillén (poesía negra), Octavio Paz (trascendentalismo) y Nicanor Parra (antipoesía). En la narrativa, el realismo mágico se convierte en el movimiento trascendental, con autores como Alejo Carpentier, Miguel Ángel Asturias y Juan Rulfo.

El Boom Hispanoamericano

En los años 60, el boom marca un hito con autores como Gabriel García Márquez (Cien años de soledad), Mario Vargas Llosa (La guerra del fin del mundo) y Julio Cortázar (Rayuela). Tras este periodo, la literatura hispanoamericana continúa su prestigio con autores como Isabel Allende, Ernesto Sábato y Guillermo Cabrera Infante.

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