La segunda mitad del siglo XIX fue convulsa en nuestro país. Aunque con retraso, va triunfando el capitalismo, progresa la revolución industrial y crece un incipiente movimiento obrero. Terminará el reinado de Isabel II con la Revolución de Septiembre del 68, lo que permite la instauración de la Primera República, sustituida al poco tiempo por ese largo periodo de relativa prosperidad económica y estabilidad política denominado Restauración. En literatura va perdiendo fuerza en general la exaltación romántica y se adoptan las nuevas tendencias narrativas surgidas en Francia: el realismo y el naturalismo.
El Realismo
2a) El realismo es un movimiento artístico y literario que surge en Francia a mediados del siglo XIX ante el agotamiento del romanticismo y se extiende rápidamente por toda Europa. A España llega con retraso, en la década de los 70. Este movimiento sustituyó la exaltación romántica de la libertad por el propósito de explicar y analizar la realidad social.
Características del realismo
El realismo se caracteriza por:
- Una cuidada observación de la realidad próxima al autor: tiempo contemporáneo y lugares conocidos y reconocibles.
- Conflictos frecuentes entre la gente común, tales como las dificultades económicas, el adulterio o el ascenso social.
- La novela como género de mayor auge, que dará la forma definitiva que, con diversas variantes, ha llegado a nuestros días.
- Relatos largos con multitud de personajes de todos los estratos sociales, aunque la burguesía es la protagonista.
- Narrador omnisciente, estructura cronológica lineal, minuciosas descripciones y finales cerrados.
- Un ritmo muy lento, debido a las constantes descripciones de personajes, ambientes y actitudes.
- Técnicas narrativas novedosas como el estilo indirecto libre o el monólogo interior.
El realismo en Francia y Europa
El movimiento nace en Francia, con autores como Stendhal (Rojo y negro), Honoré de Balzac (La comedia humana) y, sobre todo, Gustave Flaubert, autor de Madame Bovary, considerada por muchos como la mejor novela realista. El realismo se extendió con éxito por todo Occidente (Dickens en Inglaterra; Tolstói o Dostoievski en Rusia; Henry James en Estados Unidos, etc.) y se impuso, aunque de modo algo tardío, también en España.
El realismo en España
2b) Se suele considerar a La Gaviota, de Fernán Caballero (seudónimo de Cecilia Böhl de Faber), la primera obra realista en España. Es una novela de tesis tradicionalista que enfrenta la sabia y sencilla vida rural a los peligros, morales sobre todo, de la gran ciudad.
De ideología parecida son las novelas de José María de Pereda, Peñas arriba y Sotileza, ambas ambientadas en Cantabria, en las que muestra los perniciosos efectos del progreso en la sociedad tradicional.
Un caso particular es Juan Valera, autor de gran prestigio en su tiempo con obras como Pepita Jiménez y Juanita la Larga, más interesado en el análisis de la psicología de los personajes que en el retrato fiel de la dura realidad de finales del siglo XIX.
Pero es Benito Pérez Galdós el gran narrador de esta corriente. Su prolífica obra recorre las distintas etapas del movimiento: desde la novela de tesis (Doña Perfecta) y la novela histórica (Episodios nacionales), hasta las más prototípicamente realistas, que él llamó «novelas contemporáneas», como Fortunata y Jacinta, considerada su mejor novela. En ella, a través de la peripecia de dos mujeres enamoradas del mismo hombre, se retrata la sociedad durante el Sexenio Revolucionario.
Otro autor importantísimo es Leopoldo Alas «Clarín», quien compuso sin duda una de las mejores novelas realistas en español: La Regenta, una historia de adulterio que sirve para mostrar la opresora vida social en una ciudad de provincias.
Por último, es preciso mencionar a Emilia Pardo Bazán, intelectual de gran prestigio y autora de Los pazos de Ulloa, un retrato descarnado de la sociedad rural gallega, que se mueve entre la decadencia de una aristocracia inútil, la corrupción de la burguesía y las miserables condiciones de vida del pueblo.
El Naturalismo
3a) Con raíces en el realismo y también nacido en Francia, surge poco después el naturalismo. Es un movimiento que, de algún modo, radicaliza las posturas del realismo. La protagonista ya no será la burguesía, sino los estratos más bajos de la sociedad: obreros, prostitutas, mendigos, etc. Se basa en el determinismo materialista y persigue fines inequívocamente críticos y de denuncia.
En sus obras hay una obsesión por la observación minuciosa, por los ambientes sórdidos, por la verosimilitud y por la objetividad, hasta el punto de que el narrador casi desaparece en favor de los personajes. Fue Émile Zola (Germinal, Nana) el autor francés que creó el movimiento y su mejor exponente.
El naturalismo en España
3b) En España, los presupuestos ideológicos del naturalismo —sobre todo el determinismo, el ateísmo y la fuerte crítica social que lo acercaba a posiciones socialistas— impidieron su desarrollo. No obstante, se puede rastrear su influencia en aspectos como la importancia de la herencia genética en los individuos o el retrato del mundo de la mendicidad en Galdós (Misericordia), en «Clarín» (Su único hijo) o en Pardo Bazán (La madre naturaleza).
Pero es Vicente Blasco Ibáñez el autor a quien más claramente se puede encuadrar en este movimiento. En obras como Cañas y barro o Arroz y tartana se describen crudamente las inhumanas condiciones de vida de los agricultores de la Albufera valenciana.
El Teatro
4a) En contraste con la novela, el teatro vivió en la segunda mitad del siglo XIX una intensa decadencia, de la que tardaría en salir. El público, muy conservador, no ayudaba a su evolución y básicamente se produjeron, por un lado, dramas históricos, herederos de la tragedia neoclásica y del drama romántico, y, por otro, comedias moralizantes muy influidas por Moratín.
Precisamente, esta influencia dio lugar a la fórmula más original que siguió teniendo recorrido en el siguiente siglo: la llamada «alta comedia». Consistía en obras bien construidas, de ambientación contemporánea y burguesa, con un claro sentido moral. Su crítica se centraba fundamentalmente en dos aspectos: la destrucción de la familia por el adulterio y la excesiva ambición de riqueza.
4b) Sus dos autores más importantes fueron Manuel Tamayo y Baus (Lo positivo) y Adelardo López de Ayala (El tanto por ciento). Un caso aparte es José de Echegaray, autor hoy muy menospreciado pero de gran éxito en su época, que incluso fue premiado con el Nobel de Literatura. Su obra más aclamada fue El gran galeoto, que pretendía abrir paso a lo que luego se llamó el drama social, pero que se quedó en un melodrama de celos y amoríos.
Quizá el mejor teatro llegó al final del siglo con Juan José, de Joaquín Dicenta, un drama social protagonizado por la lucha de las clases bajas por mejorar económica y socialmente.
Hay que mencionar, por último, la dedicación de Benito Pérez Galdós al teatro, con algunas adaptaciones de sus novelas, como El abuelo, y otras originales, como Electra, con la que consiguió un enorme éxito lleno de polémica. Él abre el teatro español al drama naturalista que se iba imponiendo en Europa bajo la influencia del noruego Ibsen.
La Poesía
5a) La poesía tampoco vive su mejor momento en la segunda mitad del siglo XIX, aunque hubo algunos autores destacados. A mediados de siglo la influencia de la lírica romántica es enorme, tanto la de Zorrilla como la de Espronceda, y tardará en abrirse paso un estilo menos grandilocuente y menos volcado en el pasado.
Hay que mencionar la reacción a esa poesía de los autores llamados «realistas», como Ramón de Campoamor, por el intento deliberado de hacer un estilo natural sin exaltaciones, y Gaspar Núñez de Arce, por su rechazo a los temas históricos. Los temas predilectos son la pérdida de la fe, la sencilla vida familiar o la actualidad.
5b) Sin embargo, la verdadera poesía de altura llega de la mano de dos grandes autores, Gustavo Adolfo Bécquer y Rosalía de Castro, que hoy se suelen encuadrar bajo el rótulo de premodernismo, aunque también son considerados postrománticos o románticos intimistas.
Bécquer, autor también de leyendas en prosa (El monte de las ánimas), es reconocido hoy por sus Rimas, colección de poemas que describen algo parecido a un episodio amoroso, desde su fase más ilusionante hasta el rechazo y la desesperación. Su alta intensidad emocional, sutileza y sinceridad lo han erigido como una de las cumbres de la poesía lírica amorosa.
Por su parte, Rosalía de Castro, autora de dos primeros libros en gallego (Cantares gallegos y Follas novas) y de uno en castellano (En las orillas del Sar), cultiva también con maestría la poesía intensa, doliente, de rimas suaves y formas originales, donde condensa sentimientos de nostalgia e identificación con la naturaleza.
Conclusión
6) En definitiva, la literatura española en la segunda mitad del siglo XIX es muy desigual. Junto a obras narrativas sobresalientes, cuya influencia recorre todo el siglo XX y continúa sintiéndose hoy en día, se encuentra un teatro de escaso valor literario en general y una poesía en la que tan solo destacan Bécquer y Rosalía entre la mediocridad general reinante, hasta la llegada, en la última década del siglo, de la ola modernista procedente de Hispanoamérica. Sin embargo, la novela logró hacer de la verosimilitud, del análisis psicológico de los personajes y de la observación fiel de la realidad una parte fundamental de la literatura contemporánea.
