El desarrollo del teatro español
durante el primer tercio de siglo ofrece una dicotomía: de una parte, de un teatro que goza del favor del público burgués, y empresarios atentos a sus gustos, de otro, repetidos intentos de renovación que se estrellan contra las barreras comerciales o el gusto establecido. Valle-Inclán y Lorca, síntesis y ejemplos de tales inquietudes, se alzan como las dos cumbres indiscutibles, del teatro de los tres últimos siglos.
